Pontevedra, el Medievo entre plazas

Se encuentra fuera de los circuitos habituales, a pesar de que esconde rincones inimaginables, fascinantes y genuinos. Pontevedra posee uno de los cascos históricos más bonitos de nuestro país, con callejones de puro granito y jardincillos floridos. Pero Pontevedra tiene, sobre todo, plazas. Muchas plazas donde antaño se vendía leña, verdura o se fundía hierro. Descubrimos una de las joyas de las Rías Baixas.

Irene González
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Foto: Irene González

Pontevedra, que guarda el esplendor que tuvo en la Edad Media, combina espacios abiertos con el laberinto de callejuelas, plazuelas, calvarios, fuentes y soportales. La ciudad ha puesto en valor sus impresionantes monumentos y su característico tejido urbano con origen allá por el Medievo. Entre pazos y casonas señoriales se mezclan templos como el convento de San Francisco, del siglo XIV y monumento histórico artístico, y la soberbia Basílica Santa María. La Basílica conjuga el gótico tardío con el renacimiento. En su fachada está cincelada la inaudita imagen de San Jerónimo con anteojos, cuando en aquella época aún no se habían inventado. Santa María fue erigida en el siglo XVI por el gremio de Mareantes, porque la ciudad tenía el puerto más importante de la región. Algo más arriba, muy llamativo el Santuario de las Apariciones, donde se cree que la Virgen se le apareció a sor Lucía. La bella Pontevedra esconde más tesoros, como la capilla de La Peregrina, un templo muy solicitado por los viajeros del Camino Portugués. La Peregrina es el santuario de la patrona de Pontevedra y, entre barroca y neoclásica, su planta tiene una singular forma de vieira, y una concha gigante del Atlántico, como pila bautismal. Sin duda posee un gran simbolismo.

Irene González

Esplendor medieval

La ciudad es conjunto histórico artístico, un galardón más que merecido. La capital de la provincia y de las Rías Baixas es tan acogedora como atractiva. Cerca de la Plaza de la Leña se alza, magnífico e imprescindible, el Museo de Pontevedra. Con más de 16.000 piezas guarda espadas de la Edad del Bronce, miliarios romanos, tímpanos románicos, azabaches compostelanos así como lo más granado de la historia. En pleno centro urbano y al aire libre sorprenden las ruinas de Santo Domingo, templo gótico que los dominicos comenzaron a construir en el siglo XIII. Hoy se conserva la sensacional cabecera de la iglesia con cinco ábsides poligonales y un muro lateral con una pequeña portada y un espléndido rosetón.

Las plazas de la Pontis Veteris del Medievo

Junto al estuario del río Lérez, Pontevedra toma su nombre por su puente viejo que está al fondo de la ría. Esta urbe, exquisitamente preservada, amalgama historia, cultura, artesanía y gastronomía. Como en un puzle, la Pontis Veteris está entrelazada por plazas llenas de vida. En ellas los gremios desarrollaban sus quehaceres y en ellas hoy se esconden tascas centenarias, reinventados gastrobares y excelentes restaurantes. Con un encanto especial, la Plaza de la Leña, rodeada de casas de sillares, soportales, floridas balconadas y un cruceiro, es una de las más amenas para el tapeo. Antaño en ella se vendía leña para las antiguas cocinas. Destacan en un lateral los edificios del Museo Provincial. Muy cerca está la Praza da Verdura, donde antes se vendían verduras, castañas y frutas. La Plaza de la Herrería es una de las más queridas de la ciudad y centro neurálgico de la vida pontevedresa. Recibe su nombre de las forjas que existían en sus soportales y que antiguamente suministraban metal a los otros gremios de la villa medieval. Se une con la pequeña Plaza de la Estrella, donde destaca la Casa de las Caras, con los Jardines de Casto Sampedro. Este impresionante lugar se encuentra presidido por la potente presencia de San Francisco, el Santuario de la Peregrina y con impresionantes edificios de piedra y soportales. Otra emblemática es la Praza do Teucro, llamada así porque según cuenta la leyenda, el arquero griego Teucro, después de la Guerra de Troya viajó a Occidente y fundó la ciudad de Pontevedra. Es una de las más hermosas y señoriales y está rodeada por magníficos pazos como el de los Gago y Montenegro, el Pazo del Conde de San Román y el antiguo pazo de Aranda y Guimarei.

Ruinas de Santo Domingo. | Irene González

La de las tertulias de Valle Inclán

A la de Méndez Núñez, al parecer se la llamaba antiguamente la plaza de las Gallinas por el mercado de aves que allí se celebraba. Hoy toma su nombre de la casa donde vivió el Almirante Méndez Núñez. A finales del siglo XIX este caserón fue centro de concurridas tertulias de pensadores y escritores, donde sobresalía el genial Valle Inclán, al que han erigido una original estatua en el centro de la plazoleta. Imprescindibles la Plaza de España y la de las Cinco Rúas. Al otro lado de la ría se encuentran las magníficas playas de Marín, que esconden los grabados rupestres de Mogor, uno de los primeros laberintos dibujados por el hombre.