Portofino y Portmeirion, las dos gemelas separadas por un país

Dos villas donde la vida transcurre de color pastel

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Olga_Gavrilova / ISTOCK

Una ubicada a los pies del Monte de Portofino, en la costa próxima a Génova, en Italia; la otra, al noroeste de Gales, al comienzo de la península de Lleyn, en Reino Unido. Y, entre medias, Francia. Dos pequeñas villas con dos historias completamente diferentes pero con un mismo espíritu, bajo la misma piel de los tonos pastel de sus casas y con la esencia de las aguas en sus orillas.

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Portofino, la mamma

La coqueta comuna italiana que ha enamorado durante décadas a las altas clases sociales se encuentra rodeada por los increíbles bosques que forman parte del Parque Natural Regional de Portofino, un hermoso refugio de ecosistemas mediterráneos que constituye uno de los espacios naturales más bellos de Italia.

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A ello se une la riqueza de las aguas que bañan estos acantilados, que forman una Reserva Marina por la que surcan las quillas de numerosas embarcaciones, muchas de ellas lujosos yates que se acercan hasta este idílico rincón a poner en práctica el famoso «non far niente» italiano. Un pequeño pueblo de pescadores que ya existía en época romana – Portus Delphini -, en el que el centro neurálgico se asienta en la Plaza Martiri dell’Ollivetta, donde el telón de fondo de los genuinos botes y alguna impresionante embarcación de recreo, así como la imponente figura del Castillo Brown justo delante, sirven de acicate para sentarse en una de las terrazas a dejar correr el tiempo.

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A lo largo de la línea de mar, levantadas frente a los amarres de Portofino, las casas multicolores de estilo genovés encuadran una postal que se ha convertido en el símbolo de la villa y en un reclamo para las celebridades que se han dejado ver por estos lugares.

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Siguiendo precisamente la costa en dirección al castillo, sobre la ladera encontramos el estrambótico Museo del Parco, un museo al aire libre que mezcla esculturas clásicas y contemporáneas desde el que se contemplan unas vistas formidables del entorno. Por otro lado, si lo que queremos es alcanzar a ver una panorámica aún más amplia, no cabe duda de que la mejor opción pasa por subir hasta el Castillo de Brown; el esfuerzo de subir por la dura pendiente se recompensa con creces una vez se llega hasta lo alto de esta casa-museo.

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Más allá de recorrer el entorno por tierra, la experiencia que puede poner la guinda al pastel de la visita a Portofino es una excursión por el Mar de Liguria, con la que podremos disfrutar de la belleza del accidentado litoral de esta parte de Italia que, de otra manera, sería imposible.

Un sueño hecho realidad: Portmeirion

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Cuando se visita Gales, uno de los puntos que suele aparecer en las listas de los lugares a los que acudir suele ser Portmeirion, ubicado en el condado de Gwynedd. Esta villa construida según los patrones del estilo costeño italiano, responde al sueño de Sir Clough Williams-Elis, quien entre 1925 y 1975 fue completando un puzle arquitectónico en el que las casas parecieran haber sido fruto de la inspiración del célebre Portofino. Un conjunto que, en la actualidad, se ha ido convirtiendo poco a poco en una atracción turística algo alejada del encanto que tenía en el siglo pasado. 

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Situada en la salida del estuario del río Dwyrd, la gran extensión que conforma la finca en la que se asienta Portmeirion ofrece tanto edificios donde alojarse como establecimientos de restauración y tiendas – para acceder al recinto es necesario pagar una entrada -. Un decorado que nos traslada con su apariencia a Portofino en mitad de Gales y que, a pesar de asemejarse en ciertos sentidos al Portofino Bay Resort del parque temático de Universal Studios, en Orlando, Florida, la historia de su creación nos traslada a la esencia de su gemela italiana.

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