Regreso al pasado en Sierra de Gata, el rincón extremeño atrapado en el tiempo

El Valle del Jerte, La Vera, Las Hurdes… han acaparado la mayor parte de las miradas. Junto a ellas, la Sierra de Gata, aislada y desconocida, aguarda en silencio que la descubras.

José Miguel Barrantes Martín
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Rayando con Portugal y en el límite noroeste de la provincia de Cáceres, una comarca predominantemente montañosa, aunque de gran variedad paisajística, espera agazapada, sin hacer mucho ruido, a que el viajero se tope con ella. 

La comarca de la Sierra de Gata es, sin lugar a dudas, uno de esos lugares en los que se ha dado una perfecta comunión entre la Naturaleza y el ser humano, dando como resultado un territorio rural de pureza y aislamiento incomparables que se refleja en parajes vírgenes y unas gentes y pueblos de gran autenticidad.

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Su relieve accidentado, sus numerosos valles y recursos hidrológicos y sus especiales condiciones climatológicas, han propiciado el desarrollo de un espacio de gran riqueza natural, tanto vegetal como faunística, donde la diversidad de especies de aves han hecho de la zona un relevante punto de encuentro para los amantes de la ornitología.

Buitres negros y leonados, diferentes especies de aves rapaces como el águila real o la culebrera, y la rara cigüeña negra, son algunos de los atractivos para realizar una ruta hasta alguno de los numerosos puntos desde donde poder observarlos, destacando entre todos ellos el Embalse de Borbollón y el entorno de los municipios de Descargamaría y Robledillo de Gata.

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Precisamente el pueblo de Robledillo de Gata es uno de los rincones rurales de mayor encanto de toda la comarca, donde se puede acariciar una atmósfera cargada de esencias rústicas, al mismo tiempo que se tiene la sensación de haberse retrotraído varias décadas en el tiempo. 

Sus vetustas casas y su antiquísimo trazado, la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, con su artesonado mudéjar, o su almazara de origen medieval Molino del Medio, convertida en Museo del Aceite, son atractivos de sobra para visitarlo.

Molino del Medio

No hay que olvidar que la Sierra de Gata es tierra arraigada en la cultura del olivo, siendo una seña de identidad del paisaje agrario de la zona, con una denominación de origen compartida con la vecina comarca de Las Hurdes.

Además de Robledillo de Gata, existen otros poblamientos excepcionales a lo largo de la sierra en los que sumergirnos en el tiempo y disfrutar de la calidez humana y el espíritu de los serragatinos y las serragatinas y, con un poco de suerte, escuchar alguna de las hablas locales, con tintes portugueses y terminaciones al estilo asturiano.

Molino del Medio

Un buen ejemplo donde recrearnos con estos genuinos lenguajes locales lo encontramos en San Martín de Trevejo, donde son numerosos los letreros y la cartelería que lo ponen en práctica. Un precioso pueblo donde las construcciones presentan arcaicos entramados de madera de gran belleza que lo convierten en una villa de gran interés para el visitante.

No muy lejos de allí, otros dos municipios paradigma del gusto por los aires de antaño y buen reflejo de la arquitectura tradicional de la Sierra de Gata: Trevejo y Hoyos, son citas ineludibles.

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Acabamos el recorrido por el patrimonio rural en el municipio homónimo a la comarca, el pueblo de Gata, otra red de calles con sabor a antiguo en la que además podremos emplearnos a fondo subiendo hasta la cercana Torre de la Almenara, una esforzada caminata que nos conduce hasta la escarpada zona donde se ubica esta reliquia casi milenaria, donde relajarse admirando unas merecidas vistas panorámicas de toda la comarca.

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Acaba aquí nuestro particular periplo por la Sierra de Gata, una tierra cargada de tesoros. No nos referimos únicamente a sus ya abandonadas minas de oro, sino también a la gran riqueza natural y patrimonial y su cuidada protección. 

Ya auguraba uno de los pueblos de la zona, Villanueva de la Sierra, ese vínculo respetuoso entre la Naturaleza y los habitantes de la Sierra de Gata, cuando cada 26 de febrero, desde 1805, se festejaba y festeja el Día del Árbol, primer evento de este tipo celebrado en el mundo, en el que el máximo exponente es el valor de la conservación.