Rihonor y Río de Onor, el insólito caso de los «pueblos siameses»

La curiosa historia de la «aldea rota» entre España y Portugal

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: Rui T Guedes / ISTOCK

Hay ocasiones en las que las fronteras no separan, sino que unen, a pesar de que algunos acontecimientos de la historia se esfuercen en cambiar el sentir de los moradores de un lugar. Los efectos de la Raya entre España y Portugal a lo largo de la línea divisoria entre ambos países nos ha legado el singular caso de Rihonor y Río de Onor, dos localidades con una extraña particularidad que ha hecho de ellos un ejemplo único en la península ibérica. Atravesamos la Sierra de la Culebra para adentrarnos en los dominios sanabreses y descubrir de cerca la «aldea rota» y su entorno.

ribeiroantonio / ISTOCK

A un paso de Puebla de Sanabria pero desconocidos…

El noroeste de la provincia de Zamora nos depara paisajes de gran belleza y una riqueza natural que se ha salvado en cierto modo de los daños ocasionados por el desarrollo. Su relativo aislamiento, bajo la atenta mirada de la Sierra de la Culebra, nos ofrece un cuidado relato en el que el valor etnográfico de los pueblos se entremezcla con el omnipresente culto por el lobo ibérico. En efecto, nos encontramos en los dominios del lobo, en una de las mejores zonas de la península ibérica para su observación, donde la labor de conservación de esta especie emblemática de nuestras latitudes puso el foco en estas tierras hace ya tiempo.

La localidad de Robledo, donde se encuentra el Centro del Lobo Ibérico - un magnífico edificio integrado en el entorno que es cita ineludible en toda visita a la comarca -, es la antesala de Puebla de Sanabria, la población más destacada de los alrededores y cabecera de los municipios colindantes. Puebla de Sanabria, que este año cumple los 800 años de la concesión de su Carta Puebla – el documento que reconoce su fundación poblacional -, es uno de los pueblos más bonitos de España, y como tal está reconocido por la asociación nacional que otorga esta mención. Un punto de partida perfecto para recorrer los escasos 16 kilómetros que lo separan de Rihonor, justo en el punto en el que el río del Fontano se convierte en el río de Onor antes de comenzar su periplo por tierras portuguesas.

DoloresGiraldez / ISTOCK

La estrecha carretera que serpentea entre elevaciones montañosas de escaso porte, en cuyos flancos nos acompañan como fieles acompañantes de viaje pinos repoblados, nos conduce a las puertas de una aldea que, a pesar de su nombre oficial – Rihonor de Castilla -, poco o nada tiene que ver con los acervos culturales de la meseta, sino más bien con la influencia leonesa, que ha conferido a la población incluso un dialecto propio. Las escasas viviendas – muchas de ellas construidas a base de la piedra local y con un estilo común a la comarca -, se levantan a un lado de la iglesia de Santa Marina.

Al final del conjunto de casas, en la misma margen del río, los campos de cultivo se suceden hasta toparse con el regato de Rugassores, que hace de frontera natural con Portugal. Mientras, un poético puente que nos hace retroceder varios siglos en el tiempo, nos transporta al otro lado del río para darnos la bienvenida al lado luso de la población, cuya leve alteración del nombre hasta resultar Río de Onor, nos hace sospechar que, en realidad, estamos hablando de una misma entidad a caballo entre dos países.

ribeiroantonio / ISTOCK

Una misma realidad, dos países

Rihonor y Río de Onor forman una peculiar realidad en la que una misma población se ha visto artificialmente dividida en dos mitades diferenciadas por una frontera. Sin embargo, en el sentimiento de los habitantes de ambos núcleos no existen las rupturas. Es por ello que en la jerga local solo hay cabida para el «pueblo de arriba» y el «pueblo de abajo», obviando las nomenclaturas oficiales. Y es que, a pesar de contar con horas diferentes y dos iglesias – el pueblo portugués también cuenta con su propia parroquia -, la vida cotidiana transcurre en una misma franja temporal y una unión vecinal que transciende lo puramente anecdótico y alcanza un carácter formal – los habitantes de uno y otro margen  suelen contar con propiedades en el otro lado -. El español, el portugués y el dialecto local se solapan ayudando al buen entendimiento entre ambos lados del río. Bien es cierto que las familias no distinguen las fronteras y los parentescos se suceden en el lugar desde hace generaciones.

Rio de Onor, la freguesía que recae de la orilla portuguesa, sorprende por la cuidada arquitectura de sus viviendas, sus calles perfectamente adoquinadas y el gran encanto de las casas que se levantan a orillas del curso fluvial, unidos a la tranquilidad que se respira en el ambiente debido al escaso número de habitantes que lo pueblan, al igual que ocurre en Rihonor. Es así como los inseparables pueblos han formado una única unidad que, dada su peculiar característica transfronteriza, no ha dejado de contar con situaciones surrealistas a lo largo de su historia.

DoloresGiraldez / ISTOCK

En 1974, tras la famosa Revolución de los Claveles en Portugal, las autoridades lusas decidieron colocar una cadena que separaba ambas mitades en su acceso rodado. Una barrera que perduró hasta mediados de los años 80, llevando al absurdo la normal convivencia de la población. Más cercano es el ejemplo de la última sacudida de la sinrazón, en la reciente crisis sanitaria a causa de la pandemia mundial del COVID-19, en la que los cierres fronterizos entre España y Portugal han vuelto a separar ambos lados con la muestra fehaciente de la colocación de vigas de hormigón y vallas metálicas impidiendo el tránsito rodado, volviendo a «romper» en dos la población y obligando a sus habitantes a realizar rodeos de varias decenas de kilómetros para llegar a sus fincas.