La ciudad con nombre de cerveza

Se trata de Pilsen, claro, en la República Checa, famosa por la bebida rubia que elabora desde hace siglos.

Noelia Ferreiro
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Foto: Leonid Andronov / ISTOCK

Es una joya desconocida, enclavada en la región de Bohemia, a apenas una hora de Praga. Una ciudad histórica y monumental pero al mismo tiempo rabiosamente contemporánea. Su nombre, claro, remite a la famosa cerveza con la que forma un binomio inseparable. Porque Pilsen es el lugar donde se elabora desde siglos atrás la deliciosa Pilsner Urquell que dio fama universal a la ciudad.

Entrada a la fábrica de cerveza Pilsner Urquell. | casadaphoto / ISTOCK

Descubrir esta metrópoli checa, una de las más grandes del país, pasa por sumergirse en el universo de esta lager de baja fermentación alrededor de la cual todo gira en este lugar. Está el Museo de la Cerveza, donde se puede conocer la historia de su elaboración desde la edad antigua. También la fábrica, cuyas instalaciones pueden visitarse para descubrir sus secretos. Y por supuesto, las múltiples cervecerías donde se ofrece de manera artesanal.

Entregarse a la tradición cervecera de la ciudad no sólo significa degustar el oro líquido sino también deleitarse con baños y tratamientos a base de lúpulo, una agradable práctica que se ofrece en algunos centros como el hotel-spa Purkmistr. Por si fuera poco, a lo largo del año se celebran numerosos festivales de cerveza. El más grande es Pilsner Fest, que tiene lugar a principios de octubre.

 Pilsen Fes. | fotokon / ISTOCK

Más allá de esta bebida dorada, la ciudad tiene mucho que ofrecer. Pulcra y ordenada, tranquila y apacible, pasear por su casco antiguo es descubrir un escaparate de estilos históricos, una armoniosa fusión de fachadas barrocas, neoclásicas y renacentistas como las que presiden la Plaza de la República, una de las más grandes de Europa.

Aquí, además del Ayuntamiento con sus bellos esgrafiados, se encuentra la catedral gótica de San Bartolomé con una torre de 103 metros, la más alta del país, a la que se puede subir para admirar unas vistas espléndidas. En el centro se yergue la Columna de la Peste, de 1681, con la que se agradeció el moderado efecto que afortunadamente tuvo la epidemia. Y rompiendo el estilo, tres fuentes doradas de líneas abstractas que plasman los símbolos de la ciudad (el ángel, la galga y el camello) y que son hasta el día de hoy estéticamente discutidas. 

Catedral gótica de San Bartolomé. | Lukzs / ISTOCK

También en la plaza están el Museo de Marionetas, que desgrana la tradición de los titiriteros, un arte fuertemente arraigado a esta ciudad y que hace dos años fue inscrito en el patrimonio cultural de la Unesco.

Pero Pilsen es sobre todo la ciudad donde seguir la huella de Adolf Loos, el maestro del interiorismo, que dejó aquí sus más valiosas muestras. Este artista vienés, que protagonizó una revolución estética al rechazar la ornamentación excesiva y dar protagonismo a los espacios privados, está considerado el padre de la arquitectura moderna.

Hasta trece apartamentos legó Loos a esta urbe checa en los años 30 del pasado siglo, cuatro de los cuales han sido rescatados para ser abiertos al público. Estos cuatro inmuebles diseñados y decorados según sus valores de intimidad y confort, son, por su magnitud, todo un fenómeno en Europa. Visitar la residencia Semler (Klatovska, 110), el apartamento de los Vogl (Klatovska, 12), la vivienda de la familia Kraus (Bendova, 10) y la casa Brummel (Husova, 58) es descubrir una pieza fundamental de la historia del arte.