Rumbo a los Valles de Hecho y Ansó

Entre suaves líneas, bosques, praderías y marcadas hoces, existen valles misteriosos y fértiles. Es la majestuosa angostura de Hecho y Ansó, los valles oscenses que unen el Pirineo Central y el Occidental. De la mano de los ríos Aragón Subordán y Veral, cada rincón del Pirineo aragonés atrapa y cautiva. Es un recorrido por la magia en estado puro.

Irene González
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Foto: Lalocracio / GETTY

En estos asombrosos valles de la desconocida Huesca, todo es naturaleza en estado puro, pueblos con encanto y de arraigadas tradiciones. Esta tierra encantadora ha conservado cuantiosos elementos de su cultura ancestral, desde las costumbres, tradiciones y la buena cocina altoaragonesa hasta la lengua propia. Ellos, los valles más occidentales de Aragón, son perfectos para el deporte y el disfrute de la naturaleza. Las características especiales de estos desfiladeros que corren paralelos hacen las delicias de los aficionados al montañismo, la escalada, el esquí de fondo y la travesía. El valle de Hecho, generoso en paisajes vírgenes, corre semejante al de Ansó, antesala de la Selva de Oza, un impresionante e inesperado bosque y portentosas formaciones rocosas.

Entre robles hayas, arces, avellanos y tilos

Las frías aguas del Aragón Subordán se vierten a la salida del valle de Hecho sobre el caudaloso cauce del Aragón, que recoge ambicioso todos los arroyos de esta tierra del Pirineo Occidental. Aquí se descubre Puente la Reina de Jaca, que creció a expensas del gran puente de piedra que salva el río. Más adelante, Embrún, con un soberbio puente medieval y las enigmáticas ruinas del convento de los Mercedarios. Aquí todo es frondosa vegetación donde robles, hayas, arces, avellanos y tilos cuajan la tierra. Tras esta pequeña villa, el camino serpentea hasta llegar a Hecho, el centro neurálgico de este valle. Sus empedradas callejuelas y recoletas plazas, siempre engalanadas con flores, componen un bello contraste. En Hecho, las chimeneas cilíndricas rematan los viejos tejados cubiertos de piezas de barro. Posee enormes portalones en forma de arco, balconadas y ventanas enrejadas que muestran la gran personalidad de la arquitectura aragonesa. A pocos kilómetros se alza Siresa, con su magnífico monasterio de San Pedro, fundado sobre el año 830 por el conde Galindo Aznárez I. Se lo confió al abad Zacarías y a 150 monjes, que lo convirtieron en un importantísimo foco cultural.

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La Boca del Infierno

Más adelante aparecen los desfiladeros de la Boca del Infierno, una de las zonas más sensacionales de estos valles. Emociona por sus tremendos paredones rocosos, y sus vertiginosas caídas hacia las bravas aguas del río. Extensos matorrales de boj y tojo se sujetan a las laderas de los cantiles, pero, más allá, el estrecho cañón se suaviza, y se abre una amplia pradera. En ella aparece la Selva de Oza, uno de los bosques mejor conservados del Pirineo. El maravilloso y espeso bosque es un paraje incomparable cuajado de hayas, robles, abetos y pinos. De él parten senderos hacia los abiertos de Guarrinza, el valle colgado de Aguas Tuertas, los ibones de Acherito y Estanés, el castillo de Acher o la peña Forca. Sin duda, valiosas joyas del Pirineo occidental.

El generoso valle de Ansó

Estas praderas alpinas que coronan las montañas estuvieron habitadas en la prehistoria, como demuestran sus dólmenes. Desde el idílico Hecho, hay que internarse en el generoso valle de Ansó, donde el pueblo que le da nombre es un auténtico museo de arquitectura rural. Aquí resulta imprescindible deleitarse en la iglesia de San Pedro, del siglo XIII, y su increíble órgano del mismo siglo. Muy interesante el Museo del Traje, con una destacable colección de traje típicos ansolanos, donde alguno puede pesar más de 30 kilos. El último domingo de agosto, se celebra la Exaltación del Traje Típico Ansotano, una singular fiesta declarada de Interés Turístico Nacional.

Monasterio De San Pedro De Siresa. | clavivs / ISTOCK

No muy lejos se encuentra Biniés, enclavado sobre un alto del canal de Berdún y con una interesante iglesia del XVIII, e importantes restos del castillo del XV, que se incendió en los años 40. A la salida del valle, y sobre una loma, se alza Berdún. Forma un precioso conjunto histórico artístico en el Camino de Santiago. Posee edificios nobles y palacetes con escudos familiares, que hablan de su significativo pasado señorial. Son valles con magia, pletóricos de tradición, cultura y, además, con una belleza que sobrecoge.