Un recorrido por Benín, ese mágico (y desconocido) país

País de cuentos y leyendas, Benín forma parte de esas tierras poco conocidas y subestimadas. Un gran error

Jean-Paul LABOURDETTE/Petit Futé
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Foto: peeterv / ISTOCK

Recorrer la tierra del antiguo reino de Dahomey, que gobernó hace tiempo sobre toda la región, equivale a retroceder en el transcurso de la historia. Sin embargo, Ouidah, el puerto de embarque de esclavos, es hoy un nombre que, a diferencia de la isla de Gorea, en Senegal, no nos evoca nada o casi nada.

Esa es la gran paradoja de Benín. Viajar a Benín es ir en busca de hallazgos. Es descubrir los hermosos paisajes de lagunas de la costa, deslizarse sobre las aguas mezcladas del río y el mar, rodeadas de una vegetación exuberante, y pasear por los pueblos de los alrededores, que protegen innumerables ídolos. Es aquí, en el sur, donde podemos acercarnos al vudú, este misterioso culto tan poderoso que ha sido capaz de atravesar el Atlántico. Así lo expone la guía dedicada a Benín de la prestigiosa serie Petit Futé (Alhenamedia), de la que hoy te traemos un extracto.

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En Abomey, antigua ciudad real, hay que visitar los palacios descalzos para capturar el aura del rey que se fue y no molestar a los antepasados. Benín es también ese país de relieve montañoso en el norte, donde el agua se precipita sobre rocas planas y donde se pueden observar antílopes, elefantes y, se dice, leones. La visita a los parques nacionales es, por tanto, una aventura que no sabemos lo que nos deparará, salvo el espectáculo de los paisajes más secos que anuncian la proximidad del Sahel.

En esta región donde las mujeres fulani asombran a todo el mundo con su estética colorista y refinada, donde los pastores, vestidos de azul eléctrico, llevan una bolsa blanca de Chanel, donde los bariba organizan todavía suntuosos desfiles ecuestres...

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Al dirigirnos hacia Burkina Faso, en la región de Atakora, que ha permanecido aislada durante largo tiempo, se tiene la impresión de descubrir pueblos todavía vírgenes en los que el turismo es algo casi desconocido. Ahí, como en otros lugares, será recibido de manera simple y calurosa. Y, por supuesto, en Cotonú, el ritmo de la vida es todo menos pacífico. Sin embargo, siempre es posible encontrar una zona tranquila al doblar una esquina o en la terraza de un bar, para poder charlar tranquilamente o participar en un animado debate. Así es la vida en Benín, un pequeño paraíso para quien sepa dedicarle el tiempo suficiente para interesarse por sus múltiples facetas.

Razones para visitar Benín

La diversidad

El mar, la laguna, los ríos. El agua domina en el sur con su relieve plano, mientras que las rocas del Atakora forman una cadena de pequeñas montañas en el norte, región de clima seco. La diversidad de paisajes viene acompañada por una diversidad étnica y cultural. El regreso de los “brasileños”, esclavos liberados, ha puesto de manifiesto la capacidad de adaptación del país y el fenómeno del mestizaje está presente en todos lados.

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La cuna del vudú

El vudú es la religión tradicional de las comunidades aja-fon y yoruba. Católicos o musulmanes, todos los benineses siguen siendo adeptos del vudú. Nacido en África Occidental, fue exportado por los esclavos a América del Sur y del Centro (Caribe, Brasil, Haití).Y especialmente en Benín, podrá conocer más de cerca este misterioso culto, sobre todo en los pueblos que bordean el lago Ahémé.

La aventura

El país se descubre de forma pausada y hasta la visita más insignificante puede convertirse en una verdadera aventura. Dado que no es el tipo de lugar en el que los itinerarios están señalizados, conviene estar alerta para aventurarse por caminos desconocidos y estar siempre dispuesto a reunirse con la gente.

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La historia

La huella del reino de Dahomey, uno de los más importantes del África Occidental, sigue estando visible en los palacios de Abomey, y aunque Benín es hoy una república, sus habitantes siguen reverenciando a sus antiguos reyes.

La trata de esclavos es otra página de la historia del país, ciertamente menos brillante, ya que los reyes de Abomey colaboraron, especial y activamente, a escribirla, pero también ocupa un lugar esencial en el asentamiento de los europeos en las costas del país. Es imprescindible visitar Ouidah para entender este período tan sombrío.

El “pueblo”

Benín sigue siendo aún un país muy rural, donde el estilo de vida campesino se perpetúa en cada aldea. Incluso los urbanitas de Cotonú siguen manteniendo un vínculo especial con el pueblo, ese lugar emblemático del que proviene la familia, que quizás se visita en contadas ocasiones, pero al que seguramente se volverá para estar cerca de los ancestros cuando llegue la hora.

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La estabilidad política del país

Benín es uno de los primeros países africanos en abrazar la democracia, capaz de reunir en torno a la mesa a todos los actores de la vida política, sin excepciones, y es también el primer país del África Occidental donde la alternancia política se ha llevado a cabo con calma, por la vía de las urnas. El proceso democrático se confirmó en 2006 con la elección de Yayi Boni. Reelegido en 2011, pese a ciertos temores, finalmente no modificó la Constitución para prolongar su estancia en un tercer mandato. Con la elección de Patrice Talon, el enemigo político de Yayi Boni, en las elecciones presidenciales de marzo de 2016, Benín consiguió dar paso a la alternancia sin grandes sobresaltos y una vez más dio una lección de democracia al continente.