De Río a Sâo Paulo: viva el carnaval

La fiesta de las fiestas brasileñas tiene en sus principales ciudades las versiones más sonadas de su alegría contagiosa. Recorremos tres espectáculos de ritmo, belleza, color y mucha samba en el país tropical

Noelia Ferreiro
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Río de Janeiro: arde la rúa

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Grandiosidad, belleza, ritmo y sensualidad a raudales. El de la cidade maravilhosa es el carnaval más universalmente famoso, cotizado como uno de los grandes espectáculos del mundo.

Además, es el que acoge la mayor multiplicidad de formas carnavalescas: desde los tradicionales desfiles de los grupos de calle -muy comunes en los barrios de Ipanema, Botafogo y Laranjeiras- hasta la que puede considerarse la exhibición más rítmica, fastuosa y colorista llevada a cabo por unos cuerpos al sol: la de las Escuelas de Samba (algunas tan renombradas como Mangueira, Portela o Beija-Flor), cuyo desfile tiene lugar en el Sambódromo, icono absoluto de esta fiesta.

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Una fiesta que debe mucho a la herencia negra y mestiza y que inició su andadura a mediados del siglo XIX con el empuje crucial que supuso la abolición de la esclavitud: sería en los primeros tiempos de la Independencia cuando, en paralelo a los bailes de máscaras de inspiración parisina que triunfaban entre la burguesía carioca, las calles de Río empezaron a bullir con el movimiento popular de las congadas y los cucumbis que los cordôes o grupos de personas repetían tocando y bailando.

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Hoy, mucho tiempo después, el espectáculo sambero de Río de Janeiro sigue desplegando toda su magia cada febrero. La decoración de la ciudad, la magia de las carrozas y la fantasía de los trajes, todo ello unido a la fuerza de la música, la belleza del movimiento y el ambiente cálido y tropical, son la mejor garantía de disfrute.

Sâo Paulo: fiesta y cultura

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Igual de animado, pero con otros matices es el carnaval que inunda la que -dicen- es la ciudad más trabajadora de Brasil. Eterna rival de su hermana sambera, Sao Paûlo reivindica también la diversión con varios frentes imbatibles: su sabrosa gastronomía, su desarrollada industria del ocio, su inabarcable oferta cultural y su excitante vida nocturna, siempre con el telón de fondo de la moda. 

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En Sao Paûlo, las escuelas de samba (entre otras: Nenê de Vila Matilde, Vai-Vai, Mocidade Alegre y Arco-Iris, la primera escuela de samba gay), eligen un tema en torno al cual hacen girar la belleza de su espectáculo.

Al igual que en Río, el programa consta de dos días de desfiles competitivos y un día de desfile de las escolas campeonas, siempre en el que se considera el sambódromo paulista de Anhembi, en la zona norte de la ciudad. Un recinto que fue proyectado por el afamado arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, y que tiene capacidad para 300.000 personas con un escenario de 900 metros cuadrados.

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Pero más allá de los desfiles, lo más llamativo es la potenciación de la vida nocturna de esta ciudad, que se llena de bailes de Carnaval en los principales clubes y de fiestas temáticas en las múltiples discotecas.

Salvador de Bahía: raíces africanas

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Hay quien lo considera el más genuino de Brasil gracias a la íntegra participación popular y a ese sentimiento tan bahiano que, a fuerza de oponerse a la mercantilización de su fiesta, ha logrado mantener su carácter primigenio.

El carnaval de Salvador tiene su mayor atracción en los tríos eléctricos, que son camiones con grandes altavoces y con una plataforma adaptada donde tocan famosos grupos musicales -Daniela Mercury y Carlinhos Brown no faltan nunca a la cita- a los que secundan, sin dejar de cantar y bailar, más de 500.000 personas amontonadas dentro de un cordón. 

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Todos juntos conforman los blocos carnavalescos, una joven tradición que se remonta a 1950, cuando los músicos Dodô y Osmar decidieron recorrer la ciudad a bordo de su viejo Ford, dejando escapar sus notas por enormes amplificadores. Su espectáculo arrastró a una multitud y, desde entonces, esta costumbre se sucede en cada edición.

Acompañando al trío eléctrico, dentro del cordón o fuera, en la pipoca -que es gratis-, el púbico asiste a la mayor exaltación de las raíces africanas de Brasil. Candomblé, tambores y el sonido de los afoxés, ese instrumento pequeño y redondo relleno de bolitas de plástico, marcan esta alocada celebración, en la que se canta, se baila... y se seduce al más puro estilo brasileño, durante horas y horas de fiesta.

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El carnaval de Salvador tiene tres circuitos: el de la ciudad, el de la orilla marítima y, desde 1996, el del bello Pelourinho, el centro histórico, que es sede de famosos grupos como Olodum o los Filhos de Gandhi.