Precioso, monumental y a orillas del Danubio: el palacete inspirado en Sissi emperatriz donde puedes dormir como una reina sin gastar mucho
Uno de esos lugares que inspiran una escapada de cuento (de hadas, por supuesto) a la perla del Danubio.

Son muy pocos los nombres que consiguen evocar tanto con tan poquitas letras como el de Sissi, la emperatriz asociada como ninguna otra al cuento de hadas, a la historia de amor romántico y a una vida en la corte llena de lujos (por supuesto no al alcance de cualquiera). Y aunque no fue exactamente así, la magia del cine se ha empeñado en meter esa imagen en nuestra cabeza, tan difícil de borrar como imposible de no desear. Como le pasó a Francisco José I cuando vio por primera vez a la que sería su esposa, la jovencísima Isabel de Baviera, quién tras su matrimonio se convirtió en Elisabeth, emperatriz de Austria y posteriormente reina de Hungría.

En la peli de los 50, Sissi aparecía como el icono de una Viena que vibraba a ritmo de vals. Sin embargo, en la vida real fue la otra capital imperial la que realmente enamoró a la emperatriz, Budapest. De todos es sabido que a Sissi le gustaba viajar, generalmente a destinos en los que el clima era suave y los balnearios abundantes para cuidar su delicada salud (Corfú, Madeira, Suiza…). Pero resulta que encontró su lugar favorito del mundo (a donde acudía para alejarse de las estrictas normas sociales de la corte vienesa siempre que podía) a solo 32 kilómetros de Budapest: el real palacio de Gödöllő, el regalo de bodas que recibieron tras su coronación como reyes de Hungría . Y no es el único legado.

Tras las huellas de Sissi en Budapest
Su marido, el último gran emperador europeo, sabía de la pasión de Sissi por la perla del Danubio, y como eran largas las temporadas que pasaban en Budapest, decidió levantar un edificio en 1895 a orillas del río, a solo unos metros del Parlamento y muy cerca del bellísimo casco histórico de Budapest, que se convertiría en sede de la Delegación Austríaca durante su reinado. Hoy, esa joya de la arquitectura palaciega de finales del siglo XIX es uno de los hoteles más majestuosos de la ciudad, un homenaje a la emperatriz Sissi y a la opulencia del último gran imperio.
Está formado por dos edificios unidos (uno de corte neoclásico, fechado en los años 50, y otro que mandó construir Francisco José I a finales de los 90). Poner un pie en su interior, es viajar al pasado glorioso de la ciudad: escalera imperial, lámparas de araña y un salón de baile en el que hoy se sirven los desayunos bajo la atenta mirada de Sissi (un retrato de dimensiones descomunales preside la sala). Son muchos los elementos originales de la época: desde candelabros y apliques de pared, a los cercos de las puertas, el pavimento hidráulico o incluso partes del techo del edificio.
La reahabilitación de ambos edificios “no ha sido fácil” (les pilló hasta la pandemia del covid) ni breve (el proceso tardó ¡más de 16 años en concluir!), pero el resultado es un hotel “que conecta emocionalmente con los clientes”, como apunta el director del Áurea Ana Palace, Péter Szögi.
Abierto en 2022 por la cadena de hoteles española Eurostars Hotels, este fue, de hecho, el primer alojamiento con el que inauguraron su colección de hoteles de autor. O lo que es lo mismo: hoteles singulares abiertos en edificios con carácter histórico. Y aunque pueda parecer algo prohibitivo, solo al alcance de unos pocos aristócratas privilegiados, la realidad es que se puede pasar una noche desde apenas 120 euros en una de las capitales más hermosas de Europa. Y eso sí que está (casi) al alcance de cualquiera que quiera permitírselo.
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