Planazo de 48 horas en la encantadora, recóndita y sorprendente Palencia

Enlace entre el centro de la península y los puertos del Norte, atesora, además de una enorme herencia, la mejor tortilla de patata de España. Palencia, la Bella Desconocida, te va a encandilar.

Irene González
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Apretada en el centro del triángulo formado por León, Burgos y Valladolid, la Bella Desconocida es todo un planazo de fin de semana. Palencia, que domina una llanura desde su privilegiada posición a orillas del río Carrión, es toda una sorpresa. Y no hay planazo mejor para un delicioso fin de semana, que disfrutar del sosiego entre grandes joyas del patrimonio histórico, cultural, envuelto en leyendas.

Pero además, Palencia tiene una inesperada y concurrida vida nocturna, y una mesa para devorar. La mejor forma para empaparse de esta desconocida ciudad es caminar por la Plaza de León, de donde arranca su calle Mayor, que con 3 kilómetros de longitud cubiertos de soportales, es ideal para tomar el pulso de esta coqueta y tranquila capital. Esta calle principal está salpicada de esculturas, como La Castañera, o la Mujer Palentina, dedicadas al trabajo de la mujer palentina. 

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Esta arteria también enlaza con Los Cuatro Cantones, un punto simbólico de la ciudad; y con su Plaza Mayor, del XVII. Una joya es su Catedral, que levantada en el XIV sobre templos visigóticos, está dedicada a San Antolín, el patrón de la urbe. Sorprendentemente, es una de las más grandes del país, y además, Monumento Histórico Artístico Nacional que conserva obras de El Greco, de Zurbarán, de Juan de Flandes, y una cripta del VII, que muestra los restos visigóticos sobre los que se erige la actual Catedral.

Muy cerca se erige un tesoro románico, la iglesia de San Miguel, un Monumento Nacional quizá del XI, y donde según cuenta la leyenda, se casaron El Cid y Doña Jimena. Santa Clara, que acoge el Cristo de la Buena Muerte, también tiene su leyenda, que narra que el cristo, al que dicen le crecen las uñas y el pelo, se encontró flotando en una urna de cristal en el Mediterráneo, emitiendo un resplandor sobrenatural. 

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Y el convento de San Pablo, del XIII es imprescindible por sus dos figuras de nazarenos en bronce. La Diputación Provincial; el edificio de los Estudios Arroyo y Gallego, precioso por sus vidrieras medievales ; el del Consejo de Cuentas de Castilla y León, de Art Nouveau; y el Colegio de Villandrando, que fue hogar de recogimiento, y formación de institutrices para niñas huérfanas, son un patrimonio único en nuestro país.

Otra sorpresa en Palencia son los sensacionales puentes que cruzan el Carrión. Los principales están junto a San Miguel, donde el más cercano es una pasarela que comunica con el Parque Isla Dos Aguas, en la que, al igual que en el contiguo Puente de Hierro, los enamorados palentinos han impuesto la costumbre de colgar candados, tras arrojar la llave al río para sellar su amor. Atractivo el Puente Mayor, que del XVI, es uno de los más grandes de piedra sobre el Carrión. 

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Y el más antiguo es Puentecillas, de origen romano y Bien de Interés Cultural. El pedestal que se encuentra a la entrada de Puentecillas, el Bolo de la Paciencia, fue durante mucho tiempo el lugar donde las palentinas lavaban su ropa. Tras sellar un gran amor en alguno de estos puentes, los jardines de Palencia son una excelente opción para disfrutar de una de las ciudades más sostenibles, y con más espacio verde por habitante de nuestro país. Los Jardines de la Estación, y el parque Salón de Isabel II, son una delicia de naturaleza urbana.

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Otra experiencia sorprendente es lanzarse a una excursión de vinos y tapas, por los bares del centro, donde entre otras exquisiteces, se ofrece la mejor tortilla de patata del país. Además, los excelentes manjares de la tierra castellana se sirven en La Traserilla, una casona del XIX, imprescindible. En el casco histórico Casa Damián ofrece genuina comida casera; y el auténtico lechazo asado en horno de leña para chuparse literalmente los dedos, hay que degustarlo en Casa Lucio.