Pequeños (y grandes) detalles que no te puedes perder cuando visites Roma

En cada uno de sus grandes clásicos, hay que estar atentos a estas curiosidades

Noelia Ferreiro
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Roma la bella, la monumental. Roma, la ciudad eterna. La admirada, filmada, cantada y fotografiada Roma, la capital de un imperio de hace más de dos mil años, esconde entre sus pliegues algunos secretos interesantes.

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Las esculturas enemigas de La Piazza Navona:

Es una de las plazas más hermosas y un animado punto de reunión. Aquí encontramos vendedores ambulantes, artistas callejeros, pintores, terrazas, bares, restaurantes... Y gente, mucha gente que acude a disfrutar de este ambiente o a admirar la belleza de esta plaza elíptica construida sobre un antiguo estadio romano. En el centro se alza la imponente Fontana dei Quattro Fiumi (Fuente de los Cuatro Ríos), del maestro Bernini, justo enfrente de la Iglesia de Sant’ Agnese in Agone, obra de su enemigo acérrimo, Borromini. ¿Te has fijado en que una de las figuras de la primera se tapa los ojos, horrorizada, ante la visión de la segunda?...

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Flores… y herejes en Campo dei Fiori

es uno de los rincones más bulliciosos de la ciudad. Y también uno de los más pintorescos, gracias al característico mercado romano que, cada mañana -excepto los domingos-, llena de color la plaza con sus puestecillos de frutas y verduras. El nombre, que se debe a que en su día fue un campo florido, pero también a una tal Flora amante del general Pompeyo, contrasta con la estatua de un hombre con capucha y aspecto siniestro. Este hombre fue Giordano Bruno, un humanista del siglo XVI que acabó quemado en la hoguera en este preciso lugar. El motivo: haber pecado de hereje.

Campo dei FioriUno de los rincones más bonitos en pleno centro de la ciudad es este pequeño patio. En ella se encuentra la famosa estatua que los estudiantes no pueden mirar a los ojos hasta no terminar la carrera... al menos que te quieras arriesgar a no terminarla según dice la leyenda. |

La Cordonata Capitolina también es una obra de Miguel Ángel

Así llaman a esta calle en pendiente, formada por grandes elementos de piedra que simulan una escalera. Y aunque su belleza es innegable, pocos saben de su autoría.  ¡Cuánta vergüenza le daría al Papa Pablo III el mal estado de esta calle para ordenar su remodelación al propio Miguel Ángel!... Cuentan que por esta vía inclinada había de pasar Carlos V en un desfile triunfal. Y que el Papa, claro, quería que fuera con los fastos propios de tal evento. Por ello el genial artista diseñó esta elegante cordonata que desemboca en la Plaza del Campidoglio, flanqueada de obras escultóricas.

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El Arco de Constantino es el más grande del mundo

Puede que su cercanía al Coliseo le reste algo de protagonismo, pero lo cierto es que el Arco de Constantino no pasa desapercibido. Y no sólo porque, de todos los arcos de triunfo, éste es el de mayor tamaño, sino también porque se trata del mejor conservado de Roma. Este singular monumento, que se erigió para conmemorar la victoria del emperador en el año 312, tiene la peculiaridad de haber sido construido gracias al expolio de otros edificios anteriores.

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La Plaza de España ¿inglesa?

Con su famosa escalinata siempre abarrotada de gente, se ha convertido en uno de los múltiples símbolos de la Ciudad Eterna. Llamada así porque albergó en su día la embajada española, lo curioso es que fue un lugar tan frecuentado por los ingleses que llegó a llamarse 'gueto inglés'. De ahí que hoy todavía perviva el Babington's Tea Room y que el poeta inglés John Kyats viviera y muriera en una casa de la escalinata, hoy reconvertida en museo.

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La Capilla Sixtina, una “obra menor”

Aunque es la obra cumbre de Miguel Ángel, el polifacético artista, en un principio, se negó a pintar estos frescos porque consideraba la pintura un arte menor que la escultura. Sin embargo, los techos de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, constituyen una de las más sublimes obras de arte de todos los tiempos. Miguel Ángel tardó cuatro años en decorar las alturas para, años más tarde, emprender una nueva pintura, tal vez mejor que la anterior: el Juicio Final -o el Juicio Universal- en la pared detrás del altar. Ese Dios inmisericorde que descarga su castigo sobre una asustada humanidad.

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La huella cinéfila en La Fontana di Trevi:

¿Quién no recuerda a aquella sensual Anita Ekberg, con su ceñido vestido negro, inmersa en las aguas de la Fontana di Trevi? Fellini inmortalizó esta escena nocturna en La Dolce Vita, convirtiéndola en un icono de la historia del cine. Y aunque hoy numerosos turistas acuden a la fuente más famosa de la ciudad solo por esta secuencia, lo cierto es que su carga cinéfila va mucho más allá: este prodigio de piedra con Neptuno en el centro y esos dos tritones que representan el mar agitado y el mar en calma también aparece en películas como Tres monedas en la fuente', Tototruffa 62... y, por supuesto, Vacaciones en Roma.

D.R.

La Bocca della Verità

Hablando de este último filme, también hay una curiosidad en la Boca de la Verdad. Unos dicen que se trata de una antigua fuente de la Edad Clásica que representa al dios del río. Otros, que es la tapa de una antiquísima cloaca romana. La leyenda añade que esta boca de piedra perteneciente a un rostro masculino, con barba y ojos y nariz perforados, muerde la mano a todo aquel que la introduce y no dice la verdad. Es justo lo que le pasó a Gregory Peck ante los ojos atónitos de Audrey Hepburn...

Bocca della VeritáLa Boca de la Verdad (Bocca della Veritá) es una legendaria mascara de mármol. Es tradición introducir en la boca de la mascara la mano que, según la leyenda, se cerraría para morder a los mentirosos. |