Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Es, probablemente, la pintura más famosa del mundo: se puede visitar en una iglesia gótico-renacentista ubicada en el corazón de la ciudad de la moda y el diseño

No hace falta hacerse monje para disfrutar de La Última Cena, de Leonardo da Vinci. Está en la igleisa de Santa María delle Grazie y es una de las paradas de la Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia.

Esta iglesia de origen gótico alberga la pintura más famosa del mundo

Esta iglesia de origen gótico alberga la pintura más famosa del mundo / Unsplash / Diane Picchiottino

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Durante décadas, la pintura más famosa del mundo solo era disfrutada por los monjes que pasaban a diario por el refectorio de la iglesia Santa María delle Grazie, en Milán. No obstante, hoy en día es posible entrar a ver La Última Cena de Leonardo da Vinci sin tomar los hábitos.

El gigantesco mural es una de las paradas que vivirán los viajeros de la Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia, un itinerario con salida en septiembre de 2026 y mayo de 2027 en el que un reducido grupo vivirá experiencias como cruzar la frontera a bordo de un tren Patrimonio de la Humanidad, recorrer las villas del Lago de Como y, sí, contemplar La Última Cena en directo.

Información de Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia
Información de Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia
Correo electrónico: expedicionesviajar@grandazulmarino.com
Teléfono: 900 909 698 / 919 432 374
Sitio web: Expediciones VIAJAR by GRAND azulmarino
La iglesia dominica Santa Maria delle Grazie, en Milán

La iglesia dominica Santa Maria delle Grazie, en Milán / Unsplash / Federico di Dio

Santa María delle Grazie, el mejor lienzo de da Vinci

Donde hoy se alza una de las iglesias más visitadas de Milán había antiguamente una antigua capilla, también dedicada a Santa María de las Gracias, de origen desconocido. Fue en el año 1463 cuando el duque de Milán, Francisco Sforza, ordenó la construcción de un convento dominico.

Las obras, dirigidas por el arquitecto Guiniforte Solari, se prolongaron hasta 1469, pero la iglesia asociada al convento no se completó hasta 1482. Con la llegada del siguiente Sforza, Ludovico, el edificio sufrió modificaciones en el claustro y el ábside, que el arquitecto Donatto Bramante concluyó en 1490.

Como resultado de esta construcción atravesada por diferentes décadas y en plena transición artística, en Santa María delle Grazie conviven gótico con renacentista; y obras de Gaudenzio Ferrari, Bramantino, Bernardino Zenale, Bernardino Butinone y Leonardo da Vinci con los ya retirados al Louvre frescos de Tiziano.

Fachada de Santa Maria delle Grazie

Fachada de Santa Maria delle Grazie / Unsplash / Diane Picchiottino

Cómo se pintó La Última Cena

También conocida como El Cenáculo, la pintura fue encargada en 1949 para ilustrar el refectorio de la iglesia. En lugar de pintar un fresco tradicional, que habría exigido una agilidad con la que da Vinci no se sentía cómodo, el humanista inventó una nueva técnica que plasmaba pintura al temple y al óleo sobre yeso seco.

Durante tres años, da Vinci trabajó completamente absorbido por este proyecto. Según los escritos que se conservan de Matteo Bandello, contemporáneo de Leonardo, había días que estaba subido al andamio "desde que salía el Sol hasta la última hora de la tarde", sin comer ni beber. Otros, ni siquiera cogía el pincel, solo pasaba horas contemplando la obra. También había días que se acercaba a mediodía, daba dos pinceladas y se volvía a ir; y transcurrían largas jornadas en las que solo paseaba por Milán en busca de un rostro para Judas.

La Última Cena, en el refectorio de Santa Maria delle Grazie

La Última Cena, en el refectorio de Santa Maria delle Grazie / Istock / Yan Gluzberg

Esta actitud irritaba al prior, que pidió al duque que diera a da Vinci un toque de atención. Según narran los coetáneos, Leonardo amenazó con poner a Judas la cara del prior, argumentando que le estaba costando encontrar a alguien que tuviera un corazón lo suficientemente depravado como para traicionar al Señor tras haber recibido tantos dones de Él.

Aun para desesperación del prior, este dedicado estudio a las figuras, tan poco habitual en la época (lo normal no era pintar del natural, sino replicar ad nauseam un modelo que le hubiera salido bien al pintor en el pasado) fue, junto con su innovadora técnica, una de las claves para que la pintura alcanzara su fama.

La Última Cena

La Última Cena / Istock / Evgenii Iaroshevskii

Para Leonardo cada trabajo era independiente y jamás se repitió. Estudiaba con dedicación el movimiento individual de cada personaje. La Última cena es un ejemplo perfecto: relata exactamente el momento en que Jesús dice "uno de vosotros me traicionará" y refleja, en palabras del artista, los "movimientos del alma" de cada uno de los implicados.

Milán, la última parada de la Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia

Milán, la última parada de la Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia / Unsplash / Fernando Meloni

Cómo fue la recepción de La Última Cena

Una vez acabada, fue inmediatamente considerada una obra maestra y convirtió a da Vinci en el primer maestro de Italia.

Ya en el siglo XVI, artistas viajaban a Milán solo para ver La Última Cena, para comentarla, tomar notas y copiarla. Gracias a estas reproducciones podemos hacernos una idea de su grandiosidad original, ya que la técnica de Leonardo, aunque le permitió trabajar con parsimonia, hizo que la obra empezara a desprenderse de la pared muy rápido. Hoy en día, gracias a la tecnología actual, se ha podido restaurar con mucha fiabilidad, pero apenas alcanzamos atisbar lo que un día fue.

Si quieres tener la oportunidad de ver en directo esta obra, además de otras muchas experiencias en las que descubrir la cultura pictórica y arquitectónica italiana, te esperamos en la próxima Expedición VIAJAR a Suiza y el norte de Italia. Las plazas son muy limitadas.