Ribadeo, paisajes suntuosos que fueron trágicos

Jesús Torbado

Se advierte en muchos rasgos que Ribadeo, o sea, lo que está en la orilla del Eo, ha sufrido algunos quebrantos e infidelidades. No sólo desaparecieron muchas potentes industrias como la ballenera y se dejaron de organizar otras tan lucrativas como el cultivo de la ostra, que tanto destaca enfrente, en el pueblo asturiano de Castropol, sino que una cierta aristocracia industriosa y mercantil parece haber detenido su marcha o simplemente escapado de allí. Se perdió bastante, sí, desde las factorías fenicias, mas el insoslayable empaque de la pequeña ciudad brilla aún ante la vista del viajero. La situación geográfica es envidiable. El núcleo urbano se asienta en un promontorio que domina la preciosa ría del Eo, arropada por un entorno paisajístico suntuoso. Y trágico. Pues esos campos fueron también turbulento escenario de las guerras irmandiñas, de nobles y obispos. Ahora pueden verse huellas muy llamativas, desde la fábrica de Sargadelos a legendarios monasterios como Lorenzana y San Martín. Desde el moderno puente de los Santos, que marca la frontera con Asturias, puede abarcarse un panorama sobresaliente.