Tras los pasos del silencio: cinco monasterios para perderse

Seguimos los pasos del silencio de los monjes, a través de los monasterios más desconocidos y sorprendentes. Su herencia, de hace más de 1 000 años, hoy está en boga, porque nadie como ellos, ha sabido crear sus refugios de recogimiento y labor, en los entornos más asombrosos. Nos perdemos por cinco misteriosos monasterios, aún por descubrir.

Irene González
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Foto: santirf / ISTOCK

Para disfrutar de muros centenarios donde el tiempo se ha detenido, una silenciosa propuesta es perderse por algunos de los monasterios más desconocidos de nuestra geografía. Son hermosos, singulares y silenciosos edificios llenos de espiritualidad, arte e historia. Porque, aunque no lo parezca, en ellos se cocía casi todo lo importante del momento. Aparecieron en los primeros siglos del cristianismo, cuando la primitiva vida eremítica dio lugar a la formación de comunidades religiosas y a la construcción de pequeños monasterios en el siglo VI.  Pasado el tiempo, durante la repoblación se hicieron muchas mejoras en estos edificios, e incluso construyeron nuevos. En la época de la Reconquista llegaron los benedictinos de Cluny y fue cuando empezaron a evolucionar con las nuevas órdenes como del cister, las militares, cartujos, agustinos, o mendicantes, entre otras En el siglo XVII se levantaron muchos conventos, ahora cerca de las ciudades, o incluso, dentro de las urbes, algo impensable hasta aquel momento.

Desde siempre han sido centros religiosos, pero también políticos, militares y sanitarios. Han tenido un papel social fundamental desde la llegada y asentamiento de los visigodos. En la intrigante Edad Media, lo que se cocía en ellos tuvo gran peso desde un punto de vista social, artístico y cultural, y como no, político. También supuso un gran avance en la agricultura y en la medicina, ya que muchos poseían botica, donde los monjes experimentaban con hierbas y métodos curativos. En su proliferación también colaboró el Camino de Santiago, a lo largo del que se fueron levantando estos edificios religiosos para socorrer al peregrino. Además de orar, elaboraban dulces, vinos, licores y queso. Cultivaban pequeñas huertas y realizaban grandes labores agrícolas, además de investigar en sus boticas, cuidar enfermos, y hacer las funciones de colegio, entre otras muchas otras actividades. Y como no, era un cementerio para monjes, donde curiosamente, los cistercienses se enterraban, sin ataúd, directamente en la tierra y bocabajo.

Los abades eran enterrados en la sala capitular Y hoy en día son un libro abierto de la historia religiosa, y de la historia político-militar. En ellos se retiraban a morir emperadores, como en el de Yuste, en la increíble comarca extremeña de La Vera. En esta joya de la naturaleza se recluyó el emperador Carlos I de España y V de Alemania. También fueron refugio de reinas viudas y princesas desoladas .Los hay monumentales como el majestuoso Monasterio de El Escorial, considerado como la Octava Maravilla del Mundo. También se ha reconvertido en inmejorables hospederías y alojamientos, como el Monasterio de Santa María del Paular en Madrid, o el de San Clodio, en Leiro. Este desconocido claustro orensano, cisterciense del XII, Monumento Histórico Artístico En sus antiguas caballerizas, y su bodega con siglos de historia, se acaba de inaugurar un spa vinoterapia con tratamientos derivados de la uva y el vino. Caminamos por 5 abadías desconocidas, toda una ruta casi celestial

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1. Monasterio de Sant Miquel de Fai. Sant Feliu de Codines. Barcelona

Erigido sobre una roca, que hace las veces de techo, es uno de los monasterios más espectaculares de nuestra geografía. Y el paisaje que lo rodea resulta igualmente impresionante. Es un conjunto de interés histórico y arquitectónico, con una gran iglesia troglodítica del XII, y rodeado de cascadas, acantilados, grutas, balsas naturales y cuevas. El Monasterio es una delicia por la casa del Prior, convertida en restaurante, su iglesia románica del X, y la ermita del XII. Cerca está la Escuela de Naturaleza, con actividades para observar y descubrir su fauna y vegetación.

Monasterio de Sant Miquel de Fai. Sant Feliu de Codines, Barcelona. | santirf / ISTOCK

2. Monasterio de Tentudía. Calera de León. Badajoz

Construido durante el siglo XIII, el Monasterio de Tentudía es uno de los mejores ejemplos del mudéjar español. Con un origen rodeado de leyenda, el convento se convirtió en uno de los centros más importantes de la Orden de Santiago, y fue declarado monasterio por el Papa León X. En su interior se expone el retablo del maestro azulejero Niculoso Pisano, la imagen de la Virgen de Tentudía del XVIII, y el claustro de estilo mudéjar, del XVI. Otra de las joyas de este desconocido tesoro, es su increíble ubicación, sobre una loma que muestra la bella campiña extremeña.

Monasterio de Tentudía. Calera de León. | chiquizafra / ISTOCK

3. Real Monasterio de San Jeroni de Cotalba. Alfauir. Valencia

A tan solo 8 kilómetros de la popular Gandia se alza una de las construcciones monásticas mejor conservadas de la península.  Es Bien de Interés Cultural por sus interesantes estilos mudéjares, góticos, barrocos y neoclásicos. Los jerónimos no encontraron mejor ubicación que el altozano de Cotalba para construir en el XIV, el monasterio. La torre gótica, el patio de los naranjos, su claustro mudéjar, su antigua iglesia, el silo, el lagar, las caballerizas, la antigua cocina de los frailes, y los impresionantes jardines y el acueducto gótico, hacen imprescindible sentir el silencio San Jeroni de Cotalba.

4. Monasterio de Santa Clara. Moguer. Huelva

En la Plaza de las Monjas, de la desconocida Moguer, se alza el Monasterio de Santa Clara fundado, en el XIV y de gran importancia porque en el ingresaban las hijas de las familias más nobles e influyentes de aquel momento. Hasta Santa Clara llegó el almirante Colón para pedir a Inés Enríquez y Fernández de Córdoba, su abadesa, que apoyara su viaje hacia lo desconocido, ante su sobrino Fernando el Católico. Su epicentro es el Claustro de las Madres, y en su Iglesia están los sepulcros en sus fundadores. Contigua, la sala del Coro Bajo donde rezaban la Liturgia de las Horas, con una puerta del XV, una exclusiva sillería nazarí del XIV, y un bellísimo comulgatorio.

Monasterio de Santa Clara, Moguer. | grahamheywood / ISTOCK

5. Monasterio de Santa Cristina. Ribas de Sil. Orense

Si los monasterios de la Ribera Sacra invitan a la unión con la naturaleza, el de Santa Cristina resulta misterioso, y uno de los más seductores y desconocidos de Galicia. Entre robles y castaños centenarios, posee un halo mágico. Llama la atención el elegante rosetón de su iglesia, la puerta del claustro, su Torre Campanario, sus escudos de Calatrava, y sus laudas.  Es del siglo X, y fue uno de los más importantes de la Edad Media, cuando sus monjes benedictinos se dedicaban al cultivo del castaño y la vid.

Monasterio de Santa Cristina. Ribas de Sil. Orense. | MIGUEL RIOPA / GETTY

 

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