Teruel para principiantes

La capilla que atesora la iglesia de San Pedro es símbolo de una ciudad fascinante que esta Navidad abre las puertas de sus principales edificios patrimoniales.

Manuel Mateo Pérez
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La capilla de los Amantes encierra un bello sepulcro, tallado por Juan de Ávalos, en el que descansan los restos óseos de Isabel de Segura y Diego Garcés de Marcilla. Está en la iglesia de San Pedro, a un salto de la plaza del Torico, el kilómetro cero de la ciudad de Teruel, el cruce de caminos por donde toda la ciudad pasa. Cuenta la historia que los dos jóvenes se enamoraron perdidamente, pero las rivalidades sociales de aquella época le imposibilitaban su unión.

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Isabel era rica y Diego pobre. El amante pidió a su joven amada cinco años para hacer fortuna. Así lo hizo. El día que se cumplían los cinco años de espera Isabel de Segura contrajo matrimonio con un caballero elegido por el padre de la joven. Pocas horas después llegaba a Teruel Diego Garcés de Marcilla, trayendo consigo la fortuna amasada tras un duro lustro de trabajo. Al conocer la noticia de la boda, Diego corrió en busca de su amada y le pidió únicamente un beso que ella acabó negándole.

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Desposeído y desencajado por el dolor, Diego murió a las pocas horas. A los oídos de la joven llegó la noticia de su muerte y corrió al cementerio a besar los labios que antes había rechazado. En aquel momento, justo cuando lo besó, Isabel cayó muerta sobre el cuerpo sin vida del hombre al que siempre amó.

El templo de San Pedro fue construido en su totalidad desde los alientos del mudéjar. Comenzó a construirse en 1319 y su campanario exhibe parecidos estéticos con el torreón catedralicio que no anda lejos. La portada está atestada de motivos geométricos entrelazados con cerámicas vidriadas que aportan un extraordinario colorido. Es recomendable su claustro.

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Estos días Teruel es una ciudad agitada y bulliciosa. Están abiertos de par en par todos sus grandes edificios patrimoniales y la ciudad y sus autoridades se han empeñado en ponerlos en valor. Es el caso, por ejemplo, del museo de la provincia, uno de los más ricos centros expositivos de cuantos abren sus puertas en Aragón. En él sobresalen salas de arqueología e historia que ofrecen pistas para entender el desarrollo de la capital y sus pueblos.

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Destaca igualmente unos salones donde se guarda todo el rancio sabor de la vieja ciudad. Las artes y costumbres populares, los modos de vida de hace siglos, la fisonomía de las casas, los utensilios de campesinos y ganaderos son expuestos en la actualidad en este palacio solariego que posee desde su terraza una soberbia vista de la vieja ciudad.

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No conviene marchar de Teruel sin antes ver la plaza de San Juan y bajo la plaza del Óvalo la fuente neomúdejar que conduce hasta la estación ferroviaria. Todo, en definitiva, es un halago a este arte. Todo en Teruel retrotrae a otras épocas donde la convivencia entre mudéjares y cristianos viejos no sólo era posible, si no además muy fructífera.

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Por cierto, estos días de Navidad la cocina turolense está de moda a través de una ruta culinaria a la que se han sumado los mejores comedores de la ciudad. La gastronomía turolense apela a platos con consistencia. Sustanciosas sopas y pucheros comparten famas con las migas con uvas, los ternascos y los cuidados postres de tradición conventual. Los más célebres restaurantes de la capital rodean la plaza del Torico y la cercana plaza de San Juan.