República Checa, el paraíso secreto de los bosques de Bohemia

El Paraíso Checo y la Suiza de Bohemia son dos destinos románticos que asombran por su peculiar naturaleza en el corazón de Europa

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

Hasta no hace mucho tiempo, el Paraíso Checo (Ceský ráj), también conocido como El paraíso de Bohemia, era un destino para turistas nacionales que buscaban actividades familiares al aire libre. La zona, descubierta por artistas y escritores románticos del siglo XIX, atraía por sus extrañas formaciones rocosas, que habían servido en algunos casos para construir castillos medievales, y por su variopinta naturaleza plasmada en cuevas, ríos, lagos y bosques que conformaban un lugar perfecto para realizar excursiones. En la actualidad esta propuesta ha acabado captando a miles de turistas alemanes, pues la región se encuentra a solos unos kilómetros de la Sajonia germana y para ellos constituye una escapada muy asequible en la que, además de admirar una rica geología y de apasionar a miles de escaladores, se puede degustar una excelente cerveza y comprar el famoso cristal de Bohemia.

La Suiza Bohemia se encuentra en el lado checo de las montañas de arenisca del Elba | Eduardo Grund

Aunque ya se hablaba del paraíso checo hace unos 150 años, lo cierto es que no fue hasta 1955 cuando esta zona checa se catalogó como área protegida por las autoridades del país. Hablamos de una superficie de unos 185 kilómetros cuadrados, alrededor de un tercio de la superficie que ocupa Praga, e incluye once ciudades de arenisca únicas en el mundo, que constituyen un laberinto rocoso repleto de pilares y crestas que hay que recorrer para disfrutar de este asombroso paisaje. Junto a estas formaciones existen otras reliquias que confirman la intensa actividad volcánica de la región, apreciable en las colinas de basalto de Trosky o en el popular Órgano (Varhany), a las afueras de Prácheň, un espacio pétreo rico en ágatas, amatistas, cristales y jaspes.

Toda esta riqueza geológica del norte bohemio llevó a la Unesco en 2005 a declararlo geoparque protegido. Sorprendente y mágico en lugares como Hruboskalsko, cerca de Jičín, donde los visitantes pueden moverse a través de unas estrechas grietas o escalar por su interior hacia miradores asombrosos que muestran formaciones rocosas de hasta 60 metros de altura, con nombres tan variopintos como Director de Orquesta, La mano del Diablo, Esfinge o Diente de Dragón. Igualmente se puede contemplar una puesta de Sol o subir a Drábske Svetnicky a través de unas escaleras que parecen trasladarte a los nidos de las aves.

Puesta de Sol desde Drabske svetnicky | Eduardo Grund

Y toda esa oferta pétrea se despliega en un entorno vegetal repleto de pinos, abetos, arces y robles, donde se puede admirar cómo el hombre también ha trabajado en las rocas creando arte. Es el caso de la granja de Vojtech Kopic, un vecino que se pasó media vida, desde los años 40 del pasado siglo, esculpiendo figuras en relieve sobre las mismas piedras, mostrando héroes y sucesos de la historia checa. Kopic, fallecido en 1978, utilizaba simples herramientas como un martillo o un cincel y llegó a completar 40 escenas entre las que se puede ver al emperador Carlos IV o a grupos de animales exóticos y domésticos de la zona.

Todas están en el bosque y son de acceso libre. También a pie desde este punto no queda lejos el castillo de Valdstejn, el segundo abierto al público en el país tras el de Praga, con una hermosa iglesia dedicada a San Juan Nepomuceno, o el castillo de Hruba Skala, a diez minutos en coche de Turnov, que se ha convertido en un encantador hotel aprovechando las estancias de esta fortaleza del siglo XIV.

De los cuatro Parques Nacionales de la República Checa, el de la Suiza de Bohemia ha sido el último en construirse | Eduardo Grund

La ciudad de Liberec

Por otro lado, la región también propone otros destinos alejados del geoturismo. Si se busca una urbe cultural y con rica historia, esta debe ser Liberec. Esta ciudad de cien mil habitantes alcanzó su mayor auge en el siglo XVIII al convertirse en el punto manufacturero más relevante del Reino Checo, siendo la segunda ciudad más importante después de Praga. Debido a su población mayoritariamente alemana, tras la firma del Acuerdo de Múnich en 1938 Liberec se convirtió en metrópoli de los Sudetes y más tarde, en 1968, vio cómo los tanques soviéticos ocupaban sus calles mientras sus habitantes lanzaban tomates como proyectiles para defenderse.

Cualquier visita en Liberec arranca desde la plaza de su bello Ayuntamiento, que imita al vienés, donde Tom Holland ha rodado en 2018 una nueva secuela cinematográfica de la saga Spiderman. Pero la ciudad propone otros puntos turísticos interesantes, como la Galería Regional Lázně, con obras impresionistas y cubistas checas, o el Museo de Bohemia del Norte, que exhibe una imponente colección de cristales y joyas. Claro que la mayoría de los visitantes de Liberec prefieren acercarse a su icono levantado en las afueras. Se trata del Hotel Jested, en la montaña del mismo nombre, a 1.012 metros de altitud y que parece una nave espacial por su forma hiperboloide.

Puerta de Pravcice, el arco monumental de roca natural más grande de toda Europa | Eduardo Grund

Obra del arquitecto checo Karel Hubáček en 1973, cuenta con una antena de televisión de 94 metros de altura y con 19 habitaciones desde las que se puede disfrutar de una preciosa vista de las montañas Jizerské Hory, además de un restaurante romántico que sirve cocina checa e internacional.

Solo unos 70 kilómetros (una hora en coche) separan a Liberec de Hřensko para toparnos con otro paisaje mágico y misterioso de bosques de pinos y valles exuberantes en los que se imponen rocosas torres, puertas, muros, barrancos, ciudades de rocas y laberintos pétreos. Atravesamos el corazón del Parque Nacional de la Suiza de Bohemia, popularmente llamado Suiza de Bohemia, en el entorno del río Elba, que transcurre por estos parajes antes de penetrar en Alemania. Se trata del cuarto Parque Nacional de la República Checa. Fue creado en el año 2000 y forma parte del extenso conjunto de las Areniscas del río Elba que enlazan con el Parque Nacional Sächsische Schweiz, ya en suelo germano.

Drabske svetnicky, las ruinas de un castillo de piedra del siglo XIII | Eduardo Grund

Paseo en barco 

Una de las atracciones más populares del Parque es el paseo en barco por los desfiladeros del río Kamenice, afluente del Elba, que se incrusta por un estrecho cañón rocoso con paredes que superan los 150 metros de altura. Fue esta una antigua vía comercial entre muros de rocas de arenisca cubiertos por más de 300 variedades de musgos y líquenes y ahora atrae a miles de excursionistas que se sorprenden con las aguas transparentes del río y la variedad cromática del entorno. Solo se pueden recorrer dos tramos en un barco que dirige un balsero con pértiga; primero, por el desfiladero Divoká Soutěska, donde muestra los habitantes vivos y fosilizados de las rocas circundantes, y después por el desfiladero Edmundova Soutěska, donde el barquero asombra al pasaje cuando abre por sorpresa una cascada de agua.

Desfiladero del río Kamenice | Eduardo Grund

En realizad, toda la zona es un paraíso para los senderistas, pues desde la misma entrada de Hřensko parten varios recorridos turísticos señalizados que atraviesan las cañadas cercanas y pasan por un laberinto de originales formaciones, túneles y puentes. Entre los recorridos turísticos más famosos destaca el Sendero de Gabriela, un recorrido de 8 kilómetros trazado en 1892 que conduce a la Puerta de Pravčice (Pravcická Brána), el arco monumental de piedra natural más grande de Europa. Sus 21 metros de altura y 27 de envergadura lo convirtieron en serio candidato a una de las siete maravillas naturales del mundo. Los checos no lograron ese objetivo, pero su visita siempre cautiva, mucho más cuando se sube a sus miradores superiores, que regalan una prodigiosa panorámica del Parque Nacional de la Suiza Checa, no aconsejable para los que sufran de vértigo.

Tiske steny, la Ciudad de Piedra entre los bosques cercanos a Decin | Eduardo Grund

Desde Hřensko a Děčín no hay más de media hora en coche. Quince kilómetros para alcanzar esta ciudad, dominada por el majestuoso castillo de la familia Thun-Hohestein, que se ubica sobre un acantilado en la confluencia de los ríos Elba y Ploutnice, con una población de 50.000 habitantes. Todos ellos se sienten orgullosos de esta fortaleza con 150 estancias y de su jardín de rosas situado en una terraza, anexo del castillo que se estableció en el siglo XIX. Es, sin duda, la mejor colección de rosas de todo el país.

Al otro lado del castillo, conectado por un vistoso puente de inspiración londinense, se halla otro acantilado de 150 metros llamado Pastýřská Stěna (Muro de Pastores), donde hay un hermoso restaurante con torre de vigía, aunque la gran atracción de esta gran pared es su vía ferrata, la única urbana en suelo checo que atrae a miles de escaladores por sus 16 recorridos de diferentes grados de dificultad (ver recuadro).

Děčín tiene fama en la República Checa por su festival de música nacional, que se celebra anualmente a mediados de mayo, y por su fiesta del vino y de la miel en el mes de septiembre. En la propuesta geológica sobresale la ciudad de roca de Tisá (Tisá Walls), a la que se accede desde Děčín por la carretera a Sněžník. 

Senderos turísticos

El macizo de arenisca de las murallas de Tisá se levanta al borde de las paredes de arenisca del Elba y alcanza una altitud de 613 metros sobre el nivel del mar. Está considerada una de las áreas turísticas más antiguas de la región y su nombre proviene de la aldea más próxima, Tisá, famosa por sus tejos y porque históricamente se dedicó a la producción de botones y artículos de mercería. Tras la decadencia de esta industria, los lugareños descubrieron que su futuro tenía que estar relacionado con la erosión de sus rocas, los cañones y las paredes verticales donde anidaban cernícalos, cuervos y otras aves.

Vía ferrata de Decin, la única urbana en la República Checa | Eduardo Grund

Hoy las rocas de Tisá son su principal fuente de ingresos gracias a los dos senderos turísticos circulares que se pueden recorrer entre grandes y pequeños pilares y torres pétreas, lo que se consideraba en el siglo XIX un salvaje laberinto al que nadie se atrevía a acceder pues se aseguraba que enanos y otras extrañas criaturas habitaban las cuevas de este enigmático lugar. Solo a partir de 1918 se permitió la visita de esta ciudad de rocas, siempre en compañía de un guía, y en la actualidad hasta 75 formaciones rocosas cuentan con su nombre propio: Pie de Elefante, Torre Gótica, Cueva de los Monstruos, Oso Danzarín, Bota de Napoleón, Puerta del Bosque... Nombres que quizás inspiraron a la industria de Hollywood para que se rodaran en el año 2005 en esta localización algunas escenas de la película fantástica Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario.