El pueblo italiano que nació de un monstruo marino y se ha convertido en una maravilla mitológica del mar Tirreno

La Italia más mitológica convertida en un sueño de verano.

Un paraíso Mediterráneo que debes conocer.
Un paraíso Mediterráneo que debes conocer. / Istock / maudanros

Calabria, la región italiana de la célebre “punta de la bota”, nos muestra su belleza a través de esta pequeña población suspendida entre el mar y la roca. Un rincón sureño con paisajes de postal y una atmósfera atrayente en la que se respira en grandes bocanadas la imponente figura del castillo Ruffo.

Scilla al amanecer.

Scilla al amanecer.

/ Istock / Sean Pavone

Un rincón de mitos, acantilados y aguas cristalinas

En el extremo sur de la Italia peninsular, justo donde el mar Tirreno se encuentra con el estrecho de Mesina, existe un lugar pintoresco que combina historia, leyenda y belleza natural con una autenticidad difícil de encontrar en otros destinos de sus mismas características.

Adriana Fernández

Scilla, cuyo nombre proviene directamente de la mitología griega, como bien inmortalizó Homero en La Odisea, nos trae reminiscencias de un pasado en el que la tradición consideraba este lugar frente a las costas como el hogar de los monstruos marinos Escila y Caribdis, que aterrorizaban a los navegantes.

Hoy en día, lejos de asustarnos, nos atrae su dilatada existencia y las leyendas que la envuelven, mientras que el proyecto de construcción del “Escila y Caribdis”, el puente colgante más largo del mundo, que unirá en pocos años la isla de Sicilia con la región de Calabria, nos recuerda la actual vigencia de estas historias.

Panorámica de Scilla.

Panorámica de Scilla.

/ Istock / Sean Pavone

Scilla fascina por su perfil de casas coloridas encaramadas sobre los acantilados, callejuelas empedradas y un castillo que domina el horizonte marino con una elegancia ancestral, a lo que se une una presencia viva, cálida y real que merece ser descubierta.

Scilla es uno de esos lugares que permanecen al margen de las grandes guías turísticas, y eso, paradójicamente, es parte de su encanto. Lejos del ruido y la comercialización excesiva de otros rincones italianos, aquí la vida transcurre con naturalidad. Sus habitantes conservan tradiciones, su cocina es auténtica y su entorno natural, desde el mar hasta las colinas que lo rodean, se mantiene en gran parte intacto.

Aguas cristalinas en Scilla.

Aguas cristalinas en Scilla.

/ Istock / Freeartist

Un destino que merece más atención

Scilla está considerada uno de los pueblos más bonitos de toda Italia, si bien no cuenta con la fama de otros puntos costeros del país. Se divide en tres áreas principales, Marina Grande, con su playa y restaurantes frente al mar; Chianalea, el barrio pesquero y alma del pueblo; y la parte alta, con el castillo Ruffo sobresaliendo sobre toda la población. Cada una ofrece una experiencia diferente, y todas juntas conforman un retrato íntimo y fascinante del sur.

Chianalea, conocida a menudo como “la pequeña Venecia del Sur", es una antigua aldea de pescadores. Aquí, las casas parecen emerger directamente del mar. Las olas rompen contra los cimientos de piedra de viviendas centenarias, muchas de las cuales tienen pequeñas terrazas sobre el agua y ventanas por las que entra la brisa marina como un visitante más.

Así se ve la preciosa costa de Scilla.

Así se ve la preciosa costa de Scilla.

/ Istock / Photosbypatrik

Caminar por sus estrechas calles empedradas es como retroceder en el tiempo. No hay coches, ni ruido, solo el sonido del mar, las gaviotas y algún que otro pescador remendando redes o descargando el pescado fresco del día. Pequeñas trattorias se asoman discretamente entre las casas, ofreciendo platos tradicionales como el pez espada, el gran protagonista de la gastronomía local, con preparaciones tan sencillas pero deliciosas como en un bocadillo. Scilla, de hecho, es famosa por su pesca del pez espada, una tradición que se remonta a siglos atrás y que sigue vigente.

Y si lo que queremos es disfrutar de unas vistas panorámicas espectaculares no tenemos más que dirigirnos hacia el mirador de la Plaza de San Rocco o hacia el castillo de Ruffo, dos rincones que pondrán la guinda a cualquier paseo por Scilla.

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