Patagonia, la última frontera

La tierra que conmovió la "imaginación literaria" de Chatwin y Theroux supone el último límite posible de traspasar. Porque incluso los colores de las pocas rocas que se aprecian al sobrevolar El Calafate eluden la percepción: a veces son verdes, y otras, marrones.

Perdida en un inmenso espacio de plena naturaleza, la tierra que comparten Chile y Argentina no es ni un país ni una provincia. Su clima es caprichoso, con una topografía que oscila entre llanuras semidesiertas y torres de hielo. El mismo nombre de Patagonia alude a su remota quintaesencia de frontera, en las mismas puertas del aislamiento terráqueo. Patagonia ha ido ganando adeptos como un destino turístico único, que adquiere su aspecto más benigno a partir de diciembre, con el verano austral.
Durante el último siglo, la Patagonia fue territorio de pastoreo, y aún lo sigue siendo: la proporción de rumiantes respecto a hombres es de diez a uno. Muchas de las estancias o ranchos abandonados han resurgido como encantadoras hosterías, pequeños hoteles desde donde visitar el Parque Nacional de los Glaciares, el paisaje impresionante del hielo azul. Una de ellas es Alta Vista (www.hosteriaaltavista.com.ar. Habitación y ruta, 220 €), que ofrece un combinado de alojamiento y excursiones a caballo para ver el Perito Moreno, un inmenso glaciar cuatro veces más grande que la isla de Manhattan. Construido en los años 20 por pioneros yugoslavos, tras su estética gaucha este hotel organiza, como tantos en la zona, todo tipo de actividades para los visitantes, desde itinerarios en bicicleta hasta jornadas de senderismo y observación de la naturaleza.
En las inmediaciones también puede visitarse una de las mayores fincas de la región, la Estancia Anita, donde en diciembre se puede contemplar el afeitado de las 22.000 ovejas que componen la cabaña local. En las laderas del Monte Fitz Roy, otra hostería, El Pilar (www.hosteriaelpilar.com.ar. Habitación doble, 120 €), ofrece sesiones de esquí nórdico, entre otras opciones. Más al norte, el trayecto entre el chileno Puerto Varas, a orillas del lago Llanquihue, hasta la argentina Bariloche descubre irrepetibles formaciones lacustres, volcanes y parques nacionales.
Bajo la atenta mirada del volcán Osorno, de 2.660 metros de altura, despierta admiración en la ruta el lago Esmeralda o de Todos los Santos, dentro del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, hasta llegar a la frontera argentina que anuncia el volcán Tronador, de 3.491 metros, y que prolonga el paisaje hasta Puerto Pañuelo, cerca de Bariloche. En medio de la ruta queda el otro pulmón natural de este itinerario que combina senderismo, rutas fluviales y una buena dosis de paisaje impoluto: el lago Nahuel Huapi, enclavado dentro del parque homónimo, de 750.000 hectáreas, un bosque patagón habitado por especies únicas, como el ciervo miniatura o pudú.
Las opciones de alojamiento tienen un estilo más alpino. La madera y la piedra decoran la fachada de locales como las chilenas Cabañas del Lago (Puerto Varas. www.hotelcabañasdellago.cl) y el argentino La Cascada Hotel (Lago Nahuel Huapi. www.lacascada.com). En cualquiera de ellos sirven los contundentes platos locales, donde se impone el salmón y el guiso típico curanto, un compendio de carnes, mariscos y patatas.
CÓMO LLEGAR: Viajes Marsans (www.marsans.es) propone para estas navidades varios circuitos por la Patagonia chilena y argentina. El de Paisajes Patagónicos, con visita extra a Iguazú, de 13 días de duración, cuesta 2.399 €.
MÁS INFORMACIÓN: www.gochile.cl