El pueblo medieval que ha vuelto a la vida gracias a sus vecinos: ha sido reconstruido piedra a piedra
Una joya que ha vuelto a la vida gracias a una iniciativa local.

El sur de Francia está lleno de pueblitos preciosos, entre montañas y preciosos paisajes se esconden auténticos tesoros. Por desgracia, cada vez es más frecuente que algunos se vacíen y queden en el olvido. Muchos de ellos acaban siendo consumidos por la naturaleza, que se va colando lentamente entre sus muros y calles.
Esto es lo que ocurrió con Saint-Montan, una población del departamento de Ardèche. Durante el siglo XIX esta villa fue abandonada, y se convirtió en un lugar totalmente deshabitado. Durante muchos años nadie se preocupó de restaurarlo, hasta la década de 1970. Para este pueblo medieval no estaba todo perdido, un grupo de voluntarios decidió volver a llenarlo de vida y resucitar este precioso lugar.
Una iniciativa anónima y altruista
La Asociación de Amigos de Saint-Montan, fundada por el abad Pierre Arnaud, se percató del potencial y de la belleza de la localidad y comenzó un proyecto para resurgirla de sus ruinas. Comenzaron por hacer una limpieza masiva de los escombros para, más tarde, adquirir las propiedades por un precio simbólico; algunos propietarios incluso las donaron. La capilla de Saint-André de Mitroys fue el primer paso, fue ocupada por los romanos hace siglos, y el 24 de octubre de 1971 llegó su segunda oportunidad. Este monumento situado a los pies del pueblo y rodeado de cipreses fue el comienzo de un bonito (y segundo) comienzo.
A partir de ahí, comenzó una impresionante transformación gracias a todos los voluntarios. Entre todos pavimentaron la calles, se instaló una red de alcantarillado, agua, electricidad y telefonía. Además, muchos edificios son ahora casas rurales, lo que supone un impulso para el pueblo, así otros conocerán su belleza y no se olvidará de nuevo.

Acabando por todo lo alto
Pero si hay algo que simboliza a la perfección el éxito de la reconstrucción, es el resurgir del castillo que vigila desde lo alto de la peña de Agache: es el monumento más relevante de Saint-Montan. Fue construido en el siglo XI a modo de bastión defensivo y, en el siglo XVIII, se expandió hacia lo alto incorporando más edificios. Ha presenciado terribles guerras religiosas del siglo XVI, sus murallas resistieron hasta que, poco a poco, cayeron en el olvido. Las escaleras de piedra que ascienden hasta él muestran unas vistas del paisaje montañoso dignas de admiración. La primavera es la mejor época para disfrutar del castillo, se transforma en un evento medieval con mercadillo, actividades, espectáculos y hasta combates medievales.
No te lo pierdas
Si hoy se respira vida y huele a lavanda en Saint-Montan es únicamente gracias al trabajo incansable de los voluntarios anónimos dirigido por la asociación de Amigos de Saint-Montan. Solo por eso, sus calles y rincones medievales merecen una visita. Además del castillo, en el pueblo se esconden lugares mágicos como el jardín del cura o las iglesias de Sainte-Madeleine y de San Samonta.
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