Pont-Aven, la ciudad donde Gauguin buscó la felicidad

Esmeralda, legendario, salvaje, de granito rosa... Toda la fineza de la poesía bretona se vuelca en la descripción de su admirado y temido Atlántico, y de las costas que besa. Inspirados por él, han forjado su identidad fortalezas convertidas en esplendorosas ciudades y villas marineras de regusto medieval, desde la glamourosa Cancale a las intempestivas orillas de Quiberon. Hay un solo océano en Bretaña, pero tan camaleónico, que parecen cientos.

MIRIAM MÁRQUEZ

Vivió Paul Gauguin su infancia en Lima y durante toda su vida en Francia añoró la viveza que encontró en el trópico. Sólo hubo un lugar, un pequeño pueblo bretón llamado Pont-Aven, que consiguió devolverle durante un tiempo esa sensación de simplicidad y pureza que andaba buscando. Allí encontró una pensión que le fió su primera estancia, un grupo de pintores que liderar y, sobre todo, una vida que se asemejaba bastante a su ideal del paraíso perdido. Hasta que sintió la llamada del Pacífico, Gauguin fue feliz en Pont-Aven, entre bretonas ataviadas con su tocado blanco y bosques con infinitos juegos de luces. Hoy, Pont-Aven sigue conservando sus nostálgicos molinos a lo largo del río y su fascinación por la pintura y los artistas. Cientos de galerías se disputan la atención del visitante exponiendo a todo tipo de autores, desde la más rabiosa contemporaneidad hasta ejemplos del estilo de la escuela de Pont-Aven, rompedor en su época y ya convertido en clásico. Es emocionante penetrar en el Museo Municipal de Bellas Artes de la ciudad para contemplar las miles de interpretaciones y ensayos de aquellos hombres que dejaron la vida de las ciudades para intentar desentrañar los secretos de la luz. Después de disfrutar de sus telas, hay que explorar los alrededores de Pont-Aven en busca de los escenarios reales, como la Chapelle de Tremalo, de donde Gauguin sacaría la inspiración para su "Cristo Amarillo". O Le Bois d''Amour, donde el maestro guió tantas veces el pincel de sus seguidores, en especial de Paul Sérusier, y que sigue conservando algunos jirones de aquella atmósfera bohemia.