Puerto Rico, un viaje entre piratas y lagunas fluorescentes

Esta isla caribeña, alegre y sabrosona, esconde miles de aventuras

Noelia Ferreiro
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Apareció ante los ojos de los conquistadores, en el segundo viaje de Cristóbal Colón, como una isla frondosa y alargada, cuajada de ríos y montañas, horadada por cuevas y lagunas, anillada por playas de arena fina abiertas a dos mares de color esmeralda: el Atlántico, por el norte, y el Caribe, por el sur. Una isla con una naturaleza prodigiosa a la que los nativos de la tribu taína llamaban Boriquén, y a la que los colonos, finalmente, dieron el nombre de Puerto Rico.

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Más de cinco siglos después, la menor de las Antillas Mayores sigue siendo ese paraíso tropical bañado por un sol perpetuo. Un lugar con un cierto carácter estadounidense (el que le otorga su condición de Estado Libre Asociado), pero de indiscutible corazón latino. Y aunque sus ciudades son bellos rincones coloniales por donde asoma la historia, es en sus parajes naturales donde reside toda la magia de la también conocida como Isla del Encanto.

La ciudad inexpugnable

En cualquier caso, no hay que perderse San Juan, la capital y puerta de entrada al país, donde además de disfrutar de sus ventajas urbanas –restaurantes, museos y casas de shopping, como dicen ellos en perfecto spanglish- sorprende la sensación de Piratas del Caribe que destila el Viejo San Juan. Declarado Patrimonio de la Humanidad, este conjunto monumental, uno de los más impresionantes del Nuevo Mundo, permite un paseo por 500 años de historia a través de sus fortalezas perfectamente conservadas que le han dado el sobrenombre de la ciudad inexpugnable.

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Pero más apasionante, como decíamos, será dejar el asfalto para sumergirse en las reliquias de la naturaleza. Especialmente en el Parque Nacional de El Yunque, un bosque pluvioso en que se puede hacer senderismo, escalada, deslizamiento… o simplemente refrescarse en sus cascadas y riachuelos con el marco de una vegetación impresionante. Por algo fue nominado (aunque no lo logró) a una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo Natural.

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Ranas diminutas

En el Yunque se ven helechos de 20 metros, orquídeas microscópicas (algunas del tamaño de una cabeza de alfiler), heliconias, bambúes, caobas... además del atractivo añadido de toparse con el coquí, una rana diminuta y de color caramelo que es el símbolo de Puerto Rico.

Si no hay suerte, quedará la opción de buscarla en las entrañas de la isla. Para ello están las Cavernas de Camuy, uno de los mayores sistemas subterráneos del mundo. Más de 17 kilómetros de cañones, valles y sumideros que pueden recorrerse caminando mientras salen al paso miles de murciélagos.

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El mágico mundo de Avatar

En Puerto Rico, además, aguarda una aventura fantástica. Literalmente. Un lago en el que, al agitar el agua, aparece un halo de luz como si se tratara de la película Avatar. Algo así como un resplandor verdeazulado que deja tras de sí un rastro de miles de estrellas.

Se trata de las lagunas bioluminiscentes, que deben este fenómeno a un microorganismo vivo. Tres de las siete que existen en todo el planeta se encuentran en esta isla: Laguna Grande, Bahía Fosforescente y Puerto Mosquito. Habrá que reunirse de noche, en distintos kayaks, y emprender un paseo entre manglares. Será lo más parecido a sumergirse, especialmente si no hay luna, en un mundo de dibujos animados.

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