Un paseo por el Real Jardín Botánico de Kew

Un capricho victoriano reconvertido en un centro puntero de investigación botánica.

Estela Pérez
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Virginia Woolf encontró la inspiración en el lento descenso de un caracol y en las conversaciones de los paseantes. Protagonista de uno de sus relatos más poéticos, los Jardines Kew fueron uno de los “momentos de existencia” que daban aliento vital a la escritora. Este espectacular jardín botánico situado en el suroeste de Londres, presume de tener la colección de plantas vivas más extensa del mundo, convirtiéndose en un lugar de peregrinaje para investigadores, botánicos amateurs o para cualquiera que quiera dejarse maravillar por las formas caprichosas del mundo vegetal. 

Bordeando el río Támesis, entre Richmond y Kew, los jardines fueron una idea primigenia del Lord Capellán de Tewkesbury en el siglo XVIII, aunque pasó por las manos de la princesa Augusta, Jorge III, William Hooker y Richard Turner, quienes lo ampliaron hasta las 121 hectáreas actuales con distintas estructuras, invernaderos, casas y espacios. Su importancia es tal que en julio de 2003 la UNESCO lo incluyó dentro de la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad

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Los Jardines Kew se componen de una extraordinaria colección de miles de plantas y árboles de todo el planeta. Este centro a la vanguardia de la investigación botánica se distribuye en seis grandes invernaderos, un herbario y una biblioteca. Esta última parte, es una revisión del almacenaje de la materia prima de los libros: los árboles. Bautizada como Arboretum, se trata de una biblioteca viviente con más de 14.000 especies, muchos de ellos datados en el siglo XVIII, que rodean el Lake and Slacker, el lago principal de los jardines. 

El hecho de que los jardines se localicen en Londres, no es impedimento para darse un paseo por el mundo asiático. El gusto de la aristocracia británica por la cultura nipona quedó reflejada en un área botánica dedicada al Imperio del Sol Naciente compuesta por el Jardín de Bambú, una de las mayores colecciones de bambú del Reino Unido en la que se incluyen 1.200 especies originarias de China, Japón, el Himalaya y América. En el centro de este jardín, se ubica la Casa Minka, una granja tradicional japonesa donada desde la ciudad de Okazaki. Aunque la construcción más emblemática de esta área nipona es la Gran Pagoda, una estructura visible a kilómetros de distancia, de base octogonal y con una altura de 50 metros, que imita a la arquitectura China del periodo Taa y cuyos ángulos del tejado estaban adornados por 80 enormes dragones, recubiertos por finos cristales multicolor hasta mediados del XIX. Completando la zona japonesa, se encuentra el Chokushi-Mon, o Pasaje Imperial Japonés, una réplica de la entrada del Templo Nishi Hongan-ji en Kioto, rodeada por tres áreas que simulan el paisaje nipón tradicional: el Jardín de la Paz, el Jardín de la Harmonía y el Jardín de la Actividad.

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Pero, sin lugar a dudas, los lugares más interesantes de los Jardines Kew son sus invernaderos. Uno de los más icónicos es la Palm House, de corte victoriano en el que se han inducido diferentes microclimas tropicales. En su interior crece una colección de plantas originarias de la selva tropical -como cacao, café, palma, caña de azúcar o palmeras- y otras especies en peligro de extinción. En el centro del edificio llama la atención una bella escultura de Hércules, así como la entrada cercada por los “Animales de la Reina”, una fila de diez estatuas de animales con escudos heráldicos. Resulta imprescindible también adentrarse en el Temperate House, el invernadero de estilo victoriano más grande del mundo. Duplicando en tamaño al Palm House, se establece como el hogar de una reconocida colección de plantas de zonas templadas de todo el globo, incluidas algunas de las más raras y amenazadas. Asimismo, uno de los lugares favoritos de los visitantes es el magnífico invernadero de la Princesa de Gales, el cual alberga plantas de diez zonas climáticas diferentes, entre las que se incluyen cactus, orquídeas, plantas carnívoras y el raro Titan arum, una flor gigantesca que desprende uno de los aromas más desagradables del reino vegetal.

De vuelta al clima y la biodiversidad occidental, la Davies Alpine House recoge especies alpinas de todo el planeta que sobreviven gracias a unas cuidadas condiciones ambientales frescas y secas. Asimismo, es muy recomendable el paseo de los pintorescos Great Broad Walk Borders en verano, pues sus más de 30.000 plantas ofrecen texturas y colores muy llamativos en los meses más calurosos. 

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El Palacio de Kew merece una mención especial pues es el edificio más antiguo de los jardines y fue usado por el rey Jorge III como residencia de verano. En la actualidad, se ha constituido como un ejemplo perfecto de la época georgiana. A continuación, se ubica el Kitchen Garden, utilizado como huerto personal de Jorge III, sigue siendo un espacio de cultivo de hortalizas y frutas de temporada.  

Los apacibles paseos entre hileras de plantas se pueden combinar con las múltiples atracciones que ofrece el recinto, siendo las más populares son el Treetop Walkway - un impresionante paseo a 18 metros sobre el suelo, por encima de las copas de los árboles- o La Colmena - una experiencia multisensorial diseñada para vivir en primera persona la ardua labor de las abejas, configurada en una estructura de 17 metros de altura sobre un prado de flores silvestres-.