
Las Montañas Rocosas de Canadá son un paraíso que se descubre mejor por carretera / Unsplash / Bruno Soares
El road trip más fascinante de América discurre entre bosques encantados, ciudades históricas y montañas rocosas
Durante dos semanas, esta ruta fly & drive atraviesa el oeste de Canadá entre Calgary, Banff, Jasper, Vancouver Island y Vancouver: una sucesión de lagos turquesa, parques nacionales, cascadas, pueblos costeros y ciudades con alma cosmopolita.
Hay destinos que se entienden mejor por carretera. No porque el destino final no importe, sino porque el trayecto en sí es todo un espectáculo. Una curva tras la que se oculta una montaña, un lago turquesa al fondo, un bosque interminable. Cuando viajas por el oeste de Canadá, esa sensación se repite durante días.
Canadá se entiende en toda su inmensidad si se organiza un road trip a medida. Dos semanas recorriendo algunos de los paisajes más impactantes de América: de Calgary a Vancouver pasando por Banff, Jasper, Clearwater, Kamloops, Tofino y Victoria. Esta ruta combina naturaleza salvaje, ciudades históricas, pueblos tranquilos y una de las carreteras más fascinantes del continente.

Calgary, la puerta de entrada de las Montañas Rocosas / Unsplash / Igor Kyryliuk
Qué ver en Calgary, la puerta de entrada a las Rocosas
El viaje comienza en Calgary, una ciudad de rascacielos y pasado industrial que conserva un marcado espíritu vaquero. Con vuelo directo desde España y buena conexión con las Montañas Rocosas, funciona como punto de partida perfecto para adentrarse en el oeste canadiense.
Antes de salir hacia la naturaleza, merece la pena pasear por Stephen Avenue, una calle peatonal salpicada de bares, tiendas y museos; subir a la Calgary Tower para contemplar las Rocosas al fondo; o acercarse a Prince’s Island Park, un humedal urbano junto al río. También tenemos allí un hito patrio: el Puente de la Paz fue diseñado por Santiago Calatrava.

Los Parques Nacionales de Canadá son todo un espectáculo natural / Unsplash / Ampersand Studios
Banff, lagos turquesa y hoteles de cuento
Cogemos el coche y nos desplazamos unos 180 kilómetros al oeste. Allí aparece Banff, una de las grandes joyas naturales de Canadá. El pueblo se encuentra dentro del Parque Nacional de Banff, fundado en 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1985. El núcleo urbano está rodeado por más de 6.500 kilómetros cuadrados de naturaleza, con las cimas del monte Rundle y el monte Cascade como telón de fondo.

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Hoteles de estilo château, lagos de postal, senderos, alces, osos pardos y aguas termales convierten Banff en una parada imprescindible. Cuando te hayas dado un festín de senderismo y observación de la fauna, puedes pasar a dar un paseo en bote o visitar sus famosas termas.

En Jasper podrás disfrutar de la fauna salvaje canadiense / Unsplash / Neil Cooper
Jasper, naturaleza apabullante
La ruta continúa hacia Jasper, en pleno corazón de las Montañas Rocosas. Su parque nacional también fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, y protege una de las mayores extensiones de terreno virgen del país.
Aquí el paisaje es menos transitado y aún más inmenso: glaciares, lagos turquesa, bosques, ríos y montañas que parecen no tener fin. Hay más de mil kilómetros de senderos y aquí es posible practicar kayak, rafting o visitar las aguas termales de Miette Hot Springs, que brotan a 39 grados. El hecho de estar menos masificado que otros parques lo convierten enun lugar excelente para la observación de la fauna. Hablamos especialmente de osos negros, pero también uapitíes, muflones, caribúes y alces.
También hay sitio para los amantes de las alturas: el teleférico Jasper SkyTram asciende hasta la montaña Whistlers, mientras que el Glacier Skywalk permite caminar sobre una pasarela de cristal suspendida a 280 metros de altura.

Las cascadas canadienses revelan la naturaleza en todo su esplendor / Unsplash / Zachary Kyra Derkensen
Clearwater, la Canadá menos transitada
Desde Jasper, emprendemos un viaje de 320 kilómetros hasta Clearwater, ya en la Columbia Británica.
Esta pequeña localidad permite explorar el Parque Provincial Wells Gray, un territorio poco frecuentado donde aumentan las posibilidades de ver fauna. Pero, aunque te vayas con la cámara vacía de criaturas, podrás deleitarte con sus cascadas: las caídas son furiosas.

El tren de vapor es uno de los principales atractivos de Kamloops / Unsplash / Andy Holmes
Kamloops, la vida silvestre canadiense
Más adelante, Kamloops ofrece una pausa tranquila en la confluencia de los ríos Thompson y Kamloops.
Rodeada de naturaleza, senderos y vida silvestre, la ciudad combina ambiente relajado con propuestas como el Kamloops Heritage Railway, con trenes de vapor restaurados; el zoológico de British Columbia, que alberga a más de 200 especies; o el cercano Sun Peaks Resort, con más de cien pistas de esquí en temporada.

Las playas de Tofino son una meca para los amantes del surf / Unsplash / Laura Lefurgey
Tofino, el Pacífico más salvaje
El viaje cambia de registro al llegar a Vancouver Island. En la costa oeste de la isla se encuentra Tofino, un pueblo costero asociado al surf, la pesca, la acampada y las playas espectaculares abiertas al Pacífico.
Se llega en ferry y coche, y el trayecto ya forma parte de la experiencia. Una vez allí, Chesterman Beach y Cox Bay Beach son dos de sus grandes escenarios. En esta última, cuando baja la marea, aparecen cuevas en el extremo norte. Es un lugar para caminar, pero sobre todo para hacer surf con traje de neopreno y sentir la cara más salvaje del litoral canadiense.

Victoria es un pedacito de Inglaterra en Canadá / Unsplash / Reid Naaykens
Victoria, la herencia inglesa de Canadá
Al sur de Vancouver Island, Victoria introduce la dimensión histórica. La influencia británica se percibe en la arquitectura victoriana del centro, los jardines cuidados y las bahías donde siempre parece ser verano.
Un día puede ser suficiente para recorrer la ciudad. Algunos de sus imprescindibles son tomar el té en el Fairmont Empress, visitar el Parlamento de la Columbia Británica —un edificio neobarroco de finales del siglo XIX— o acercarse a los jardines Butchart, creados en 1904 sobre una antigua cantera de piedra calcárea. Desde Victoria también se pueden hacer excursiones en barco para avistar ballenas y orcas.

Vancouver se recorta con toda su alma cosmopolita sobre el cielo canadiense / Unsplash / Mike Benna
Vancouver, final cosmopolita entre bosque y océano
La ruta termina en Vancouver, una de las ciudades más dinámicas y cosmopolitas de Canadá. Moderna, urbana y abierta al Pacífico, su paisaje combina rascacielos, bosques de coníferas que terminan abruptamente en la costa y un telón de fondo hecho a base de montañas.
Entre sus visitas imprescindibles están el barrio de Gastown, con bares, restaurantes y la primera taberna de la ciudad; el Steam Clock, uno de los pocos relojes del mundo que sigue funcionando con mecanismos de vapor; Chinatown, marcado por la Millennium Gate; y Stanley Park, un enorme pulmón verde de 400 hectáreas con más de 200 kilómetros de senderos.

El viaje por carretera más impresionante de tu vida te espera en Canadá / Unsplash / Kyle Thacker
Cómo planificar un viaje a medida para descubrir Canadá
Para hacer un road trip completo por Canadá, recomendamos reservar dos semanas de viaje y alojarse en hoteles de 4 estrellas. La mejor época para ir es el verano, cuando las temperaturas son tolerables y la conducción más segura.
Además, en este tipo de viajes con tantas variables se hace especialmente recomendable la reserva a través de una agencia de viajes que ejerza como soporte continuo. Con tantas paradas, nuestra recomendación es optar por una que facilite una confección a medida del viaje.

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Para este tipo de itinerarios, la revista VIAJAR se ha unido a PANGEA para crear viajes inspirados en los que aparecen en la revista, utilizando los conocimientos de los expertos de la revista y el savoire faire de la Travel Store para crear una experiencia personalizada. Puedes pedir información sin compromiso y empezar a planificar tu road trip por Canadá.