Perito Moreno, el sobrenatural coloso de hielo

Dicen que contemplarlo es una experiencia que marca un hito en la vida. El más famoso glacial de la Patagonia es tal vez el mayor reclamo de Argentina

Noelia Ferreiro
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Foto: ailtonsza / ISTOCK

El coloso de hielo aparece de pronto como una muralla, pintado de un color azul eléctrico con miles de tonalidades. El coloso de hielo se presenta sin avisar entre un paisaje abrupto, con cerros desdentados al fondo y un enorme reflejo turquesa al que llaman lago Argentino. El coloso de hielo irrumpe e impone un respeto absoluto, un silencio sobrecogedor que nadie se atreve a romper. Porque su belleza es amenazante y soberbia. Hablamos, claro, del Perito Moreno, la estrella del Parque Nacional de los Glaciares. Un gigante accesible cuya sola visión justifica el viaje a Argentina.

Dicen que hay experiencias que marcan un hito en la vida. Y para los amantes de la naturaleza, aquellos que son capaces de estremecerse con los milagros de la madre tierra, ésta es sin duda una de ellas. El sueño de todo aventurero. Y es que, entre los 356 glaciares de este hermoso espacio protegido de 700.000 hectáreas, entre las maravillas de este impecable desfile patagónico de blancos y celestes, el Perito Moreno es el fenómeno más imponente: un bloque con un frente de cinco kilómetros y una altura de más de 60 metros sobre el nivel del agua.

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Su origen se debe a las tormentas del Pacífico, cargadas de humedad, que descargaron al este de la cordillera de los Andes. El agua se fue acumulando en forma de nieve que, durante miles y miles de años, sometida a una enorme presión, se cristalizó convertida en hielo. El resultado es este mágico gigante que hoy contemplamos en lo que constituye una experiencia tanto visual como auditiva, un espectáculo en toda regla. Porque este glacial, que debe su nombre a un explorador, tiene la virtud de cambiar su aspecto a medida que avanza el día. La luz que se desborda desde el cielo austral incide en sus grietas, cavidades y grutas, devolviendo formas caprichosas, pequeñas cascadas de agua y cristales tan resquebrajados como el perfil de un diamante.

El Perito Moreno es también mundialmente conocido por sus procesos de ruptura. Cada poco, si se es paciente, se puede asistir a este fenómeno: enormes icebergs del frente se separan y caen estrepitosamente en el canal de los Témpanos, sobre un agua a la que llaman leche glacial. Contemplarlo desde las pasarelas próximas, mientras se escucha desprenderse estos trocitos de hielo con un crujido seco, es uno de los momentos mágicos de este destino al que se debe acceder desde El Calafate, el pueblo más cercano al glacial, a tres horas en avión desde Buenos Aires. Un momento sólo superado por el de caminar sobre su techo con crampones (cuando el buen tiempo lo permite, claro), en una apasionante excursión sobre extrañas formas y cuevas congeladas que culmina con un vaso de whisky... con hielo del glaciar, por supuesto.

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Pero el Perito Moreno no es la única joya del lugar. Una excursión en barco por el canal permite contemplar también a sus hermanos: el Upsala, el Spegazzini y, tras una breve caminata, el Onelli, el Agassiz y el Bolado. Después habrá que zamparse sin complejos un cordero patagónico –el plato más característico de la zona preparado al estilo tradicional - y el día habrá sido perfecto.

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