Refugiarse en los valles de Andorra

Viajar en verano a Andorra es una buena manera de huir de las temperaturas extremas, al refugio de sus montañas y valles con bosques frondosos y ríos y lagos de agua fresca. Todo lo que rodea a las transitadas avenidas comerciales es naturaleza en estado puro o con todas las infraestructuras al alcance de los más aventureros, según el lugar.

M. Teresa Blanco

El turista de verano encontrará en los valles andorranos la tranquilidad y el carácter del paisaje pirenaico y a la vez, en las zonas más urbanas, los atractivos de un pequeño país con más de 11 millones de turistas al año.
Hay museos, locales de ocio y un sinfín de tiendas y grandes comercios para cualquier tipo de consumidor, desde el más sibarita y exigente hasta el interesado en las últimas rebajas o en los típicos productos con un diferencial de precios considerable, como la electrónica, los tabacos, las bebidas y determinados alimentos.
En cualquier caso, apartarse del centro urbano permite al visitante descubrir una gran variedad de paisajes en constante transformación según las estaciones del año. Agotar el verano en Andorra posiblemente permitirá experimentar la sensación de los colores del otoño que, tras una etapa cálida, ya se empiezan a vislumbrar, todo un espectáculo visual que conocen bien sus habitantes.
Las numerosas oficinas de turismo dispersas por el país y especializadas en la oferta de cada parroquia (municipio) facilitan todo tipo de información al visitante, tanto al que prefiere ir por libre como al que solicite visitas guiadas. Internet presenta claramente la rica oferta estival del Principado a través de las páginas oficiales. Los hoteles también son una buena fuente de información a la hora de decidirse a explorar la naturaleza andorrana.
A quienes les guste hacer excursiones y pasear encontrarán una gran oferta de senderismo, libre o guiado, que permite acceder a parajes sorprendentes por su belleza, coronados en algunos casos por lagos. Los de Tristaina, Pessons o Estanyó son algunos ejemplos. Si se deciden por esta forma de contactar con la naturaleza, seguramente les será de utilidad saber que Andorra cuenta con una considerable oferta de refugios de montaña mínimamente acondicionados para poder refugiarse en la noche y proseguir a la mañana siguiente la excursión. Incluso se edita cada año un mapa de refugios para conocer exactamente su situación. La información es igualmente muy precisa a la hora de valorar las distancias y dificultad de los caminos.

Descenso en bicicleta

Para los más aventureros, las estaciones de esquí agrupadas en Vallnord y GrandValira proponen una larga lista de actividades para todas las edades y gustos. Pero sin duda son los circuitos en BTT los que están cogiendo más impulso y lo que las autoridades del turismo en el Principado ya definen como el esquí de verano.

Se asciende en transporte por cable, ya sea en telecabina o en telesilla, con la bicicleta, y luego se desciende por circuitos perfectamente señalizados, como las pistas de esquí, y con diferente nivel de dificultad, al igual que ocurre con el deporte de invierno.

La familias con niños encontrarán en ambas estaciones, así como en la de esquí nórdico, la Rabassa, una interesante oferta de atracciones infantiles y para toda la familia. Aficiones más concretas, como el tiro al plato, con arco, el golf, la escalada, la pesca o el barranquismo tienen cabida en Andorra.

Los más motorizados pueden alquilar quads y, en el caso de los amantes de la naturaleza más salvaje, caballos. Buenas maneras, todas ellas, de conocer a fondo los rincones y las prestaciones del Principado.

Y, cómo no, Caldea, un centro termolúdico de referencia para los europeos con una interesante oferta de tratamientos para la belleza y el bienestar al amparo de sus ricas aguas termales. Conviene informarse con antelación sobre los periodos de apertura de los campos de actividades de verano ya que la mayoría suelen cerrar total o parcialmente sus instalaciones en la segunda semana de septiembre.

En cualquier caso, siempre quedará la posibilidad de adentrarse por libre en los espacios naturales recomendados, como los valles de Sorteny e Incles, todos de gran belleza y con una flora y fauna muy bien conservadas. Los centros de interpretación, como el de Ordino y la Cortinada, nos ayudarán a conocerlos antes de introducirnos en ellos. Por último, pero no por eso con menor importancia, queda acercarse a la Andorra monumental.

Su patrimonio románico es sobradamente conocido y conviene informarse sobre los horarios de visita para acceder a sus iglesias y a sus museos, que incluso facilitan visitas nocturnas e incluso teatralizadas durante el verano. Casas típicas y representativas de determinados estilos de vida de la época nos abren sus puertas para mostrarnos todas sus interioridades, al menor detalle, así como museos públicos y privados como el del automóvil o el de la miniatura o los vestigios al aire libre que encontraremos en el valle del Madriu sobre formas de vida ancestrales.

Seguir la ruta del hierro es de especial interés por lo bien que se explica y reproduce en la Farga Rossell la forma antigua de producir hierro de un país que sustentó su economía en esta actividad en un pasado no muy lejano. Y no olvidar que siempre nos quedará la posibilidad de sobrevolar Andorra en helicóptero a través de las propuestas que las empresas especializadas nos ofrecen todo el año.

Para más información: www.andorra.ad

Oficinas de Turismo: Andorra: Sindicat d''Iniciativa. ?00 376 820 124. Barcelona: ?93 508 84 48/9. Madrid: ?91 431 74 53.