El pueblo francés con nombre de mujer que es una oda a la belleza y un homenaje al País Vasco
Enclavado en los Pirineos, descubrimos un pueblo que tiene tanto de literario como de bello.

Apenas 7 kilómetros separan Zugarramurdi, rincón navarro de brujas y leyendas, del pueblo que hoy visitamos. Debemos cruzar la frontera y, ya en Francia, en el departamento de los Pirineos Atlánticos, en la región de Nueva Aquitania, llegamos a una villa con nombre de mujer que es una oda a la belleza y un homenaje al País Vasco.
Ainhoa, que hoy cuenta con unos 700 habitantes, fue fundado en el siglo XIII para acoger a peregrinos que recorrían el Camino de Santiago. Su carácter medieval le ha valido (y con razón) el reconocimiento como uno de 'Les Plus Beaux Villages de France', una distinción reservada a las localidades más hermosas del país.

El viajero puede llegar a pensar que se encuentra en el País Vasco: sus casas, perfectamente alineadas, se distinguen por sus fachadas encaladas, vigas de madera a la vista, tejados inclinados y detalles en rojo o verde. Al caminar por la calle principal, se puede escuchar euskera, puesto que es la lengua materna de la mayoría de la población.
Un escenario literario
Ainhoa no solo es un pueblito de cuento capaz de enamorar a cualquier viajero. Además, es lugar de peregrinaje para los amantes de la famosa Trilogía del Baztán de Dolores Redondo. En la saga protagonizada por la inspectora Amaia Salazar, Ainhoa aparece como un lugar envuelto en misterio y estrechamente vinculado a la historia personal de la protagonista.

Descubrir Ainhoa es entender por qué Dolores Redondo lo eligió como uno de los escenarios de su trilogía: sus bosques cercanos, sus caseríos silenciosos y su atmósfera no hacen más que alimentar misterio y el simbolismo del lugar.
Un homenaje constante al País Vasco
Ainhoa no solo pertenece al País Vasco francés geográficamente. Aquí, además de hablar euskera (que convive con el francés), se celebran fiestas tradicionales con danzas como el aurresku, y se pueden degustar platos que homenajean a la gastronomía vasca.

El cementerio parroquial (que nada tiene que envidiar a algunos de los más bonitos y curiosos de España), rodea la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y es otro símbolo de conexión cultural. Las lápidas cuentan con estelas discoidales vascas que datan del siglo XVII y reflejan la identidad ancestral del pueblo.
Naturaleza y peregrinación
Además de su riqueza cultural y su atractivo literario, Ainhoa es un punto de partida ideal para los amantes del senderismo. Desde el propio pueblo parten varias rutas que permiten adentrarse en los Pirineos, como la subida al monte Atsulai o el tramo del Camino de Santiago que pasa por el pueblo antes de cruzar la frontera.

En definitiva, Ainhoa es uno de esos lugares que no necesita mucho para conquistar al viajero. Su belleza es sencilla y sin artificios. No hay grandes monumentos ni espectáculos turísticos, solo una calle, algunas casas, una iglesia, y un frontón. Y, aun así, todo el que llega hasta aquí, queda maravillado por un este pueblo con nombre de mujer que es una oda a la belleza y un homenaje al País Vasco.
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