Restaurantes coquetos y refinados en el epicentro gastronómico de Francia

Aunque pocos lo saben, las zonas de la Provenza y la Riviera, especialmente la denominada como Alpes Marítimos, se llevan más estrellas de la prestigiosa Guía Michelin por cabeza que la consagradísima capital francesa. Lo que no es de extrañar, sin embargo, es que a muchos de los mejores chefs les haya tentado poderosamente la idea de establecerse en este privilegiado rincón, al que, por otro lado, no le faltan visitantes de alta alcurnia. Desde hace algunos años se viene concibiendo por aquí una cocina que, aunque mantiene el acento meridional aprovechando lo mejor de los cultivos y productos provenzales, juega con innovadores recursos y mezcla riquezas olvidadas de la viejas recetas nicenses e italianas, pues no hay que olvidar la fuerte influencia del país vecino. Además, a menudo, estas renovadas exquisiteces se degustan en restaurantes cuyas piedras aún guardan el eco de la rica historia de sus encantadores pueblos medievales, y en ocasiones las paredes conservan todo un anecdotario de las épocas más doradas, cuando alegres grupos de artistas se reunían en torno a suculentos manjares aromatizados con las olorosas hierbas de los alrededores. Algunos de estos establecimientos, animados por el creciente número de visitantes, ofrecen ahora cursos de gastronomía prêt à porter adaptados a los placeres vacacionales que se desarrollan a lo largo de una jornada que comienza, como marcan los cánones del buen hacer, con un concienzudo repaso a los puestos del mercado y termina con la esperada degustación de los platos cocinados bajo la batuta del chef de turno. Sin duda, una opción sugerente y novedosa para disfrutar de la renombrada gastronomía de la comarca. Y, desde luego, a la hora de sacar la cartera también habrá que tener en cuenta que nos hallamos al mismo nivel que París, aunque, eso sí, con un decorado mucho más agreste y a menudo con idílicas vistas.

Pequeñas delicias de cuento de hadas
Otra de las usanzas culinarias que hay que considerar en esta zona viene motivada tanto por el fuerte carácter aromático de su geografía como por la arraigada tradición perfumista en la que se ha visto envuelta. Los extensos cultivos de flores y el arte alquímico de los maestros perfumistas instalados en Grasse desde el siglo XVIII parecen haber impregnado la región con sus fascinantes efluvios, contagiando su exquisito refinamiento a otros oficios. Aquí las confiterías parecen esas casitas encantadas que sólo se ven en las ilustraciones de los cuentos más fantásticos. Frutas confitadas con sutiles escarchas, mandarinas glaseadas que brillan como bolas de Navidad, pétalos de rosas y violetas delicadamente cristalizados y una confitura de rosas capaz de transmutar cualquier alimento con el que se combine en un bocado de hadas constituyen algunas de las finezas que pueden degustarse por estos lares. La Confitería Florian (www.confiserieflorian.com), situada en Pont-du-Loup, a seis kilómetros de Grasse -también posee una tienda en Niza-, además de dedicarse a este tipo de exquisiteces cuenta con un delicioso jardín aromático y un pequeño museo llamado La Flor Azucarada.