Rovaniemi: una visita al verdadero Papá Noel

Un viaje a Laponia finlandesa para conocer al más entrañable personaje de la Navidad

Noelia Ferreiro
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Sabemos que es omnipresente porque, en lo que dura una noche, es capaz de repartir felicidad a todos los niños del mundo. Ocurre en la madrugada del 24 de diciembre, cuando este personaje barbudo y barrigón emprende una gira trepidante para acercar  a cada una de las casas los merecidos regalos navideños. Y aunque la tradición manda que la familia duerma para que él efectúe su trabajo, hay quien lo ha visto alguna vez, callado y sigiloso, irrumpir por la chimenea. 

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Quienes no tengan esta suerte, pero quieran conocerlo alguna vez, pueden hacerle una visita. Porque el auténtico Papá Noel tiene durante todo el año las puertas de su casa abiertas a mayores y pequeños. Pasada la Nochebuena, este entrañable personaje regresa a su vida cotidiana. A esos días en los que disfruta del calor del hogar, del crepitar del fuego, de la vista bucólica de la nieve tras la ventana.

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El norte del norte

Todo esto se puede vivir en su compañía cuando uno se acerca a la remota aldea de Rovaniemi, en el norte del norte, por encima incluso del Círculo Polar. Una población adormilada, perdida en un pliegue de Laponia en lo que constituye su porción finlandesa (también forma parte de Noruega, Suecia y Rusia), allí donde las temperaturas gélidas regalan a cambio uno de los paisajes más maravillosos del mundo.

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Aquí donde vive Santa Claus el invierno se presenta blanco, tal y como lo retratan los cuentos. Porque Rovaniemi es la quintaesencia del frío, la más pura expresión de la belleza bajo cero, el alma de la naturaleza ártica. Una impresionante geografía de lagos helados y bosques teñidos de blanco hasta donde alcanza la vista.

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Cartas en mano

En Rovaniemi hay un parque temático (Santa Claus Village) en el que nuestro protagonista permanece pacientemente para recibir las cartas con los pedidos de los niños. Así no sólo se tendrá la garantía absoluta de que la recibe sino además el privilegio de conocerlo en persona e incluso hablar con él tranquilamente. 

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Papá Noel aguarda en su viejo sillón e invita al visitante a sentarse para compartir una pequeña charla. En ella, más allá de las preguntas y los gestos de cariño, la lección será siempre la misma: recordarles la necesidad de ser buenos y portarse bien todos los días del año. Es el momento en que los padres retratan a sus pequeños para la posteridad. Después se puede visitar la Oficina Postal de Santa Claus para apreciar el funcionamiento de este correo universal. Hay millones de cartas de millones de niños de millones de rincones. 

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Renos y motos de nieve

Y para no quedarse cortos con la visita, también hay que pasar un rato con los seres que hacen posible que Papá Noel se desplace por el mundo acompañado de sus duendes. Nos referimos a los renos que tiran de los trineos desafiando los rigores del frío. A ellos se les puede visitar en una granja cercana, así como a los huskies, con los que se ofrecen paseos por la nieve algo más rápidos y emocionantes. 

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La visita a Santa Claus es uno de los grandes reclamos de los viajes a Laponia, especialmente idóneos para ir en familia. Touroperadores como Catai, lo incluyen en sus programas para vivir unas vacaciones inolvidables en estos remotos parajes. Más allá de la visita a este entrañable personaje, los más activos hallarán un sinfín de actividades: pesca en el hielo, safaris en motos de nieve, contemplación de las auroras boreales… Aquí la Navidad se presenta en su estado más puro y para los niños, auténticos protagonistas de estas fiestas, es una experiencia inolvidable.

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