Potes: en un lugar muy lejano...

El desfiladero más largo de España da paso a la histórica comarca de Liébana, cuya capital se recuesta a los pies de los Picos de Europa entre casas con blasones y torres medievales. Hasta aquí se llega a admirar la naturaleza y a probar su tradicional cocido.

Silvia Roba
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Antes de alcanzar nuestro destino final hay que abrir bien los ojos y contener la respiración, como en su día hicieron los viajeros británicos que, en el siglo XIX, utilizaron el desfiladero de La Hermida para llegar hasta los Picos de Europa. Las palabras se antojan siempre insuficientes para relatar lo que se siente al recorrer sus 21 kilómetros de principio a fin, con paredes que superan los 600 metros de altura, por mucho que Pérez Galdós lo explicara tan bien: “Llaman a esto garganta, debiera llamársele esófago, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra”.

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Este espectacular barranco, que sigue el devenir del río Deva, es la única forma de llegar desde la costa a la comarca de Liébana, en cuyo centro emerge Potes, la capital, el pueblo donde se compran y venden todas las viandas y productos artesanos de la zona. Orujo, quesucos, embutido de jabalí... y, por supuesto, garbanzos (pequeños y finos), imprescindibles para preparar el cocido lebaniego, con patatas, berzas y el contundente compaño (chorizo, morcilla y tocino).

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Potes es un territorio llano rodeado de montañas, situado en el punto donde confluyen los dos ríos de Liébana: el Deva y su afluente, el Quiviesa. Durante la Baja Edad Media, se vio implicado en la confrontación entre los linajes de los Manrique y los Mendoza. Fueron estos, los Mendoza, quienes erigieron la Torre del Infantado, robusto edificio que acoge la exposición El cosmos del Beato de Liébana. Aquí comienza todo, en la que se trata la vida y obra del monje que escribió, en el año 786, los Comentarios al Apocalipsis de San Juan en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en el municipio de Camaleño, a tres kilómetros de aquí. Este monasterio cisterciense guarda el Lignum Crucis, el mayor trozo que se conserva de la cruz de Jesucristo. 

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La Torre de Orejón de la Lama, también del siglo XV, las dos iglesias advocadas a San Vicente —de los siglos XIV y XIX—, el convento de San Raimundo, fundado en 1608, el puente de San Cayetano y el de la Cárcel completan el patrimonio artístico de Potes, cuyo casco antiguo conserva callejuelas empedradas y caserones blasonados. Para los senderistas, una irresistible propuesta: ascender al monte Arabedes, que abriga, por el norte, a la villa.

La fiesta del orujo

El cultivo de las vides en Potes se remonta, como mínimo, al año 1000, aunque el orujo, cuyo licor de base procede de la destilación del hollejo de la uva, no se popularizó hasta muchas centurias después. En Potes se fabrica no en alambiques, sino en alquitaras, algunas muy antiguas. En noviembre tienen lugar unas fiestas muy animadas, con degustaciones acompañadas de mercados y música tradicional.