Pedernales, el secreto mejor guardado de República Dominicana

La región más remota y desconocida de la isla caribeña vive de espaldas al turismo y se mantiene milagrosamente virgen

Noelia Ferreiro
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Foto: Sergii Batechenkov / ISTOCK

A República Dominicana se la conoce por sus estupendos complejos (con sus imbatibles paquetes de all inclusive) a la orilla de las mejores playas del Caribe. También por la magia de Samaná, el apéndice del norte donde se esconde un hermoso catálogo de maravillas naturales. Y, por supuesto, por la explosión de color de Santo Domingo y su contagioso ritmo sabrosón. Sin embargo, hay una región remota que escapa a los ojos del turismo. Un lugar de milagrosa virginidad que resulta completamente desconocido pese a albergar las características geográficas más singulares y las zonas protegidas más importantes. Apúntelo para su próxima visita: su nombre es Pedernales y se oculta en el profundo sur, como lo llaman los lugareños, ya en la frontera con Haití.

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Explosiva naturaleza

Pedernales no se parece en nada a ningún otro rincón del país. Aquí la naturaleza se expresa en forma de exótica flora silvestre, aves, reptiles endémicos y una abundante vida marina. Y el paisaje está dibujado con bosques, cuevas, lagos y playas de aguas cristalinas, al abrigo de acantilados kársticos que permanecen intactos desde la época precolombina.

En el extremo meridional la isla adopta la típica orografía de las Antillas con su combinación de ecosistemas: campos áridos, costas rocosas, termas, arrecifes de coral… Y también todo un universo de cavernas que son un alarde de gótico subterráneo en el que se puede admirar el valioso arte rupestre de los indios taínos.

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Agua por doquier

Tal es el caleidoscopio de tesoros naturales que atesora esta región, que aún hoy es objeto de estudio para los biólogos, atraídos por la biodiversidad. En ella el agua es la protagonista, como demuestra el Lago Enriquillo que, con sus 350 kilómetros cuadrados de superficie, es el más grande del Caribe y la única masa líquida de la región que se encuentra a más de 43 metros por debajo del nivel del mar.

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Quienes se atrevan a acercarse en barco a la Isla Cabritos, ubicada en el centro, contemplarán a los cocodrilos americanos repanchingados al sol. Especies más mansas (flamencos, garzas reales, azules y blancas, espátulas rosadas, playeros occidentales…) se encontrarán en la Laguna de Oviedo, que tiene un nivel de agua salada tres veces más alto que el del mar y que presume de atardeceres de postal, con el sol tiñendo de rojo su laberinto de manglares.

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Playas idílicas

Claro, no podía faltar en Pedernales la seña de identidad dominicana. Las playas salvajes son otro de sus grandes reclamos, con peces que nadan en la orilla al acecho de los pelícanos. Destaca Bahía de las Águilas, dentro del Parque Nacional Jaragua, reconocida como una de las más hermosas del país. Un arenal de color marfil de unos ocho kilómetros de longitud, que no sólo contrasta con las aguas esmeraldas sino también con la exuberante vegetación de la Sierra de Bahoruco.

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Otra playa, Cabo Rojo, es famosa por albergar uno de los arrecifes coralinos mejor preservados del Caribe, así como por ser el hogar del manatí antillano y la tortuga carey. Ideal, pues, para hacer submarinismo en el que está considerado uno de los principales destinos de buceo del país por una serie de características únicas. Entre ellas, sus magníficas formaciones rocosas y la limpieza de unas aguas que van desde los cuatro hasta los 30 metros de profundidad.

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