Ponte de Lima, el lugar de Portugal para recordar junto al “río del olvido”
Llegamos hasta una de las poblaciones más antiguas del país luso.

Al norte de Portugal, una de las poblaciones más encantadoras y emblemáticas de su territorio es todo un abanico de oportunidades para pasar una o varias jornadas disfrutando de las esencias del país del gallo de Barcelos.
Una leyenda que da personalidad
Paralelo al río Miño, aunque unos cuantos kilómetros más abajo, discurre un curso fluvial de gran importancia en el imaginario geográfico de Portugal. Se trata del río Lima, que vierte sus aguas en el océano Atlántico, a la altura de la conocida población de Viana do Castelo. Tras atravesar gran parte del país llega hasta su curso bajo con un caudal importante, como dejan ver las dimensiones del puente – 380 metros de longitud - que lo atraviesa en otra de las poblaciones que se levantan en sus orillas. Estamos hablando del puente romano de Ponte de Lima, el principal recurso patrimonial de la villa del mismo nombre y una gran obra que aún muestra en pie su pasado romano.

El hecho de que esta población lleve el nombre del puente que atraviesa el río nos remite a una curiosa leyenda que nos habla, a su vez, de sus raíces más profundas. Unas raíces que llegan hasta la Época Romana, en la que este era un paso fundamental en la conexión entre ambas orillas. Según la tradición, los romanos creían que el río Lima era el mítico río Lethes, al que se le atribuía el poder de borrar la memoria de quienes lo cruzaban.

Cuando los ejércitos romanos se dispusieron a cruzarlo para llevar a cabo la campaña de la conquista del territorio galaico, muchos se negaron a atravesarlo por el temor a perder sus recuerdos. Ante este contratiempo, el general que comandaba las tropas, Décimo Junio Bruto, decidió cruzarlo en avanzadilla y llamar a los soldados por su nombre desde el otro lado para demostrar que no había perdido la memoria, dando pie a la posterior conquista de esta parte del actual noroeste peninsular.

La villa más antigua de Portugal
Desde sus orígenes, Ponte de Lima fue un punto de conexión clave entre el norte de Portugal y Galicia. Los arcos romanos que aún se conservan en él – una tercera parte del total, pues el resto son fruto de las obras de ampliación que se llevaron a cabo en el siglo XIV -, nos hablan de ese pasado remoto. En la actualidad, además, como a modo de recordatorio, un conjunto de estatuas simulando soldados romanos forman parte del paisaje fluvial de Ponte de Lima. No obstante, Ponte de Lima es una de las poblaciones más longevas del país y está reconocida como la villa más antigua de Portugal, gracias a su carta foral de 1125.

Lo cierto es que la villa cuenta hoy en día con un cuidado casco histórico, con la plaza del Largo de Camões como punto neurálgico, aunque la postal más representativa es la del cauce del río cruzado por el puente y la iglesia de Santo António da Torre Velha al fondo. El río es un elemento omnipresente en ella y sus habitantes lo consideran como tal. La ecovía que recorre su ribera por las dos orillas es muestra de ello y cuando llega el buen tiempo es habitual ver multitud de personas caminando por ella o andando en bicicleta, al tiempo que otros disfrutan del agua en paseos en barco, en piragua u otras modalidades acuáticas.

También representativos de Ponte de Lima son los jardines, muchos de ellos dispuestos junto al río creando un paisaje urbano de gran belleza. Fruto de ese amor por los jardines nació el Festival Internacional de Jardines, que se lleva a cabo cada año con una temática diferente.

Además, Ponte de Lima se encuentra en el corazón de la tierra del Vinho Verde, con la variedad “Loureiro” como protagonista. Vale la pena visitar alguna de las bodegas o caminar por los senderos en las afueras de la población para ver las cepas. Vinos que combinan perfectamente con el plato por antonomasia de la gastronomía local, el arroz de sarrabulho, otra exquisitez que nos dejará un magnífico sabor de boca al visitar esta encantadora villa portuguesa.
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