¿Es este el pueblo más bonito de España? Lo comprobamos 'in situ'

Albarracín aparece siempre en lo más alto de los rankings cuando se trata de belleza patria. Nos sumergimos en sus calles

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Con poco más de mil habitantes, la silenciosa Albarracín, Albarracín la roja, la del “perfil alucinado”, que diría Ortega y Gasset, es la puerta de entrada de la sierra que le da nombre, al suroeste de la provincia de Teruel. Pero no hay que quedarse solo con este dato. Si aparece siempre en las listas de los lugares más bellos de España es por su particular ubicación, en una colina de los Montes Universales, justo sobre la península que forma el río Guadalaviar.

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Rodeada en su mayor parte por un profundo tajo que ejerce de insalvable foso defensivo, esta imponente villa medieval cuenta también con un cinto de murallas que culminan en la Torre del Andador, de aparejo musulmán, construida antes que ellas, en el siglo X. Es su emplazamiento lo que ha permitido que haya llegado casi intacto hasta nuestros días su casco antiguo, con calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, escalinatas, pasadizos y viviendas de muros irregulares. La Casa de la Julianeta, la del Chorro y la de la calle Azagra son tres buenos ejemplos de arquitectura popular, plasmada en modestos hogares de entramados de madera, con detalles de forja en las ventanas, recuerdo de los muchos artesanos del hierro que aquí vivieron.

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La penumbra provocada por la falta de holgura entre los edificios aporta aún más encanto a Albarracín, cuyo centro geográfico es la Plaza Mayor, donde se alza la Casa Consistorial, de estilo renacentista, junto a la que se abre un mirador que permite observar la cara Este de la localidad hasta la iglesia de Santa María, de posible origen visigodo. El templo es, además, sede de la Fundación encargada de la recuperación del patrimonio local. Entre sus trabajos destaca la rehabilitación del recinto amurallado, que cerró la primera medina islámica, adaptándose al crecimiento de la villa y a sus necesidades defensivas durante la Edad Media. Sobre un peñasco se sitúa el inexpugnable castillo, fortaleza de origen árabe que, por su situación, constituye un excepcional mirador. Y excepcional también es la catedral del Salvador. Desde el claustro se accede al antiguo Palacio Episcopal, donde encuentra acomodo el Museo Diocesano, que custodia piezas de gran valor, como un pez de cristal de roca del siglo XVI.

Todo al rojo

Las casitas más populares de la villa turolense están construidas con el denominado yeso rojo de Albarracín, cuya forma artesanal de elaboración le otorga unas características que lo hacen más resistente para su uso en exteriores. Para su fabricación se utiliza la arenisca predominante en uno de los conjuntos paisajísticos más sorprendentes de Aragón: los Pinares de Rodeno, un santuario para este pino de corteza rojiza.