El día que los Reyes Católicos alucinaron con Aranjuez

Isabel I y Fernando II fueron los descubridores de la bellísima localidad madrileña

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Fue en el año 1387 cuando Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de Santiago, decidió construirse una casita de recreo que, además, pudiera servir como hospital para los caballeros heridos durante la Reconquista. Un tiempo después, en 1489, los Reyes Católicos, convertidos ya en maestres de todas las órdenes militares, hicieron de la casita un palacio, que pasaría a ser residencia estival de los monarcas españoles.

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Es, por tanto, a Isabel I de Castilla y a Fernando II de Aragón a quienes corresponde el honor de haber descubierto esta localidad madrileña, situada a 42 kilómetros de la capital. Bañada por las aguas de los ríos Tajo y Jarama, Aranjuez es Real Sitio y también es Villa. Aunque ostenta otro título: en 2001 fue declarada por la Unesco Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. Una distinción que no solo hace referencia a su palacio y a sus jardines. También a sus huertas y a sus históricos sotos de calles arboladas.

Para ir hasta la llamada Casita del Labrador, un palacete del siglo XVIII de estilo neoclásico, los monarcas hacían el trayecto en las originales embarcaciones que se pueden contemplar en el Museo de Falúas Reales. Fernando VI, el mejor alcalde de Aranjuez, fue nombrado rey en el Salón del Trono del palacio, el mismo lugar donde abdicaría después Carlos IV tras el Motín de Aranjuez, que los vecinos de la localidad recrean durante las fiestas de septiembre. Es esta una de las salas principales de tan solemne edificio, como lo es también el Salón de Porcelana, con piezas de inspiración oriental, en la línea del estanque de los chinescos del Jardín del Príncipe, de 150 hectáreas, que sigue la moda inglesa y francesa de finales del XVIII, con numerosas fuentes, árboles, cenadores... y pavos reales.

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No es este el único jardín de Aranjuez. Hay más: el del Parterre, con sus tres fuentes –la de Hércules y Anteo, la de Ceres y la de las Nereidas–; el del Rey, con bustos de emperadores romanos; el de Isabel II, con la estatua en bronce de la Reina Niña, y el de la Isla, con su cascada de las castañuelas. La fama de estos jardines es universal. Y eso también se debe al Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, considerada la composición española más escuchada del mundo.

Espárragos y fresas

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En el siglo XVI, Felipe II encontró en Aranjuez el lugar perfecto para descansar y comer las hortalizas de las llamadas Huertas Históricas diseñadas, por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Estas tierras fueron las primeras en probar la viabilidad de productos del Nuevo Mundo. Eso sí, el famoso espárrago local fue traído de Holanda en el siglo XVIII por el jardinero Boutelou, y las célebres fresas por los Borbones desde Francia.