Principado de Andorra

Historia y naturaleza convergen este verano en Andorra para ofrecer al visitante un sinfín de actividades y rutas culturales. Recorrer sus caminos de montaña y su entorno paisajístico es una forma de descubrir su rico legado histórico, desde la Edad del Hierro hasta nuestros días.

Teresa Blanco

Cada año son más las actividades de ocio y cultura que se organizan en Andorra, un país de nieve que también busca su posicionamiento como destino turístico en la temporada de verano. La belleza de sus paisajes más protegidos, como los va lles de Sorteny y el Madriu, este último declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, son de un atractivo fundamental que, sumado a su capacidad hotelera y a sus instalaciones, convierten Andorra en un lugar ideal para el descanso y el entretenimiento.
La novedad cultural de este año es, sin duda, la Ruta del Hierro, que se muestra ya al completo al visitante con un notable abanico de actividades. Recuperar esa parte de historia es muy importante para los andorranos, porque de ella han recibido riqueza, identidad, mentalidad de trabajo y ambición. Las generaciones actuales son las herederas de unos antepasados que supieron aprovechar plenamente la grandiosidad de la naturaleza, extrayendo grandes cantidades de hierro y transformándolo en importante fuente de beneficios. El itinerario del hierro atraviesa lugares estratégicos para la industria siderúrgica que emergió del Principado, como las minas de Llorts y de la collada de Meners. De ellas se aprovecharon las ferrerías, entre las que destaca la Farga Rossell, de visita obligada y punto de partida de la ruta Hombres de hierro.
La tecnología al servicio de la recuperación histórica permite en su interior entender y revivir la actividad económica que experimentó Andorra desde principios del siglo XVII hasta finales del XIX. Un conjunto escultórico de artistas contemporáneos dedicado a los hombres del hierro completa los atractivos de la ruta cultural. Este recorrido forma parte de un proyecto transfronterizo de los Pirineos que conecta con otras rutas de Cataluña y el sur de Francia. Es el caso de la ferrería de Arthez d''Asson, del centro minero de Vic de Soç o de las forjas de Niaux en una Arieja cargada de cultura metalúrgica.
Siguiendo las huellas del pasado más reciente, encontraremos en Andorra casas-museo que permiten conocer bien el hábitat rural, como la de Areny Plandolit en Ordino, Rull en Sispony o Cristo en Encamp. El Principado ofrece, además, una oferta museística variada que incluye una exposición de automóviles, con auténticas reliquias, en Encamp; un edificio dedicado a la historia del tabaco y su fabricación, situado en Sant Julià de Lòria; un museo del perfume en plena Avenida Carlemany, y algunos centros de interpretación, como el de la naturaleza en Ordino y el del románico en Pal. Ni que decir tiene que la auténtica joya del país de los Pirineos es su sobresaliente legado románico. Iglesias en sorprendente buen estado de conservación en lugares bien visibles y, en ocasiones, transitados, como Sant Joan de Casellas o Sant Miquel de Engolasteis, que son un buen exponente. Otra de las novedades de este verano es un bus turístico que recorre los lugares más emblemáticos del románico andorrano.
Para los más noctámbulos y urbanitas, las fiestas mayores y actividades de cada localidad prometen buena animación en las noches de verano. Así, Escaldes-Engordany, que ha reconvertido en la temporada Colors de Música su antiguo festival de jazz, cuenta estos meses con las actuaciones de Coti, Richard Bona y Spirit of the Dance, entre otros. Andorra la Ve lla recibirá a Estopa, y Ordino acoge formaciones de todas la procedencias en su festival folk de gaiteros, durante el mes de agosto.
Restauración y compras
Tras el disfrute, llega el descanso. Y para ello Andorra dispone de una oferta hotelera abundante y diversificada. Destacan los hoteles balneario de Escaldes-Engordany, los hoteles de montaña como el Nòrdic, en un entorno privilegiado, y los centros Wellness, como el recientemente inaugurado Sport Wellness, los dos en Soldeu. Para el relax y también el ocio, Caldea es uno de los lugares más conocidos y emblemáticos de Andorra. En el centro termolúdico existe una variadísima oferta de tratamientos, así como uno de los más prestigiosos restaurantes del país, el Aquarius, con una estrella Michelin. Éste y otros establecimientos de nivel se incluyen este año en una guía de gastronomía selecta.
En restauración, la variedad es básica y se pueden degustar platos tradicionales de mon taña en las conocidas bordas, así como cocina temática, de mercado, establecimientos de comida rápida, pizzerías y un sinfín de alternativas para el paladar. Por lo que se refiere a hoteles, al igual que en restauración, existen de todos los precios, desde los más económicos hasta establecimientos de cuatro y cinco estrellas, ya sean céntricos o de montaña. Sin olvidar además que Andorra cuenta con pocos pero interesantes campings en plena naturaleza, como el de Xixerella, cercano a los campos de golf pitch and putt.
Tanto en invierno como en verano, uno de los mayores atractivos turísticos del Principado es su gran número de centros comerciales y tiendas especializadas: electrónica, perfumería, moda, deportes, joyería, para gourmets... Abiertos todo el fin de semana y situados en las zonas más céntricas, suponen un buen entretenimiento para los peatones que recorren sus avenidas comerciales y una ocasión para buscar los precios más competitivos en determinados sectores.