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La preciosa ciudad de la península Ibérica que tiene 400 años más que Roma y que es una de las ciudades más antiguas de Europa: los historiadores dicen que ya existía en el siglo XII a.C, y no es Cádiz

Roma lleva siglos reinando en el imaginario colectivo como la ciudad eterna, la más antigua de Occidente. Sin embargo, a orillas del Tajo existe una capital que le lleva cuatro siglos de ventaja.

Esta preciosa ciudad de Portugal tiene 400 años más que Roma y belleza a raudales.

Esta preciosa ciudad de Portugal tiene 400 años más que Roma y belleza a raudales. / Istock

Cuando alguien menciona una ciudad antiquísima de Europa, el nombre que casi siempre emerge primero es el de Roma. La Ciudad Eterna lleva grabado en su propio apodo ese peso histórico: fundada, según la tradición, en el año 753 a.C., ha dominado durante milenios la narrativa de la civilización occidental. Sus siete colinas, el Coliseo, el Foro Romano, el Panteón… todo en ella remite a un pasado tan monumental que resulta fácil creer que no hay nada anterior. El cine, la literatura, la escuela y hasta el lenguaje cotidiano —“todos los caminos llevan a Roma”— han reforzado esa percepción hasta convertirla en casi un axioma cultural.

Tranvía en Lisboa.

Tranvía en Lisboa. / Istock

Pero la historia, cuando se rasca un poco, suele deparar sorpresas. Y la realidad es que hay una ciudad en el extremo occidental de Europa que existía mucho antes de que los gemelos Rómulo y Remo protagonizasen su célebre leyenda fundacional. Esa ciudad no es Cádiz, que aunque merece su propio capítulo en esta historia, tampoco es la protagonista de hoy. Hablamos de Lisboa. La capital portuguesa tiene una de las historias más antiguas de Europa, habiéndose fundado hace unos tres mil años, y es cuatrocientos años más vieja que Roma. No es un dato menor: estamos hablando de cuatro siglos de historia adicional, de generaciones enteras que vivieron, comerciaron y murieron en esa misma orilla del Tajo antes de que se pusiera la primera piedra del Imperio más famoso de la Antigüedad. 

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Adriana Fernández

Lisboa, el puerto encantado que ya existía antes que Roma

La capital portuguesa se remonta aproximadamente al siglo XII a.C., cuando los fenicios fundaron un enclave comercial junto al río Tajo. Desde entonces ha sido punto de encuentro entre culturas mediterráneas y atlánticas, y su emplazamiento privilegiado la convirtió en un puerto codiciado por romanos, visigodos, árabes y finalmente por los reinos cristianos durante la Reconquista.  

Para poner eso en perspectiva: cuando Roma celebraba su fundación en el 753 a.C., Lisboa llevaba ya casi medio milenio en pie. Su historia data de hace unos 3.000 años. Tras Atenas, es la capital más antigua de la Unión Europea. Los historiadores creen que los fenicios fundaron un asentamiento en el lugar alrededor del 1200 a.C., y que el nombre original de la ciudad, “Olissipo”, tiene orígenes fenicios y significa “puerto encantador”. Un nombre que, tres mil años después, sigue siendo exacto. El análisis histórico-urbano del arquitecto Alejandro Suárez Pareyón, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, lo recoge de forma contundente: "Lisboa es una de las más antiguas de Europa, cuya fundación data de más de tres mil años atrás, siendo incluso cuatrocientos años más antigua que la ciudad de Roma".  

Panorámica de Lisboa.

Panorámica de Lisboa. / Istock

Asentamientos en Lisboa se han registrado con anterioridad al 1200 a.C., aunque no hubo un desarrollo urbano digno de tal nombre hasta la llegada de los fenicios y la creación de un puerto comercial. Lisboa compite con Cádiz por ser la ciudad europea occidental con más proyección histórica, y es cruce de culturas que cuenta con numerosos vestigios arquitectónicos notables. Finalmente, Lisboa pasó a ser la capital de la Lusitania romana con el nombre de Olisipo. A la caída de los romanos, pasó a formar parte del reino suevo de Galicia hasta el año 585. En el año 711, la historia de Lisboa sufrió un giro inesperado cuando cayó en manos de los musulmanes, quienes la llamaron al-Usbuma. La reconquista definitiva se produjo en 1147 por Alfonso I Enríquez, apoyado por la flota de la segunda cruzada.  

Vistas desde el Castillo de San Jorge, en Lisboa.

Vistas desde el Castillo de San Jorge, en Lisboa. / Istock / BENEDETTA BARBANTI

Y toda esa historia acumulada, ese palimpsesto de civilizaciones, se puede tocar con las manos cuando se visita la ciudad hoy. Bajo las paredes visibles del Castillo de San Jorge hay estratos del pasado de Lisboa: restos fenicios y romanos, terrazas musulmanas y cimientos medievales. Pequeñas vitrinas y excavaciones in situ permiten ver antiguos ejes de calle y cómo cada época reutilizó el lugar. Del Castelo, que también fue fortaleza romana y según la tradición hasta fenicia, hay que salir por las callejuelas de Santa Cruz do Castelo, un precioso laberinto de callejas que ocupa los antiguos jardines del palacio, hasta el Arco del Castelo, que servía de frontera entre Alfama y la residencia real.  

Lisboa es una de las ciudades más bonitas de Europa... y también de las más antiguas.

Lisboa es una de las ciudades más bonitas de Europa... y también de las más antiguas. / Istock / Manjik

Pero si hay un barrio que actúa como máquina del tiempo, ese es Alfama. Es el barrio más antiguo de Lisboa y ofrece una ventana al pasado con sus estrechas callejuelas y casas antiguas. Este barrio sobrevivió al terremoto de 1755, lo que lo convierte en una joya histórica donde se puede sentir la auténtica esencia de Lisboa. La huella de celtas, romanos, godos y musulmanes aún es palpable en las calles laberínticas y empinadas, los patios interiores, los balcones y los azulejos de la ciudad. Fue un lugar en el que convivieron tres religiones: judíos, cristianos y musulmanes. 

Su propio nombre lo delata: Al-Hamma, que en árabe significa “baño o fuente”, en recuerdo de las termas que construyeron los musulmanes y que aún pueden visitarse. A los pies de Alfama, debajo de los escombros dejados por el terremoto de 1755 y redescubierto en 1798, se conserva el Teatro Romano construido en la época del Emperador Augusto —entre el 27 a.C. y el 14 d.C.—, del que hoy puede identificarse el escenario, la orquesta y buena parte de las gradas. Desde la prehistoria, los humanos han elegido este trozo de tierra para asentarse, como prueba el hacha pulida que se encontró durante las intervenciones arqueológicas en el Teatro Romano.  

Calles de Alfama, en Lisboa.

Calles de Alfama, en Lisboa. / Istock

Para quien viaje a Lisboa con curiosidad histórica, el recorrido obligado pasa por el Castillo de San Jorge, el barrio de Alfama, el Museo del Teatro Romano y la Catedral de Lisboa—construida en el siglo XII sobre la antigua mezquita mayor—. Y más allá del centro histórico, el terremoto del 1 de noviembre de 1755, seguido de un tsunami y múltiples incendios, cambió para siempre la fisonomía de Lisboa y tuvo un profundo impacto en la planificación urbana y en la filosofía de la Ilustración europea. Incluso esa tragedia forma parte del relato: la Lisboa del Marqués de Pombal, con sus grandes avenidas simétricas y su Baixa reconstruida desde cero, es también historia viva. Una ciudad que ha sido destruida y rehecha, invadida y liberada, y que sigue en pie tres mil años después. Pocas ciudades del mundo pueden decir lo mismo. 

Catedral de Lisboa.

Catedral de Lisboa. / Istock

Y Lisboa no está sola: la península Ibérica es tierra de ciudades antiquísimas

Lo fascinante es que Lisboa no es un caso aislado. La península Ibérica, lejos de ser una periferia de la historia antigua, fue uno de los grandes escenarios de la civilización mediterránea. Y hay varias ciudades en su territorio que también preceden a Roma por siglos. 

Cádiz está considerada la ciudad más antigua de Europa.

Cádiz está considerada la ciudad más antigua de Europa. / Istock

Cádiz, fundada alrededor del 1104 a.C. por los fenicios de Tiro, es reconocida como la ciudad más antigua de Europa occidental. Conocida originalmente como Gadir, su establecimiento se produjo poco después de la mítica Guerra de Troya. Es, por tanto, incluso más antigua que Lisboa, aunque queda fuera del foco de este artículo precisamente porque su antigüedad ya forma parte del conocimiento popular. En segundo lugar entre las ciudades más antiguas de España se encuentra Huelva, cuyo origen se cree que se remonta al siglo X a.C. Conocida en la antigüedad como Onuba, la ciudad fue un importante centro comercial y minero, especialmente debido a su proximidad a las minas de Riotinto.  

En la costa andaluza, Almuñécar —conocida en la antigüedad como Sexi— también data del siglo VIII a.C., al igual que Málaga, que fue fundada por los fenicios con el nombre de Malaka. Esta última se convirtió en un importante puerto comercial y posteriormente en una próspera ciudad romana y musulmana, con vestigios históricos aún presentes en su Alcazaba y el Teatro Romano. La historia de Málaga abarca unos 2.800 años, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas de Europa occidental, fundada aproximadamente en el año 770 a.C. por los fenicios de Tiro.  

Huelva es otra de las ciudades más antiguas de la Península Ibérica.

Huelva es otra de las ciudades más antiguas de la Península Ibérica. / Istock / Mjucha

También cabe mencionar a Sevilla, fundada por tartesios, hasta que posteriormente el emperador Julio César creó en el 49 a.C. la Colonia Iulia Romula Hispalis. En definitiva, la Hispania prerromana estaba lejos de ser un territorio vacío: era un mosaico de pueblos, culturas y ciudades que los fenicios, griegos y tartesios habían ido tejiendo durante siglos antes de que Roma llegase a imponer su ley. La próxima vez que alguien cite Roma como la cuna de la civilización occidental, bien vale la pena recordar que, a orillas del Tajo y del Guadalquivir, otros ya llevaban siglos construyendo historia.