Por qué Petra es uno de los lugares más impresionantes del planeta

Históricos, naturales, aventureros, culturales... Aunque hay millones de motivos para dejarse cautivar por Jordania, nada consigue eclipsar a su gran joya: un milagro excavado en la roca cuya visión encoge el corazón.

Noelia Ferreiro
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Foto: peled99 / ISTOCK

Es el gran orgullo del país, una de las siete maravillas del mundo, una obra de arte tallada en piedra a la que muchos consideran, sin exageración, el más bello enclave arqueológico que ha dejado para la posteridad el ser humano. Ni siquiera las postales vistas hasta la saciedad consiguen aminorar su efecto. Hay que estar ahí y perderse en el laberinto de arenisca, admirar sus contrastes, pasear bajo esas paredes que a veces se estrechan tanto que no dejan ver el cielo, mientras la luz se cuela por los vericuetos con asombrosos juegos de magia. Sólo así se aprecia la grandiosidad de las tumbas, fachadas, teatros y escaleras de esta ciudad labrada en la roca.

Petra es el gran atractivo de Jordania, el hermoso país de resonancias bíblicas y huellas de la antigüedad que se mantiene como un oasis de calma entre los tumultos de Oriente. Un país que permite bucear en la historia a través de sus yacimientos, y al mismo tiempo, vibrar al ritmo de nuestros días en emplazamientos modernos presididos por la capital, Amán, plagada de restaurantes, galerías y boutiques de moda que guardan la esencia de un lugar legendario.

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Así debió de ser Petra también en sus orígenes, cuando fue alumbrada por los nabateos, un pueblo profundamente místico pero a la vez inclinado a los negocios, llegado desde la Península de Arabia para asentarse en el sur de Jordania. Gente inteligente donde las haya, que aprovechó el filón de las rutas comerciales (esas caravanas cargadas de seda, incienso, especias, marfil…) para establecer un peaje por su paso y alumbrar así un poderoso reinado.

De este modo nació Petra, que no fue construida sino tallada en la montaña rojiza, dejando al descubierto unas vetas multicolores que la decoran como pinturas oníricas. Una ciudad palpitante recorrida por calles pavimentadas, terrazas agrícolas, sistemas de canalización del agua… y arte, mucho arte plasmado en sus templos y nichos votivos.

El recorrido de Petra se inicia en la maravilla del siq, una angosta garganta que raja la montaña a lo largo de más de un kilómetro de abrumadora belleza natural. De pronto, cuando uno menos se lo espera, se abre para desembocar en el Tesoro, la más icónica construcción del complejo, que es en realidad un monumento funerario erigido en el siglo I antes de Cristo.

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Tal es la belleza de esta majestuosa fachada que el Séptimo Arte no se ha resistido a retratarla en numerosas ocasiones. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, a aquel joven Harrison Ford a lomos de un caballo y en busca del Santo Grial? Pero más allá de Indiana Jones, Petra no se acaba en su famoso Tesoro, sino que más bien empieza: a partir de aquí aguarda todo un laberinto de sorpresas.

 Entre su inmensa lista de monumentos destacan las Tumbas Reales, el Monasterio o la Calle Columnada, donde el arte nabateo se muestra en todo su esplendor. Un arte que tuvo su mayor acierto en absorber las influencias de las culturas externas y añadirles un toque nativo. De esta forma, paseando por la ciudad perdida se descubren estilos egipcios, mesopotámicos, grecorromanos… siempre entre abrumadora magia natural, encajados como están entre barrancos y desiertos.

Petra de noche con velas. | cinoby / ISTOCK

Pero si Petra se muestra impresionante por el día, es en su visita nocturna cuando despliega su mayor hechizo: a la luz de las velas y bajo la evocadora música de los beduinos, la entrada triunfal por el siq hasta dar con el Tesoro en penumbra no puede resultar más sugerente. Tres veces por semana (lunes, miércoles y jueves) tiene lugar este espectáculo que comienza a las 20:30 horas y termina a las 22:00 horas. Alrededor de mil ochocientas velas marcan el recorrido por la Ciudad Perdida justo para confirmar que se trata de uno de los lugares más impresionantes del planeta.