La pequeña ciudad termal de Inglaterra que tiene más de 5.000 edificios protegidos: fundada por los romanos, tiene el puente más bonito del mundo y es Patrimonio de la Humanidad
No hay otra ciudad tan señorial ni tan arquitectónica como esta en toda Inglaterra.

Cuando los romanos llegaron a Inglaterra descubrieron un lugar más que interesante para ellos: una fuente termal escondida en el valle del río Avon, a los pies de las colinas que hay al suroeste de la isla de Gran Bretaña. Se instalaron y fundaron una ciudad termal que hoy es una de las grandes joyas de la arquitectura británica. Y la ciudad más bonita de Inglaterra.

De eso han pasado ya casi 2.000 años, y la ciudad no solo sigue en pie sino que es una de las visitas obligadas cuando se viaja a Londres, a solo dos horas y media de distancia en coche. Y a unos 40 minutos de Bristol.
Cuál es la preciosa ciudad termal a un paso de Londres
Lo cierto es que la historia de Bath se remonta un poquito antes de la llegada de los romanos. Y es que hay testimonios de que los celtas estuvieron primero, allá por el siglo IX a.C, aunque no fue hasta el imperio que los baños adquirieron una importancia vital: a ellos se les debe la creación de la estación termal, aunque no como la conocemos hoy.
Con la caída del imperio, cayó también el uso de los baños, hasta que volvieron a ser recuperados en el siglo XII; eso sí, no fue hasta el XVIII cuando se convirtieron en el lugar de peregrinaje de la alta sociedad inglesa que tanta fama y edificios bonitos llevó a la ciudad.

El destino de la élite británica
Bath comenzó a ganar popularidad en esa época, convirtiéndose en destino de descanso y atrayendo a las grandes fortunas, que comenzaron a levantar palacetes y lugares de vacaciones. Era el período georgiano, y su arquitectura ha llegado prácticamente intacta hasta nuestros días.
De hecho, es casi como un escenario de película, tan auténtico que sus calles y edificios principales han sido protagonistas de series de Netflix tan conocidas como ‘Los Bridgerton’, cuya trama sucede entre sus librerías, salones de té y otros comercios tradicionales.

Rico patrimonio arquitectónico y monumental
Bath cuenta con más de 5.000 edificios protegidos, lo que confirma su importancia y esplendor, herencia de aquel siglo XVIII de bonanza y que la han convertido en una ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y las termas son sus grandes protagonistas.
Son casi un museo en el que todo gira en torno al manantial sagrado, una fuente de agua que brota a 46ºC de temperatura desde hace miles de años. Y no es lo único interesante que todavía sigue en pie: los mosaicos del antiguo templo romano y la piscina rectangular porticada son dos de los grandes atractivos de las termas.
Junto a las termas, la abadía de San Pedro y San Pablo es otra de las joyas del rico patrimonio de Bath, situada frente al complejo termal. Es uno de los mejores ejemplos del gótico inglés. Visitarla por dentro es contemplar una bóveda de piedra espectacular (tiene una singular forma de abanico) y grandes ventanales. Imprescindible.

El puente más bonito del mundo
Igual que el puente Pulteney, que además de ser uno de los pocos puentes habitados que quedan en el mundo, es uno de los más bonitos del mundo. Está sobre las aguas del río Avon, de aspecto señorial y arquitectura típicamente victoriana, es, posiblemente, uno de los lugares más singulares para ir a desayunar en Bath.
Ver de cerca el Royal Crescent, un imponente y elegantísimo edificio residencial de viviendas con forma de media luna, o The Circus, uno de los mejores ejemplos de arquitectura georgiana de la ciudad, y entrar en los salones señoriales de Grand Pump Rooms, son visita obligada en Bath. Cuando vayáis, sabréis por qué.
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