¿Tu primera vez en Chipre? Estas son las 4 paradas imprescindibles

Chipre no nos queda lejos pero, hasta hace bien poco, llegar hasta allí era una odisea. Ahora, por fin, tenemos vuelos directos desde las principales ciudades de España, y es el momento perfecto para descubrir esta joya del Mediterráneo

Rafael Rojas
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Foto: Kirillm / ISTOCK

Resulta familiar esa luz de foco que desnuda las cosas en Chipre durante 300 días al año. También el azul transparente del agua, la vida pausada de los puertos y las piedras que hablan de antiguas civilizaciones que aspiraron a la eternidad. 

En la tercera isla más grande del Mediterráneo (tras Sicilia y Cerdeña) siempre hay algo que nos hace sentir al viajero como en casa: las ensaladas con feta y el tinto fresco; las tertulias en los cafés y las laderas rocosas que bajan hasta las playas de arena blanca… 

Y también nos resuenan las ciudades neolíticas, los teatros griegos, los mosaicos romanos, los murales bizantinos, los acueductos otomanos, los barrios venecianos y las casas inglesas de aire colonial. 

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Y, sin embargo, puede que sea tu primera vez aquí, porque llegar a Chipre era una pequeña odisea aérea con fastidiosas escalas que ha cambiado por fin este verano con una nueva propuesta de Politours, que hasta el 9 de octubre permite alcanzar la isla en cuatro horas desde nueve aeropuertos españoles (Barcelona, Bilbao, Madrid, Oviedo, Santiago de Compostela, Sevilla, Pamplona, Valladolid y Zaragoza).

Es el momento de conocer lo imprescindible de la isla en la que nació Afrodita, un territorio dividido en dos desde la invasión turca de 1974, que resume los placeres mediterráneos en sus 650 kilómetros de costa, los casi 2.000 metros de altura de su pico más alto (Monte Olimpo) y las cuastro horas que se tardan en atravesarla de este (Protaras) a oeste (Pafos).

1. Un mar mitológico: la Roca de Afrodita y el Cabo Greco

La extensa costa de Chipre, con forma de sonrisa, da para mucho. Su parada principal es Petra tou Romiou, la Roca de Afrodita, un rotundo conjunto pétreo que, paradójicamente, parece estar flotando sobre las aguas. 

Chipre
Cabo Greco | Dmitri Kalvan / ISTOCK

Fue una de las principales metas de peregrinaje del mundo helénico porque, según la mitología, es aquí donde nació Afrodita de las espumas del Mediterráneo. Tratándose de la diosa de la belleza, no es extraño que la playa, los acantilados y la roca formen uno de los paisajes litorales más seductores de la isla. 

Pero, además, es difícil sustraerse a la magia milenaria que desprende y casi nadie se resiste a rodearla nadando por si es cierta la leyenda de que así se rejuvenece diez años. Su energía mitológica la comparten muchos lugares costeros chipriotas, como el Cabo Greco, un parque natural donde se suceden los acantilados y las playas de arena fina; las fotogénicas cuevas marinas y las pequeñas iglesias blancas y azules que puntean el paisaje.  

Una de ellas, Agioi Anargyroi, cuenta con todo eso: desde sus inmediaciones se baja por unos peldaños entre la roca a una fresca cavidad en la que es fácil sentirse un náufrago o al menos permanecer un ratito fuera del mundo.

2. La montaña protectora: Troodos

En la costa de Chipre, como en la de todas las islas mediterráneas, la naturaleza hace lo que puede: se adapta a la escasez de agua y ofrece un paisaje ascético de algarrobos, olivares y limoneros en el que la escasa fauna está formada por serpientes, liebres o aves de paso. 

Troodos | Aliaksandr Antanovich / ISTOCK

Pero eso cambia al acercarse a Troodos, la cadena montañosa del suroeste de la isla, donde todo se pone verde al instante y se asciende entre pinares, bosques de cedros y laderas cuajadas de viñedos. Desde la carretera, donde las cunetas son jardines multicolores, es fácil toparse con alguno de los 120 embalses de Chipre y contemplar las casitas recubiertas de piedra caliza en pueblos que constituyen la mejor manera de conocer a los chipriotas, quizás uniéndose a la larga ceremonia del café, que siempre incluye una conversación pausada. 

Es el caso de Lefkara, una dormida villa en cuesta donde nació un tipo de bordado de encaje que toma el nombre de la localidad (lefkarítico) y que es el que se puede apreciar en el mantel de La última cena de Leonardo Da Vinci. El artista estuvo aquí, cuenta la leyenda. 

Kirillm / ISTOCK

Plateros y bordadoras trabajan en la calle, igual que en Omodos, otra localidad empinada de 300 habitantes en la que además de las artesanías se elabora vino. El más famoso es el dulce Commandaria, el vino más antiguo en producción del mundo, que se obtiene de uvas secadas al sol. Su historia está ligada a las Cruzadas y a los templarios, y se sirvió en el siglo XII en la boda de Ricardo Corazón de León, que se casó en la ciudad chipriota de Limasol.  

3. La ciudad con el corazón partido: Nicosia

Nicosia es uno de esos insólitos casos de ciudad con frontera interior. Su mitad sur es la capital de Chipre, atravesada por la línea verde que la separa de la mitad norte, ocupada por Turquía. Aquí, incluso el casco histórico está dividido en dos y hay edificios en los que está prohibido abrir las ventanas que dan al otro lado. 

Nicosia | peeterv / ISTOCK

Se suceden las alambradas, las estructuras de bidones y de sacos terreros y los puestos de control, en los que jóvenes soldados de la guarda nacional chipriota se ubican mirando hacia su propio país. 

La cafetería Papa Biktwpia, ubicada en plena línea, es un buen lugar desde donde sentarse a contemplar, con un café y un dulce típico, las peculiaridades únicas de una ciudad en la que conviven templos góticos, baños turcos y murallas venecianas. Es, precisamente, la recuperación de Palaion Demarcheion, la antigua ciudad erigida por la República Veneciana, el símbolo de los intentos de revivir el centro de Nicosia. 

Calle del casco histórico ce Nicosia | heidikh / ISTOCK

Todas las obras parecen estar en marcha a la vez junto a la línea: las de las oficinas municipales, las de un nuevo centro de investigaciones científicas o las de las casas de piedra de altas ventanas y los coquetos talleres con portalones de madera pintados de azul mediterráneo. 

Fenicia, bizantina, templaria y otomana, la prosperidad se respira en sus animadas calles, en las que la muralla veneciana (con su puerta Famagusta) y la colorida catedral bizantina recuerdan a vecinos y visitantes que también esto pasará. 

4. Los que vinieron antes: Kourion y las Tumbas de los reyes

La acústica se mantiene intacta en el teatro de Kourion desde el siglo II antes de Cristo: uno se pone en el centro, proyecta un poco la voz y desde el final de las gradas le oyen como si les estuviera susurrando al oído. Los visitantes lo pueden comprobar en los conciertos y obras de teatro que sigue acogiendo el más espectacular de los atractivos de esta ciudad-estado con largas vistas al mar fundada por los griegos y retomada por los romanos. 

Kourion | Gatsi / ISTOCK

Junto a él, las casas de Eustolios, Aquiles y de los Gladiadores guardan suelos de mosaico que detallan su manera de ver la vida a través de las historias que se contaban. Kourion está junto a Limasol, y a una hora hacia el oeste se encuentran las Tumbas de los Reyes, en los alrededores de Pafos. 

Suelo de mosaico, en Kourion | Lusky / ISTOCK

También están situadas junto al mar, y la laberíntica necrópolis construida en el siglo V a. C., en el periodo ptolomeico, ofrece la experiencia única de descender a unos enterramientos majestuosos frente al mar excavados en la roca y escoltados de pesadas columnas.