Piódão, el pueblo portugués que no se describe, se cuenta…

La remota quinta esencia de las aldeas mágicas...

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: EunikaSopotnicka / ISTOCK
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En el mismo centro de Portugal, a poca distancia del Parque Natural da Serra da Estrela, se esconde atrapada en el tiempo una de las aldeas más fascinantes de toda la península ibérica. Una pequeña freguesía plena de magia que descansa en un lugar remoto rodeado de montañas. Uno de los pocos reductos cercanos que aún conserva toda la autenticidad de las zonas rurales, sólo comparable a algunas de las ancestrales alquerías de Las Hurdes.

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Piódão, una de las aldeas históricas de Portugal, guardiana del pasado, donde no se llega para descubrir una realidad. Se llega para escribir un cuento…

Un mundo aislado que pareciera hechizado

Nos topamos con una pequeña aldea del concejo de Arganil, en el distrito de Coimbra, donde sólo unos cuantos puñados de casas permanecen aún habitadas durante todo el año. Llegamos al corazón de la Serra do Açor, tras una serpenteante ruta de constantes curvas que nos hace avanzar hasta un valle dominado por un paisaje de bancales. Allí aparece Piódão, de manera inusitada, como si de una aparición fantasmagórica se tratase, alejado de toda civilización, abrazado por las montañas en una simbiosis perfecta en la que las pizarras y los esquistos de las viviendas se funden en una misma sinfonía con el entorno. Mientras, los bosques que la circundan hacen el resto, hasta conseguir sumergirnos en una especie de cuento de hadas.

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Se trata de una de las contadas aldeas históricas de Portugal, la quinta esencia de un poblado rural fraguado en tiempos pretéritos que ha permanecido inalterado a lo largo de los años. El hecho de que hasta los inicios de los años setenta del siglo pasado no fuera posible el acceso por carretera, permitió que Piódão conservara por entero su carácter tradicional. Desde entonces, y a pesar de la mejora de las comunicaciones, permanece aún aislada debido a su recóndita ubicación, haciendo del silencio y de la tranquilidad sus mayores atributos.

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Una población que lleva impreso en su personalidad el aislamiento ya desde su fundación en el primer tercio del siglo XVI, manteniéndose incomunicada durante 400 años hasta que fue conectada con Coimbra a través de un camino real. Un lugar retirado de todo que fue en el pasado el refugio perfecto de personas que pretendían mantenerse ocultas, dando lugar a historias y leyendas.

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Una joya etnográfica de valor incalculable

Hoy en día, pasear por Piódão significa conocer en primera persona y de forma auténtica un conjunto rural que ancla su fisionomía actual en tiempos ancestrales.

El escenario no puede ser más cautivador. Las montañas, las brumas recurrentes, los bancales cultivados inundando por doquier el entorno de la aldea y los bosques encuadrando el enfoque en el mágico poblado.

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Un universo de pizarras colocadas milimétricamente para construir toda presencia humana que encontramos a nuestro paso. Las tonalidades grisáceas y parduzcas contrastan poderosamente con puertas y ventanas de algunas de las viviendas, de llamativo tono azul. Cuentan sus habitantes la leyenda popular de que fue precisamente el gran aislamiento de la aldea el que llevó a algunos de sus habitantes a utilizar este vistoso color. Al parecer, es el único color que tenían a su alcance en aquel momento, y el tiempo y la dificultad al desplazarse para obtener otro diferente hizo que optaran por «vestir» sus viviendas de esta manera.

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La plaza principal de Piódão, el Largo Cónego Manuel Fernandes Nogueira, cuenta con el edificio más prominente de la aldea, la Iglesia de Nossa Senhora Conceiçao, que pone la nota discordante en el ambiente con su blanco sepulcral y sus ribetes azules. Mientras, otra construcción religiosa, la Capella das almas, comparte color con la iglesia matriz y parece anunciar con su nombre el paso de las ánimas por las calles desoladas de la aldea.

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Junto a la iglesia encontramos el Museo de Piódão, un tesoro etnográfico que ensalza las formas de vida de los habitantes de la zona y retrata las miradas foráneas de la aldea, mostrándonos a su vez toda una serie de utensilios, herramientas, mobiliario y material fotográfico que repasan los usos y costumbres tradicionales. Ya desde 1994, un programa de recuperación de aldeas históricas de Portugal veló por conservar este gran valor etnográfico de poblados ancestrales como Piódão, con el fin de evitar la pérdida de estas verdaderas joyas rurales.

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Más allá de una aldea de cuento, los alrededores nos invitan a seguir con nuestro relato fantástico al penetrar por el bosque a través de los senderos que parten desde el núcleo habitado. La sierra nos atiende mientras recorremos sus rincones, a sabiendas de encontrarnos en un lugar de nadie rebosante de magia.

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Quizás andando por uno de estos senderos lleguemos hasta el próximo poblado de Foz d’Egua y creamos realmente habernos sumergido por completo en un mundo ilusorio. La imagen de la pasarela colgante sobre el curso fluvial, frente a una piscina natural de aguas de tonos verdosos por el reflejo, cautivan de principio a fin junto al puente y las construcciones de la omnipresente pizarra… Una de las postales más bellas, sin duda, que una persona pueda contemplar en un entorno rural.