El paseo marítimo más glamuroso de la Riviera francesa son 7 kilómetros de sillas azules frente al Mediterráneo: grandes hoteles de la Belle Époque, hileras de palmeras y la luz que enamoró a Matisse y Chagall
Su historia comenzó con los viajeros británicos que buscaban un clima más suave y hoy sigue reflejando el esplendor de la Belle Époque frente al Mediterráneo.

Su historia comenzó con los viajeros británicos que buscaban un clima más suave / Istock / t
Las famosas sillas azules siempre están orientadas hacia el mar. Da igual la estación del año o la hora del día a la que vayas: basta con que te sientes unos minutos para que notes por qué este paseo lleva más de un siglo formando parte de la imagen de la Riviera francesa. Tómate tu tiempo para disfrutar de las vistas a un lado de las playas y, al otro, las fachadas históricas, las palmeras y los hoteles que recuerdan la época en la que la aristocracia europea convirtió esta costa en su refugio de invierno.

El paseo convirtió a la ciudad en el gran escaparate de la Riviera francesa / Istock / R
Ese escenario corresponde a la Promenade des Anglais (o Paseo de los Ingleses), el gran símbolo de Niza que empezó a tomar forma gracias a los viajeros británicos que buscaban escapar de los inviernos del norte de Europa y encontraron junto al Mediterráneo un clima mucho más agradable. Sus casi 7 kilómetros junto a la Baie des Anges resumen buena parte de la historia de la ciudad, desde la llegada de estos primeros viajeros hasta el auge de la Belle Époque y la atracción que ejerció sobre artistas fascinados por la luz del sur de Francia.

Sara Fernández García
Un paseo que nació gracias a los visitantes británicos
Como comentábamos, la Promenade des Anglais debe su nombre a la comunidad británica que empezó a instalarse en Niza entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. El clima mucho más amable convirtió la ciudad en un destino muy apreciado durante el invierno, y fueron precisamente estos visitantes quienes promovieron la construcción de un camino junto al mar para facilitar los paseos frente a la bahía.

Este paseo lleva más de un siglo formando parte de la imagen de la Riviera francesa / Istock / Elena Elisseeva
Como podrás imaginar, aquella primera avenida no era tan espectacular como la que puedes recorrer hoy. Era mucho más modesta que la actual, pero el crecimiento de Niza hizo que fuera ampliándose hasta lo que vemos ahora.
La importancia histórica de este frente marítimo quedó reconocida en 2021, cuando la UNESCO incluyó a Niza en la Lista del Patrimonio Mundial bajo la denominación de "Niza, ciudad balnearia de invierno de la Riviera", destacando precisamente el desarrollo urbano ligado al turismo invernal internacional.

La UNESCO incluyó a Niza en la Lista del Patrimonio Mundial / Istock / 5
La transformación de Niza en un destino internacional dejó una profunda huella en la arquitectura de la Promenade des Anglais. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX comenzaron a levantarse hoteles destinados a una clientela que pasaba largas temporadas en la Costa Azul, atraída por el clima y por el creciente prestigio de la ciudad.
El más conocido es el Hotel Negresco, inaugurado en 1913. Su característica cúpula de color rosa y su fachada blanca forman parte del paisaje del paseo desde hace más de un siglo y lo han convertido en uno de los edificios más fotografiados de Niza.

Las famosas sillas azules repartidas a lo largo de la Promenade des Anglais / Istock / neirfy@
Las grandes protagonistas, con permiso del mar, son las tan identificables sillas azules repartidas a lo largo del paseo. Como están colocadas siempre frente al Mediterráneo, es imposible resistirse a sentarse tras un largo paseo (andando o en bicicleta, otra muy buena opción de recorrerlo) y contemplar la Baie des Anges.
Su diseño ha ido evolucionando con el paso del tiempo, aunque mantienen el mismo color azul que las ha convertido en uno de los símbolos de Niza y por ello aparecen en postales, carteles y souvenirs de la ciudad.
La luz del Mediterráneo que conquistó a Matisse y Chagall
Henri Matisse encontró en Niza una fuente constante de inspiración. El pintor llegó por primera vez a la ciudad en 1917 y quedó cautivado por la luminosidad del Mediterráneo, una cualidad que marcaría buena parte de sus obras. Pasó largas temporadas en Niza y hoy la ciudad conserva un museo dedicado a su obra.
Marc Chagall también mantuvo una estrecha relación con la Costa Azul. Aunque vivió principalmente en Saint-Paul-de-Vence, muy cerca de Niza, el museo nacional que reúne la mayor colección pública de sus pinturas inspiradas en los mensajes bíblicos se encuentra precisamente en la ciudad.
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