Pueblos con tradición musical

Tenemos un país musical. Celebraciones, festividades y cualquier manifestación popular, o recogida, siempre va a acompañada de música. Recorremos seis pueblos con una magnífica banda sonora.

Irene González
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Foto: ArtMarie / ISTOCK

Música y tradición maridan de forma exquisita en nuestro país. No hay aldea, villa, pueblo o ciudad que no cuente con música en sus celebraciones. Y es que la heterogénea tradición cultural de la geografía nacional ha usado históricamente la música como vehículo de expresión.  El rico y variado folclore del país se ve reflejado también en la creativa música popular. Buena prueba de esta devoción musical son los múltiples festivales de toda índole que recorren de un extremo a otro el país.

Y es que la música culta española ha concedido a la historia musical de Occidente varios de sus mejores capítulos: desde los antiguos cantos gregorianos y los motetes y madrigales renacentistas, hasta la obra de figuras como Falla, Albéniz o Granados.

A lo largo y ancho del territorio, las expresiones musicales se han convertido en fiestas de interés nacional e internacional y hasta la UNESCO las ha considerado Patrimonio Cultural. Paganas o religiosas, públicas o privadas, están presentes en cualquier celebración. Y es que la música, desde el inicio de los tiempos, forma parte de la idiosincrasia de muchos pueblos. Su presencia en fiestas, grandes eventos y pequeñas celebraciones es imprescindible. Aunque la música también ha servido para suavizar el sufrimiento, como el de Cante de la Unión, donde su prestigioso concurso de cante, baile y guitarra nació del sufrimiento de los mineros. Por su parte, la Comunidad Valenciana es la que cuenta con más bandas de música. Se podría decir que aglutina la mitad de los músicos de nuestro país.

En casi todos sus pueblos hay escuelas de música y casi todos cuentan con bandas sinfónicas, juveniles, orquestas, corales, e incluso, algunas  tan poco habituales, como un grupo de acordeones. Pero no es la única. Festivales de música clásica, jazz, flamenco, folklore, al aire libre o en iglesias, recorren toda la geografía tanto en invierno como en verano. Todo se celebra o se llora al ritmo de acordes, forma parte del tejido social, es una seña de identidad de la cultura de un país cuajado de arte musical.