La postal más asombrosa del invierno se llama «Innsbruck»

Descubre la inspiradora capital del Tirol

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Gian Lorenzo Ferretti Photography / ISTOCK

Popularmente se conoce como «la capital de los Alpes» y motivos no le faltan. Innsbruck aúna todo lo que esperaríamos encontrar en un lugar que porta tan insigne etiqueta.

Situada al oeste de Austria en el corazón del Tirol – uno de los estados federados del país -, famoso en el mundo entero como icono de la cordillera alpina, en pocos sitios como aquí disfrutaremos de unos paisajes invernales tan sublimes.

Alta montaña, deportes invernales y paisajes maravillosos

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El pasado de Innsbruck está estrechamente ligado con la orografía del entorno. Punto de paso preferente durante siglos para atravesar los Alpes por el valle del río Eno, las montañas custodian la ciudad tanto por el norte como por el sur y son el telón de fondo constante de la población, omnipresentes desde cualquier punto de la misma.

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Esta ubicación privilegiada permite ese contacto cercano con la naturaleza a escasa distancia del mismo centro histórico, con paredes montañosas que se ciernen sobre los tejados de las casas dando la impresión de que las custodian desde las alturas.

La cadena montañosa de Nordkette, la más célebre entre los habitantes de Innsbruck, nos regala desde sus laderas unas vistas espléndidas de toda la ciudad y del entorno alpino, constituyendo algunas de las estampas más bellas de toda Austria. Dentro de esta zona natural, subir a lo alto de la montaña Seegrube mediante un funicular es una de las experiencias que no podemos perdernos en toda visita a la capital del Tirol.

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Precisamente gracias a estos paisajes alpinos y a su formidable situación, Innsbruck tiene fama internacional como punto de referencia en la práctica de deportes invernales y es uno de los epicentros mundiales de los impresionantes saltos de trampolín. El trampolín de salto de Bersigel, situado al sur de la ciudad, es todo un icono de este deporte y un símbolo de la arquitectura moderna. Las vistas desde este lugar de las montañas de Nordkette son sencillamente espectaculares.

Un patrimonio de primer orden con influencia española

A pesar de la grandiosidad de los paisajes que circundan la ciudad, la naturaleza no es lo único que deslumbra a los visitantes. Innsbruck alberga calles y edificios verdaderamente bellos y cargados de historia que conviven en perfecta sintonía con su maravilloso entorno. Además, su pasado está fuertemente relacionado con España. No obstante, Maximiliano I de Habsburgo – una de las principales figuras de la edad de oro de Innsbruck, fue el padre de Felipe el Hermoso, de cuya descendencia nació el emperador Carlos I de España y V de Alemania, heredando las posesiones de los Austrias.

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Maximiliano I fue uno de los principales impulsores de la ciudad y fruto de ello son algunos de los monumentos más sobresalientes. El más célebre y destacado de todos ellos es el Palacio de la Residencia, en la calle Herzog Friedrich – la más importante de la población -, en cuya fachada nos aguarda uno de los tesoros del casco histórico, el «Tejadito de Oro» que, desde el siglo XVI, nos espera con sus 2657 láminas de cobre dorado.

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A no mucha distancia de este punto hacia el este llegamos hasta otro de los lugares ligados indisolublemente a Maximiliano I. Se trata de la iglesia gótica de Hofkirche. Mandada construir por su nieto en honor del emperador, fue pensado para custodiar sus restos mortales – si bien su tumba se encuentra vacía -. El interior es mágico, con el mausoleo ricamente decorado situado en el centro del templo y una serie de estatuas de hierro que lo jalonan por sus flancos, representando figuras relevantes en la vida de Maximiliano, como los Reyes Católicos.

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Justo al lado nos espera otra de las maravillas de Innsbruck, el Palacio Imperial de Hofburg, una sensacional construcción de la época del emperador Maximiliano I, cuyos pasillos vieron merodear a la renombrada emperatriz Sisi. Volviendo de nuevo a la calle Herzog Friedrich, no podemos olvidarnos de la torre de la ciudad o Stadtturn, del siglo XV, que se ha convertido en uno de los emblemas de Innsbruck gracias a su esbelta silueta y su curiosa cúpula. Antiguamente atalaya de la ciudad, es un punto magnífico para contemplar las vistas de toda la ciudad y su entorno desde lo alto.

Avanzando desde la torre en dirección hacia el sur de la ciudad llegamos hasta un ensanche de la vía que nos da paso a la famosa calle de Maria-Theresien, que aparece en la mayoría de las postales de Innsbruck y es todo un regalo a nuestros ojos con los Alpes austriacos al fondo.

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Ya a las afueras, otras citas ineludibles son el Castillo de Ambras, con sus bellísimos jardines y, cómo no, un recorrido por los Mundos de Cristal de Swarovski, con sus Cámaras de las Maravillas y sus jardines repletos de obras basadas en el universo del cristal de este famoso creador de la marca internacional más reputada en este sector, unida a Innsbruck desde el siglo XIX.