La ruta del Alto Tajo: de la meseta alcarreña a la sierra de Albarracín

La búsqueda de las fuentes del Tajo desvela algunos de los rincones y parajes más espectaculares y desconocidos del interior de la Península. En un viaje de cuatro días por carreteras secundarias a través del Parque Natural del Alto Tajo se puede dedicar tiempo a realizar rutas a pie en las zonas menos comunicadas por caminos. Un recorrido que permite ver especies de flora y fauna típicas del bosque mediterráneo, como álamos negros, olmos, tilos, pinos, encinas y quejigos, águilas reales, buitres, halcones, alimoches, corzos, ciervos, jabalíes e incluso algún lobo.

Rafael Pola
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Foto: R. Pola y M. Moreno

Autovía A-2, kilómetro 135. Son las 8 de la mañana. Estamos entrando en Alcolea del Pinar para tomar la CM-2113 camino de Luzaga. Pasamos por delante de la famosa Casa de Piedra excavada en la roca a comienzos del siglo XX por Lino Bueno. Bajo un cielo de nubes blancas, como tendidas al sol, arrancamos la ruta que nos llevará a través del Parque del Alto Tajo, hasta las fuentes del mítico río. Atravesamos extensos pinares que hacen bueno el apellido de Alcolea. Entre Hortezuela de Océn y Padilla del Ducado pasamos por el Barranco de Lobera. Rebaños de ovejas, sembrados de cereales y el sempiterno tendido telefónico colgado de los viejos postes de madera van marcando el camino. En el cruce de la CM-2113 con la CM- 2021 nos desviaremos unos kilómetros de nuestra ruta principal, en dirección a Saelices de la Sal, para luego seguir por la GU-929 hasta el pueblo de Ocentejo y desde allí visitar el Hundido de Armallones. Acabamos de entrar en el Parque del Alto Tajo. El Hundido de Armallones es uno de los enclaves naturales más impresionantes del Parque. Al llegar a Ocentejo, merece la pena hacer un alto en nuestro recorrido motorizado para realizar una agradable caminata a lo largo de la pista de 5 kilómetros que acompaña el solitario curso de la parte más agreste y menos conocida del río. El camino que conduce a la senda que corre paralela a la ribera del río sale de la parte baja del pueblo. Una vez en ella, a escasos tres kilómetros, entre frescos pinares e imponentes farallones de caliza sobrevolados por infinidad de buitres, encontramos el paraje que da nombre al sitio. Estamos en el Hundido de Armallones. La creencia general es que hace ya cerca de cinco siglos, y quizás como consecuencia de algún gran movimiento telúrico, se desplomaron sobre el seno fluvial partes importantes de las paredes del gran cañón por el que discurría el río, haciendo que enormes bloques de caliza taponaran y embalsaran temporalmente las aguas del Tajo. Hoy día pueden contemplarse todavía las enormes moles pétreas producto del cataclismo natural.

De regreso al itinerario original, retomamos la CM-2113 para, poco después, a través de la GU-951, llegar a Ribas de Saelices. En Ribas hay que visitar la cueva prehistórica de los Casares, declarada Monumento Nacional en 1934 y considerada uno de los ejemplos más sobresalientes del arte rupestre en la Península Ibérica. El yacimiento alberga un gran número de pinturas y, sobre todo, de grabados del Paleolítico Medio. Actualmente, entrar en la cueva no resulta tarea fácil porque desde que se jubiló el guarda, las llaves de la verja que la protege las tiene una asociación del pueblo de Molina de Aragón. No obstante, nos acercamos a la cueva, primero cruzando un puente sobre el riachuelo Salado para, después, seguir una pequeña pista de tierra que lleva a los pies de un escarpe rocoso formado en el valle que crea el río Linares. Las pinturas y grabados representan tanto animales (rinocerontes, ciervos...) como figuras humanas en muy diferentes actitudes. Junto a la cueva hay restos de un poblado celtíbero y algo más allá, el Bosque de Cebrián y el Valle de los Milagros, que atesora otra interesante caverna prehistórica, la caverna de La Hoz. Desde lo alto de la atalaya natural, en la que se abre la Cueva de Casares, se contempla un magnífico panorama de la zona en el que, sobre una suave loma, destaca el perfil de Riba de Saelices, con iglesia y castillo. Siglos después de que lo hiciesen los primitivos pobladores, ya en la Edad Media, el entorno de la cueva fue también ocupado por asentamientos árabes y cristianos que actualmente se encuentran en proceso de excavación.

R. Pola y M. Moreno

Reanudamos el recorrido dirigiéndonos a Ablanque por la GU-949 hasta salir a la CM-2120 y llegar a Olmeda de Cobeta. Siguiendo la GU-951 atravesamos la Dehesa de Cobeta, un curioso bosque mixto de sabinas y pinos. Avanzamos sin cruzarnos con nadie. Cobeta es un cuidado pueblecito con solo 50 habitantes, un torreón circular del siglo XIV y muchas y buenas casas de fin de semana. A pocos kilómetros, tomando la GU-984 se llega al monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, construido en el siglo XIII en el enclave conocido como el Puente de San Pedro. El monasterio de Buenafuente es un apartado lugar de retiro y clausura en el que todavía vive un reducido número de religiosas. En su día, este recinto fue escogido por el famoso guitarrista clásico Narciso Yepes para que, a su muerte, sus cenizas fueran esparcidas en su entorno.

Continuando el viaje por la CM-2113 llegamos a Villar de Cobeta, un pueblo semiabandonado que en el pasado vivió tiempos de gran prosperidad. A lo largo de toda la tarde hemos visto más corzos que coches. Desde Villar de Cobeta a Zaorejas se sigue una ruta de alto interés paisajístico que ofrece espectaculares vistas de los encajonados meandros y cañones del Tajo más salvaje. El lejano y hondo rumor del río y la visión de un Tajo caudaloso y profundo, contemplado desde las altas y rubias cumbres calizas iluminadas por la luz del atardecer, es toda una experiencia que parece transportarte a los grandes parques naturales de la Norteamérica más remota. Llegamos a Zaorejas por la CM-2015. En el pueblo hay un Centro de Interpretación del Alto Tajo que, desgraciadamente, encontramos cerrado. Siguiendo la CM-2101 llegamos a Poveda de la Sierra para, desde allí, encaminarnos a Peralejos de las Truchas; pero antes nos detendremos en la Laguna de Taravilla, un pequeño y bonito lago de montaña de origen cárstico alimentado por las aguas permanentes de un arroyo y bordeado de profusa vegetación. Sin necesidad de deshacer el camino hecho hasta la laguna y continuando por una pista de tierra durante 15 kilómetros se puede llegar, directamente, hasta Peralejos de las Truchas.

R. Pola y M. Moreno

La pista discurre encajonada entre elevadas paredes de caliza y encantadores bosquecillos de pinos. Remontamos el cauce de un arroyo de alta montaña de aguas purísimas. Al otro lado del río, un par de rebecos nos miran curiosos. Llegamos a Peralejos cuando ya está anocheciendo. En tiempos, Peralejos de las Truchas fue tierra o, mejor dicho, agua de truchas y gancheros; hoy es más un lugar de trufas, setas y turistas en busca de bellos parajes del Alto Tajo. En Peralejos se filmó en 1988 la película de Antonio del Real El río que nos lleva, sobre los gancheros del Tajo La película retrataba la vida de los antiguos gancheros; gente intrépida y esforzada que, a lomo de los troncos, descendía río abajo la madera desde las zonas de corte a los aserraderos. Peralejos de las Truchas y buena parte de su comarca viven de una cada vez más limitada pesca, del turismo de naturaleza y de la venta y comercialización de las setas, hongos y trufas que se dan con generosidad en sus montes. En Peralejos de las Truchas no hay mucho donde elegir en lo que a alojamientos y restaurantes se refiere; sobre todo si se va fuera de temporada y entre semana.

R. Pola y M. Moreno

El hostal del Tajo es, sin embargo, una magnifica excepción. Es un lugar modesto y acogedor en el que por menos de 50 euros se puede tener una habitación con derecho a desayuno. Pero este modesto establecimiento guarda, además, otra grata sorpresa. Cuando decides comer o cenar allí, imaginas que lo harás de una determinada manera. El rústico mobiliario, los sencillos arreglos de mesa y el entorno general te hacen pensar que, con suerte, podrás tomar algún honesto plato de la cocina local y punto; pero la realidad resulta muy distinta. Paco, el dueño del sitio, te cuenta las opciones que tienes o te hace algunas recomendaciones de maître de gran restaurante. En esta ocasión, probamos una exquisita morcilla hojaldrada, una riquísima trucha escabechada y unos formidables huevos trufados que le hacen disfrutar a uno de los genuinos sabores de granja y de los aromas y fragancias de los bosques más umbrosos. Cuando esperas poco y encuentras mucho, la satisfacción es doble. En el hostal del Tajo hay humildad en las formas y sabiduría en cocina y comedor.Poco después de salir de Peralejos tomamos la GU-960 en dirección a Chequilla, Checa y Orea. Chequilla es un diminuto pueblo dentro de un gran escenario natural. Chequilla está en medio de grandes bosques de pinos y rodeado de enormes roquedales de areniscas que, con el paso del tiempo y la erosión ambiental, han ido configurando gigantescos monolitos y grandiosas y llamativas formaciones pétreas. Una inesperada ciudad encantada escondida en los bosques de las estribaciones de la sierra de la Molina. En Chequilla merece la pena recorrer sus pequeñas callejuelas y visitar su coqueta iglesia; aunque lo que resulta verdaderamente llamativo es descubrir, en los alrededores del pueblo, las sorprendentes formaciones calizas que incluso dan forma a la pequeña plaza de toros de la localidad.

A la salida de la población se ven, no obstante, los ejemplos más notables de estos singulares monumentos naturales. A 12 kilómetros de Chequilla está Checa, el pueblo más grande de la zona. Desde Checa nos dirigimos a Orea, que está a 1.502 metros en la Serrezuela, el pueblo más alto de toda Castilla La Mancha. A partir de Orea y recorriendo menos de 25 kilómetros dejaremos la provincia de Guadalajara y haremos una breve incursión en la de Teruel para, finalmente, salir por la de Cuenca. De Guadalajara saldremos a través de la sierra de la Molina, para penetrar inmediatamente en los Montes Universales, ya en Teruel, y alcanzar las fuentes del Tajo. El nacimiento del Tajo se localiza exactamente en el lugar conocido como Fuente García, a 1.593 metros de altura, en plena sierra de Albarracín. El enclave natural se resalta, o mejor se estropea un tanto, con una serie de esculturas y monumentos, de dudoso gusto estético, que tratan de representar, alegóricamente, las tres provincias limítrofes: Guadalajara, Teruel y Cuenca.

ITINERARIO BÁSICO 
Por M. Moreno

Inicio: Alcolea del Pinar (Guadalajara).
Final: Fuentes del Tajo (Sierra de Albarracín-Teruel).
Otras poblaciones del recorrido: Saelices de la Sal, Ocentejo, Riba de Saelices, Cobeta, Zaorejas, Poveda de la Sierra, Peralejos de las Truchas, Chequilla y Griegos.
Qué visitar:
-Hundido de Armallones: desde Ocentejo, un camino de unos 5 kilómetros.
-Cueva de los Casares, en Ribas de Saelices.
-Monasterio de Buenafuente de Sistal.
-El curso encañonado del Tajo (una pista, no incluida en este recorrido, que parte de la CM-2015, corre paralela y pegada al río hasta enlazar con la CM-210, cerca de Poveda de la Sierra).
-Peralejos de las Truchas: la población más importante del recorrido.
-Chequilla: en especial sus formaciones rocosas y su plaza de toros.
Otros lugares de interés:
-Laguna de Taravilla.
-Orea: pueblo más alto de Castilla La Mancha (1.502 metros).
-Mirador Muela de San Juan, en Griegos (Teruel).
Dónde comer:
-Bar La Plaza, en Cobeta. Tel.: 949 83 50 37.
-Restaurante Hostal del Tajo, en Peralejos de las Truchas. Tel.: 949 83 70 34.
Dónde dormir :
-Hostal del Tajo, en Peralejos de las Truchas.
Más información: www.turismoenguadalajara.es

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