Rusia. A la momia de Lenin le crece el pelo

Nos quedamos un poco chafados por las dificultades para grabar en la Plaza Roja, pero a cambio descubrí uno de los atractivos turísticos que más me han impresionado: el mausoleo donde se expone la momia de Lenin. Una buena experiencia. Como la de conocer a "Finito de Moscú", ex torero y ex novio de Silvia Tortosa, que nos llevó a probar los artilugios que utilizaban los astronautas de la antigua Unión Soviética.

Jorge Salvador

Primer día
Espías en la Plaza Roja
La primera grabación del programa estaba prevista en la Plaza Roja. La gestión con el gobierno ruso no fue fácil, tuvimos que pagar más de mil euros por una hora de grabación. Pero nada más llegar vimos que la cosa se complicaba. Tal como sacamos las cámaras aparecieron tres hombres perfectamente vestidos con traje y corbata y nos prohibieron el rodaje. Tras enseñarles los permisos, nos dijeron que el presidente Putin estaba en el interior del Kremlin y hasta que no saliese no podíamos empezar a grabar. ¡Pero qué gilipollez era esa! ¿Qué tenía que ver que estuviera Putin dentro del Kremlin si nosotros estábamos en el centro de la plaza? Pero lo mejor estaba por venir. Después de hora y media deambulando por la plaza nos dimos cuenta de que dos hombres con aspecto siniestro nos seguían. No podíamos creerlo: dos individuos, uno de ellos disfrazado de turista, nos seguían a 50 metros de distancia. Era como estar en una película de la guerra fría, pero por la pinta de los espías era una de serie B de las malas; sólo faltaba que apareciera nuestro contacto en Moscú, "Michael Caine", para despistar a nuestros perseguidores. El problema es que cuando nos dimos cuenta, el cachondeo fue brutal. Los "espías" intentaban disimular como podían. Uno de ellos utilizó el viejo truco de hacer ver que leía un periódico, pero al verlo pasamos del cachondeíto a las carcajadas. Tal fue el lío que, abochornados, desaparecieron de "la escena del crimen". A todas estas, Putin no salió del Kremlin, perdimos toda una mañana esperando y mil euros. Mal empezó nuestro primer día en Moscú.
Segundo día
La Plaza Roja, cerrada
Volvemos al día siguiente y ¡horror! la Plaza Roja estaba totalmente cerrada. Vaya desastre. Resulta que algunos días al mes se abre para visitar el mausoleo de Lenin y no sé porqué razón esos días se cierra por completo el acceso a la plaza. Pues nada, aprovechamos nuestra mala suerte para hacer de turistas y visitar la momia de Lenin. Nada más llegar a la cola, la primera sorpresa: se nos acerca una señora con un fuerte acento ruso y nos dice: "¿Quierrrrren visitarrrrr el mausoleo sin hacerrr colas?". Pues claro. "Síganme". Y eso hicimos. Tras un pago inicial pasamos por delante de unas dos mil personas, siguiendo a una especie de "señorita Rottenmeyer". Por un momento pensé: "Pero qué estamos haciendo, esto es el clásico timo a turistas despistados". Pues no, la señora no sé exactamente cómo nos plantó delante de la puerta del mausoleo y nos invitó a entrar uno a uno por separado.
He de decir que mereció la pena. Incluso diría que es uno de los lugares turísticos del mundo que más me ha impresionado. Primero, bajas un tramo de escaleras y te encuentras de frente a unos doce soldados rusos firmes en la penumbra mirándote sólo a ti. Sin querer me salió un "¡joder!", tras de mí escuché un "schhhh" de silencio de los doce soldados a la vez. Sigues bajando y tras otro tramo de escalera, doce soldados más en formación y sólo pendientes de ti; mientras, la estancia se va oscureciendo hasta llegar a una sala grande totalmente a oscuras con un foco central que alumbra únicamente a la momia de Lenin. Lo de la momia es lo de menos. La escenografía del lugar es algo que, sin duda, merece la pena ver. Entonces un ofi cial te invita a mirar de frente sólo unos segundos y a salir rápidamente. La discusión posterior fue si la momia era real o era simplemente una fi gura de cera. He de confesar que no lo tengo demasiado claro. Al salir, la "señorita Rottenmeyer" rompió el riguroso silencio diciendo que la momia de Lenin recibe un tratamiento secreto cada dos días, un proceso único que cuesta al pueblo ruso millones de rublos anuales. También dijo que la momificación resulta tan perfecta, que le crecen las uñas y el pelo todas las semanas. Imagínense, años cortando uñas del líder de la Revolución... Si fuera de este modo, estaría el mercado negro repleto de uñas y pelos del mismísimo Lenin.
Tercer día
Con Finito de Moscú
Nos encontramos con uno de los mejores personajes de la serie: Finito de Moscú. Créanme, como dicen en las "TV movies", "esta es un historia real". Él es un capitán del Ejército del Aire soviético que, buscando acción, pidió el traslado a una compañía de fuerzas especiales en Chechenia. Allí vive el horror de la guerra y decide dejarlo todo para venirse a España acompañando a unos niños de Chernobil, y en España descubre el apasionante mundo del toreo y decide hacerse matador. Pronto se le bautiza como "Finito de Moscú". Llegó a torear en la plaza monumental de Barcelona y hasta se tiró en paracaídas vestido de torero; fue pareja de Silvia Tortosa y tras eso se hizo campeón de bailes de salón. Todo esto sólo en una persona y sin reencarnaciones.
Finito nos invitó a visitar un cuartel del Ejército del Aire donde todavía entrenan a los astronautas. Incluso todavía conservan la réplica de entrenamientos de la estación soviética MIR. No os perdáis el artilugio por el que los astronautas hacen sus necesidades, una especie de regadera espacial unida a unos tubos por donde los cosmonautas soviéticos introducían sus partes para evacuar.
Algo sorprendente fue la visita a un gran edifi cio que alberga "la centrifugadora", un gigantesco armatoste que gira a gran velocidad sobre sí mismo para comprobar la resistencia de los astronautas. Mirar la fotografía e imaginaros por un momento estar metidos ahí dentro girando a toda velocidad, ¡brutal!
Tras esto, Finito, siempre vestido con su uniforme de capitán del Ejército del Aire, nos llevó a una especie de cementerio de aviones militares rusos donde todavía están los restos de aviones de la Segunda Guerra Mundial, Afganistán o el avión supersónico Tupolev, copia perfecta del Concorde europeo. Tengo que decir que cada visita requería un par de minutos de conversación de Finito con el funcionario de turno y un pago extraofi cial bajo mano.
Cuarto día
Moscú para turistas
La época comunista se ha convertido en sólo un recuerdo para visitantes. Todo lo relacionado con la URSS se vende: fi guras de Lenin, de Stalin, escudos del partido, hoces y martillos, y hasta material del ejército. Yo volví con un casco de astronauta auténtico de la era espacial de la Unión Soviética. El casco venía con los cables de comunicación a la nave y hasta con los documentos ofi ciales con las fechas de utilización y revisiones.
Otra de las curiosidades es la cantidad de personas disfrazadas de personajes históricos que se sitúan en lugares emblemáticos a la espera de gilipollas, como yo, a los que nos hace ilusión fotografiarse al lado del zar Nicolás II, Lenin o Stalin. Porque ya me dirán qué gracia tiene hacerse una foto junto a uno de los mayores asesinos de la historia: Stalin. Esa es una de las muestras más claras del cambio en la antigua Unión Soviética. No me quiero ni imaginar qué hubiera pasado hace años si alguien disfrazado de Lenin se hubiera paseado por las inmediaciones de la Plaza Roja. Mejor dicho, sí me lo imagino, en Siberia.
Quinto día
Los niños gimnastas
Vamos a conocer a una niña gimnasta. La niña tiene 9 años, es mitad española y rusa y entrena cada día unas cuatro horas. Su objetivo son las Olimpiadas de Londres. Me impresiona ver cómo todos los que entrenan son niñas y niños, el mayor no pasaba de los 10 años y como detalle os diré que estaba enfadadísimo porque no le salía el ejercicio de caballo con arcos. El pobre chaval tenía las zapatillas tan gastadas que se le salían los dedos gordos por dos agujeros. La imagen de este niño llorando me llegó al alma. Tantas horas entrenando para que un día que llega un equipo de televisión a su gimnasio va y no le sale el ejercicio. A partir de ahora prometo ver las retransmisiones de gimnasia deportiva con otros ojos.