Ha recorrido 5.000 kilómetros y nos desvela los secretos de la legendaria Ruta 61: "Se construyó para escapar, sobrevivir y crear el sonido del siglo XX"
En su libro “RUTA 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi” (Anaya), la reconocida periodista y escritora hace un recorrido por la música y la historia de Estados Unidos, desde Nueva Orleans hasta el nacimiento del gran río en Minnesota, combinando crónica personal, historia y guía de viaje para descubrir la carretera que cambió para siempre la cultura del país.

Elena Ortega recorrió 5.000 kilómetros siguiendo la Ruta 61 y sus desvíos hasta llegar al nacimiento del río Misisipi / Asier Calderón
Algunas carreteras se limitan a cruzar paisajes y ciudades. Otras, en cambio, explican el mundo. Es el caso de la legendaria RUTA 61, que avanza siguiendo el curso del río Misisipi para asomarse a campos de algodón, donde los esclavos labraban la tierra durante largas jornadas bajo el sol, y a clubes de jazz, blues, rock and roll o country de los que han salido los sonidos que hoy mueven el mundo. Pero esta carretera también conduce a vibrantes ciudades como Memphis, encargada de narrar la lucha por los derechos civiles, o al lugar de nacimiento de Mark Twain, un pueblecito en el que es posible vivir las aventuras de Tom Sawyer.
Menos conocida y comercial que su hermana la Ruta 66, la cual monopoliza el imaginario de los road trips clásicos, la Highway 61 concentra las mayores cicatrices y glorias de la historia estadounidense.

RUTA 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi, publicado por la editorial Anaya, ya es un éxito de ventas / Anaya Touring
La rica arteria, a la que Elena Ortega le ha dedicado su nuevo libro “RUTA 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi”, une el cálido sur del país con los gélidos lagos de Minnesota, atravesando diez estados que guardan diferentes sorpresas, muchas de ellas musicales. Fue esta misma vía la utilizada por millones de afroamericanos durante sus migraciones hacia el norte en busca de un futuro mejor, llevando siempre consigo sus instrumentos y los ritmos que darían a luz el blues, el jazz, el rock and roll y el country. Porque hablar de la Ruta 61 es hablar de los desvío vitales de Louis Armstrong, Tina Turner, B.B. King, Elvis Presley, Bob Dylan, Prince o Taylor Swift.
La carretera que cuenta la historia de Estados Unidos
P: Llevas a tus espaldas nada menos que 99 países visitados. ¿Qué tiene esta carretera junto al Misisipi para haberte atrapado de una forma tan especial?
Elena Ortega: Cuando viajas mucho es fácil quedarte anestesiado ante ciertos paisajes o reclamos turísticos, sin embargo, la Ruta 61 guarda intacta toda su autenticidad, con la mayoría de sus puntos alejados de la masificación. Es un viaje que se escucha y se siente hasta el punto de calar profundamente. A diferencia del Sudeste Asiático, donde viví una temporada y aprendí a mirar las distintas capas de las cosas, aquí las capas te sacuden de una forma inesperada. Por ejemplo, la hospitalidad sureña convive con el peso de su oscuro pasado.
Por otro lado, a nivel personal, mi padre es pianista y este viaje era una forma especial de conectar con mis raíces familiares y musicales. Ningún otro lugar me ha ofrecido esta fusión tan perfecta entre historia, carretera y banda sonora.
P: El gran debate de los road trips estadounidenses: ¿Ruta 66 o Ruta 61?
E. O.: La Ruta 66 es un icono indiscutible. Una carretera, repleta de paisajes impresionantes, que simboliza la expansión del país hacia el oeste. La Ruta 61, por el contrario, ofrece un riqueza histórica literaria y humana absoluta. No es un decorado para turistas, sino que la cultura se siente en cada rincón. Se construyó para escapar, sobrevivir y crear el sonido del siglo XX.
P: En un mundo de itinerarios rápidos y viajes para tachar países del mapa, tú apostaste por una experiencia completa. ¿Llegaste a recorrer la carretera de manera íntegra, de punta a punta?
E. O. : Para mí era crucial captar la evolución de los movimientos migratorios, de los sonidos y del paisaje, así que opté por recorrer la carretera de sur a norte. El asfalto oficial mide algo más de 2.300 kilómetros, pero mi cuentakilómetros marcó al final 5.000 kilómetros tras 30 días de viaje. ¿El motivo? Me desvié en varias ocasiones para perseguir historias, perderme en pueblos del Delta, adentrarme en las entrañas de los estados confederados, subir hasta Nashville o Chicago.

Chicago es una de las paradas musicales indispensables / Asier Calderón
P: Al adentrarte en el sur profundo de Estados Unidos, ¿cuál fue el mayor choque cultural o el contraste más sobrecogedor que viviste en primera persona?
EO: El contraste más sobrecogedor es el que existe entre el dolor de su pasado y comprobar en lo que desembocó todo aquello. Durante el viaje visité los barracones de los esclavos en antiguas plantaciones, un lugar que pone la piel de gallina, pero también visité Graceland, la ostentosa mansión de Elvis Presley en Memphis. Ver los humildes orígenes del “Rey del Rock”, que nació en una casita rústica en Tupelo y compararlo con el imperio millonario que levantó después, te hace comprender la bestialidad de los contrastes que conviven en la Ruta 61.
P: El río Misisipi es el eterno compañero de este viaje. ¿Cuál dirías que es el secreto mejor guardado que esconde a lo largo de estos miles de kilómetros?
EO: El río propició que las tierras del Delta fueran ricas para la agricultura, atrayendo una mezcla cultural única. Su encanto no reside en lo paisajístico, sino en lo humano, siendo el gran culpable de que el sonido de esta ruta tenga alma.
P: En un viaje tan largo por la Estados Unidos más profunda, seguro que te pasó de todo. ¿Qué fue lo más raro o surrealista que te sucedió durante esos 30 días de ruta?
EO: Viví muchísimas anécdotas inesperadas, pero quizá la más surrealista ocurrió en Nueva Orleans, donde acabé metida dentro de un desfile oficial en honor a Louis Armstrong. Verme rodeada de instrumentos, bailando en mitad de la calle junto a los músicos locales, como si fuera una más de la comunidad, fue algo verdaderamente mágico. Una muestra de lo abierta que es esta ciudad con quienes se dejan caer en ella.
P: ¿Cuál es el rincón que más te emocionó de la Ruta 61 y dónde se esconde la parada más canalla de todo el recorrido.
EO: Resulta difícil quedarse con uno solo, pero quizá sea el Lago Itasca, el punto donde nace el río Misisipi. Había pasado semanas siguiendo el río y de repente, encontrar el lugar donde todo empieza fue legendario. Sentí que el viaje terminaba exactamente donde debía hacerlo.
Respecto a la parada más canalla, sin duda diría que cualquier juke koint, esos locales de madera crujiente donde aún suenan las cuerdas de viejas guitaras mientras corren cervezas.

Clarksdale, en la región del Delta del Misisipi, ofrece una apasionante inmersión en las raíces de la música moderna / Asier Calderón
P: Siempre hay ideas preconcebidas cuando viajamos. ¿Existe algún mito sobre esta ruta que sea falso?
EO: Quizá el mayor mito es pensar que la Ruta 61 es un producto turístico y artificial. Los músicos locales siguen tocando en los funerales de jazz, en las esquinas y en los pequeños locales simplemente por amor a sus raíces.
P: ¿Cuál fue el souvenir más curioso que guardas en tu maleta?
EO: No es un objeto comprado en una tienda. Considero que lo mejor que uno se puede llevar de este viaje son las historias de los músicos locales con los que te cruzas.
Un viaje cargado de sorpresas
P: ¿Qué descubriste sobre ti misma recorriendo la ruta?
EO: Que sigo viajando por la misma razón que cuando era niña y miraba fascinada el globo terráqueo: para comprender mejor el mundo y contarlo. Pero también que, por muchos kilómetros que acumule, sigo emocionándome igual cuando encuentro una buena historia.
P: Un libro como el tuyo no se puede leer en silencio. ¿Cuál es la banda sonora imprescindible para recorrerla y qué canción resume la ruta por completo?
Elena Ortega: “RUTA 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi” es una experiencia sensorial porque cada capítulo incluye una pista de música específica, una recomendación de artista, un libro o una película para que el lector se sumerja de lleno, además de una lista de música para seguir el viaje. Si tuviera que elegir una sola canción que condense toda la melancolía, el polvo del camino, la superación y el ritmo indomable de la Ruta 61, me quedaría con la electricidad poética de "Highway 61 Revisited" de Bob Dylan. Es el himno absoluto de este asfalto.

El legendario Auditorio Ryman en Nashville / Asier Calderón
P: Para terminar, si un lector de la revista Viajar solo pudiera hacer una única parada de tu libro, ¿cuál debería ser y qué te gustaría que sintiera al cerrar la última página de "Ruta 61"?
Elena Ortega: Si solo pudieras elegir una parada, diría que te detengas en el corazón del Delta del Misisipi, concretamente en los alrededores de Clarksdale. Es ahí donde se concentra el aroma de la cocina sureña, el calor húmedo y el lamento puro de las guitarras. Al cerrar la última página de mi libro, solo deseo que el lector sienta unas ganas irreprimibles de devorar el mundo, de quitarse los prejuicios de encima y de encender el motor del coche con una buena canción sonando.
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