Un recorrido por la Costa Azul francesa

Playas, oferta cultural, naturaleza y gastronomía son algunas de los muchos atractivos que ofrece la Costa Azul.

Ignacio Romo
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También conocida como la Riviera Francesa, esta zona del litoral mediterráneo francés es uno de los epicentros mundiales del turismo. Lujo, tradición, cultura, ocio, playa y montaña se dan cita en la Costa Azul para hacer de ella un lugar especial para el visitante.

Para conocerla a fondo será necesario transitar por numerosos pueblos y ciudades, todos ellos con un toque característico y distintivo. Recorriéndola de oeste a este, el viajero descubrirá ciudades como Aix-en-Provence, Marsella, Cannes o Niza.

Arles

La ruta comienza en Arlés, una pequeña ciudad de la Provenza que se ubica a orillas del Ródano. La localidad fue fundada muchos siglos atrás, durante los años en los que el Imperio Romano dominaba Europa. Para certificar su vasto pasado imperial solo es necesario recorrer a pie la ciudad y visitar el anfiteatro romano que, construido en torno al año 90 a.C., es el mejor conservado de Francia junto al de Nimes. Arlés también posee un interesante teatro romano, peor conservado que el anfiteatro, eso sí, pero de igual interés.

La ciudad, además de su notable influencia latina, es famosa porque a finales del siglo XIX acogió entre sus calles y cafés a Vincent Van Gogh. El reconocido pintor neerlandés vivió en Arlés durante más de un año, entre 1888 y 1889. En la ciudad de la Provenza pintó algunos de sus cuadros más conocidos, como La casa amarilla, Los descargadores en Arlés o Terraza de café por la noche. Para conocer más a fondo la figura de Van Gogh y la huella que dejó en él y en su pintura la ciudad, el viajero podrá realizar un divertido circuito por 10 lugares de Arlés donde el artista plantó su caballete.

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Aix-en-Provence

Continuamos el camino y llegamos hasta Aix-en-Provence, la ciudad que fue la antigua capital de la región histórica de la Provenza. Aix-En-Provence, con sus antiguas fachadas de colores, sus fuentes, jardines y calles de aspecto vetusto, guarda muchas similitudes con Arlés: es de origen romano y también se la conoce por su estrecha relación con un famoso artista del siglo XIX, Paul Cézanne. Sin embargo, en este caso Cézanne no viajó a Aix buscando nuevas influencias como hizo Van Gogh con Arlés, sino que el pintor francés nació, pasó parte de su vida y murió en esta ciudad provenzal.

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Marsella

Más cerca de la costa encontramos Marsella, una ciudad mucho más grande y poblada que las anteriores, pues es la segunda con más habitantes de Francia tras París. Durante muchos años Marsella fue una de las ciudades más atrasadas a nivel económico del país, pero desde los años 90, gracias al proyecto Euromediterráneo, que ayudó a la transformación de los muelles, la ciudad fue creciendo y avanzando hacia la modernidad.

Algunos lugares interesantes que ver son el puerto viejo, la Basílica de Notre Dame de la Garde (en lo alto de una montaña que ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad) y el Parque Nacional de Calanques, una ruta natural espectacular que combina acantilados, vegetación y calas de aguas cristalinas.

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Saint-Tropez

Saint-Tropez es un pueblo pequeño que, a simple vista, parece bastante tradicional. Sin embargo esta localidad es famosa a nivel mundial por ser uno de los centros europeos del lujo, los gigantescos yates y los deportivos fastuosos. Situada al este de Marsella, a dos horas en coche de ésta, la ciudad debe gran parte de su éxito a Brigitte Bardot y a la película Y Dios creó a la mujer, grabada en Saint-Tropez, estrenada en 1957 y que convirtió a Bardot en un símbolo sexual para toda una generación.

En Saint-Tropez conviven al mismo tiempo dos estilos de vida muy distintos entre sí. Por un lado, la fama, la riqueza y la ostentación se concentran en la zona del puerto, donde predominan los grandes barcos, los ferraris y las tiendas de lujo. Por otro, la localidad también posee una zona tranquila, silenciosa, donde reina un estilo de vida más asequible y cercano a la realidad. Son los barrios donde hacen vida los habitantes del lugar.

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Grasse

Siguiendo hacia el este, pero alejándonos notablemente de la costa y de las aglomeraciones turísticas, llegamos hasta Grasse, una ciudad a los pies de los Alpes-Marítimos que es conocida por ser el epicentro mundial de la producción de perfumes y fragancias.

La historia de Grasse y los perfumes comenzó en el siglo XVII, cuando la ciudad se inició en la producción de este tipo de productos gracias a los campos de lavanda y mimosa que rodean su territorio. La ubicación de Grasse juega un papel fundamental en su posterior éxito en la producción de fragancias. La cercanía a los Alpes origina en la zona un microclima templado que favorece al cultivo de rosas, jazmines, lavandas y otras flores.

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Cannes

Ahora Cannes, como Saint-Tropez, es sinónimo de lujo y riqueza, pero no fue así desde siempre. A principios del siglo XIX la localidad era, simplemente, un pequeño pueblo de pescadores perdido en una zona remota y prácticamente inaccesible.

El crecimiento de Cannes comenzó en el siglo XIX, cuando un lord inglés que viajaba a Niza en busca de cuidados médicos paró en la ciudad y quedó enamorado de ella al instante. Lord Brougham, así se llamaba el hombre, decidió construir allí una mansión y posteriormente se dedicó a convencer a sus amigos ingleses para que hicieran lo mismo. De esta forma Cannes comenzó a convertirse en una destino deseado por los nobles y las personas adineradas.

Además del famoso Festival Internacional de Cine, que este año ha celebrado su 71 edición, Cannes posee un mercado donde abundan los colores y olores y un bonito Puerto Viejo que es reminiscencia de su pasado pescador y humilde.

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Niza

En la frontera con Italia, al lado de Mónaco, se encuentra Niza, la ciudad más grande e importante de la zona.  Su cercanía con el país del Renacimiento hace de la ciudad una hibridación entre Francia e Italia. Un ejemplo de ello es la Fontain du Soleil, un lugar que por su aspecto clásico perfectamente podría hallarse en Roma o Florencia.

Niza, que es como un Cannes pero a escala mayor, posee muchos lugares interesantes que visitar, ademas de una variada oferta cultural y un paseo marítimo, conocido como Paseo de los Ingleses, plagado de hoteles de lujo con espectaculares fachadas, casinos y el edificio de la Ópera de Niza. La playa de Niza es de piedra, pero disfrutar de un chapuzón en sus aguas limpias y de un azul característico, con la ciudad observando al fondo, constituye una experiencia irrepetible.

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