Un paseo por el Gran Museo Egipcio: el lugar que atesora toda la historia del Antiguo Egipto

En El Cairo y sus alrededores se encuentra una de las primeras civilizaciones de la historia, la que dio forma al mundo que conocemos. Volvemos a este enclave ante la próxima apertura del Gran Museo Egipcio.

Un paseo por la historia de Egipto, a través de su impresionante nuevo museo.
Un paseo por la historia de Egipto, a través de su impresionante nuevo museo. / Istock

Las pirámides

Cuando las pirámides eran nuevas, alguna vez lo fueron, el mundo era una aldea. Y la mayoría de ciudades que conocemos no estaban en el mapa. Así de viejas son. Más de cuatro mil quinientos años. Las pirámides tienen forma homónima, tendencia hacia el cielo, a pincharlo, y misterios y tumbas. 100.000 hombres y muchos años, ningún marciano hizo falta para levantarlas. 30 años, dice el egiptólogo que me acompaña, durante cuatro meses al año, durante la temporada de crecida del río, cuando no se podía cultivar la tierra. Esto es, unos 10 años de trabajo para construir una pirámide: la obra que llevaron a cabo algunos faraones durante su existencia para asegurarse la vida después de la muerte.

Pirámides de Egipto.

Pirámides de Egipto.

/ Istock / sculpies

Ahí mismo termina —o empieza— el gran desierto del Sáhara —terreno arenoso y solitario—, en las faldas de las tumbas de Keops, Kefrén y Micerino (abuelo, hijo y nieto), y ahí mismo empieza —o termina— la ciudad más grande del mundo árabe, El Cairo, que tiene 15-20-30 millones de habitantes, según a quién preguntes, según dónde pongas el límite. La bruma del desierto, el sol en llamas, los camellos rumiando el aire caliente y el último remanente en pie de las Siete maravillas del mundo antiguo luciendo su totipotencia (solo la pirámide principal, la de Keops, era parte de las Siete maravillas del mundo antiguo). Qué orgullosas, solemnes, simétricas son las pirámides, que de la base a la cima tienen 147 metros, 144 y 66, respectivamente.

Redacción Viajar

Después de caminar alrededor de la de Keops, y bajar a una pirámide menor, la que sirvió de sepultura a su madre, por un túnel angosto y húmedo como si te sumergieses en las aguas del Nilo, nos dirigimos a conocer la esfinge, la vetusta guardiana de estas maravillas. Hay cosas que ya están dichas, y no hay forma de decirlas mejor, esto escribió Mark Twain, viajero irredento, cuando se puso frente a frente con la esfinge (en su libro Guía para viajeros inocentes): “Después de años de espera, por fin la tenía ante mí. Ese gran rostro estaba tan triste, tan serio, tan anhelante, tan paciente. Había una dignidad en su semblante que no era de este mundo, y en su faz una benignidad que nunca adornó ninguna faz humana. Era de piedra, pero parecía sensible. Si alguna vez una imagen de piedra pensó, esta estaba pensando”. Y sí que parecía pensar la esfinge, mirando a un horizonte indeterminado, testificando estos últimos cinco mil años de historia, posiblemente cansada, agotada de tantos visitantes.

La Gran Esfinge, con las Pirámides de Egipto.

La Gran Esfinge, con las Pirámides de Egipto.

/ Istock

Se esculpió sobre un único —y enorme— bloque de piedra. Y recuerda a lo que dijo Miguel Ángel después de esculpir la Piedad: “La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo, únicamente, he debido eliminar el mármol que le sobraba”. La Esfinge de Guiza, construida durante el reinado de Kefrén, y que ahora carece de barba y nariz, es un trabajo extremadamente minucioso y técnico.

La apertura del Gran Museo Egipcio

La pregunta más habitual: “¿cuándo abre el museo?”. Nadie sabe, nadie dice cuándo se abrirá oficialmente el Gran Museo Egipcio. Eso sí, todo parece indicar que será en el último trimestre del año. Lo que sí es seguro es que se convertirá en el museo más grande del mundo: 46 metros de alto, 400 metros de largo. Más grande que el Louvre, que ocupa la primera posición. El museo es faraónico, monumental, colmado de evocaciones y formas piramidales, triangulares. El museo albergará, exclusivamente, piezas y artefactos de la historia de la civilización egipcia, la que durante más de treinta siglos forjó las bases del pensamiento, la escritura, el calendario, la medicina, la astronomía, las matemáticas o la arquitectura. Podríamos decir que Egipto “educó” a Grecia, esta a Roma y Roma, al resto del mundo (nuestro mundo occidental, al menos).

Entrada al Gran Museo Egipcio.

Entrada al Gran Museo Egipcio.

/ CHINE NOUVELLE/SIPA/Shutterstock

En el hall del museo, una estatua del faraón egipcio más icónico, Ramsés II, se eleva hasta los 13 metros. 83 toneladas de piedra recaen sobre sus pies. Su pie izquierdo adelantado: no sabemos si era para dar balance a la estatua o para hacer referencia a una marcha militar o para señalar el lado del corazón. Ramsés II caminó estas tierras 19 siglos antes de Cristo, y fue coetáneo de la conocida historia bíblica de Moisés. Tuvo 200 hijos con 40 mujeres. Su predilecta: Nefertari, una mujer nubia de ojos claros y piel oscura, que tuvo una relevancia política y religiosa que no se volvió a ver en la orilla occidental del Nilo hasta tiempos de Cleopatra. Ramsés II presume de una doble corona: la del Alto y el Bajo Egipto, los dos reinos unificados alrededor del año 3000 a. C. También un pañuelo ceremonial, o nemes (la tela de franjas negras y amarillas que hemos visto en muchas películas). En la frente, el ureo: la imagen de la cobra y el buitre, diosas protectoras de la realeza. Su cuerpo, desnudo y musculoso, salvo su cintura, que viste un shenti, una especie de falda corta. Y, por último, su rostro, firme y confiado, que esboza una media sonrisa. La arquitectura del museo, que ha dejado una apertura en su pared principal, permitirá que el sol entre e ilumine la cara de Ramsés II en dos fechas importantes, su nacimiento, el 22 de febrero, y su coronación, el 22 de octubre.

Estatua de Ramses II en el Hall del Gran Museo Egipcio.

Estatua de Ramses II en el Hall del Gran Museo Egipcio.

/ Getty Images / Sayed Hassan

La vista de las pirámides desde el museo es totalizante. Por eso hay gente que lo llama “la cuarta pirámide”. Quizá también por lo lento de su construcción y apertura. El Gran Museo Egipcio tiene 500.000 metros cuadrados, y tendrá joyas como la barca funeraria de Keops o las casi 6.000 piezas del tesoro de Tutankamón. Pero hasta que se puedan conocer todas sus salas y secretos, el Museo Egipcio, en la plaza de Tahrir, en el centro de El Cairo, sigue siendo el mejor lugar para aprender de la historia de Egipto.

El Museo Egipcio

El Museo Egipcio funciona a pleno rendimiento, desde 1902. Lo visitan más de dos millones y medio de personas cada año. Tiene 120.000 artefactos y si te detuvieses un minuto delante de cada pieza, tardarías en salir del museo nueve meses.

Así es el mayor museo egipcio de todos los tiempos.

Así es el mayor museo egipcio de todos los tiempos.

/ Getty Images / Anadolu

Una visita al museo o unos cuantos párrafos en una revista no es suficiente ni siquiera para empezar a empezar a entender: cómo entender 5.000 años de historia, 30 dinastías, más de 300 faraones, guerras, hambrunas, inundaciones, mitos, creencias. De la mano de mi acompañante, el egiptólogo, durante varias horas, procuro saborear algunas partes. Aquí unas notas de asuntos relevantes o llamativos que se aprenden en el museo:

  1. No mataban a la persona que diseñaba las pirámides para que con él muriera el secreto de acceso y nadie pudiera entrar. Es un mito. Un buen mito, pero nada más que eso.
  2. La palabra sarcófago significa “el que se come la carne”, se entiende que el ataúd es la boca y que se come el cuerpo del difunto.
  3. Leer jeroglíficos es muy complicado. Saber hacia qué lado se tienen que leer (se pueden leer hacia izquierda y hacia derecha) no tanto: según hacia qué lado miren los pájaros inscritos, se leerá el jeroglífico.
  4. Isis es la diosa del amor y la belleza, a diferencia de nuestro imaginario actual.
  5. En las imágenes, los hombres suelen aparecer con la piel pintada de rojo, porque trabajaban en el exterior. Las mujeres, de blanco, por trabajar en el interior.
  6. Los escribas, apunten, eran muy respetados en el Antiguo Egipto.
  7. El estándar de belleza era parecido al actual: a los faraones les representaban fuertes y musculosos. A los granjeros, con barriga y cuerpos normales. Posiblemente hacían más trabajo físico los segundos.
  8. El mito de Osiris: Seth asesinó a Osiris, su hermano. Isis, esposa de Osiris, reunió los restos y lo revivió brevemente, lo que permitió que Osiris e Isis concibieran a Horus, quien más tarde se vengó asesinando a Seth. Arquetipos muy representados en nuestra cultura popular: en El rey león, por ejemplo, que a su vez viene del príncipe danés shakesperiano Hamlet.
  9. Tutankamón fue faraón desde los nueve años, murió con dieciocho.
  10. Fue un trabajador de 12 años el que encontró la tumba de Tutankamón, fue por accidente: llevaba una jarra y se torció el tobillo, el agua cayó y reveló uno de los peldaños de la tumba.
  11. El último de los cuatro ataúdes en los que estaba enterrado Tutankamón estaba hecho con 111 kilos de oro. La famosa máscara que llevaba eran once kilos de oro.
  12. Anubis es el dios de la momificación y protector de las tumbas. Es representado con un chacal porque estos vivían en los cementerios y se comían a los muertos.
  13. El proceso de momificación dura 70 días. Hacían un agujero de nueve centímetros en el abdomen para sacar los órganos. Dejaban el corazón y los riñones. También sacaban el cerebro, por la nariz, y los ojos.
  14. Al morir se enfrentaban al Juicio del alma, el juez era Osiris: si el corazón pesaba menos que una pluma, se salvarían y vivirían eternamente en los Campos de Arau, el paraíso. Si pesaba más, eran arrojados al devorador de muertos: un ser espeluznante con cabeza de cocodrilo, patas traseras de hipopótamo y melena y torso de león.
Sacrófagos en el Gran Museo Egipcio.

Sacrófagos en el Gran Museo Egipcio.

/ Getty Images / Anadolu

El Cairo

Pirámides y museos se enmarcan en esta ciudad desbordante. Para conocerla, quizá, mejor alejarse. Desde la Ciudadela de Saladino, en las alturas de un cerro al noreste, se ve la ciudad, desde arriba, no se ve más que ciudad. Terrosa. Y minaretes. “La ciudad de los mil minaretes”, la llaman. Y torres modernas, rascando el cielo. Y se escuchan cláxones, bocinazos continuos, que saludan, que anuncian, que se abren camino. Y brilla el sol, poderoso. Una sensación fuerte, de intensidad, de estar vivo, de estar perdido dentro de algo grande, muy grande. El Cairo es color tierra, sus edificios del color de la arena del desierto, de un desierto que crece desordenado. Y ahí en medio, los 15-20-30 millones de cairotas, sumamente amables, los que me tocaron: ordenados en sus rezos, alejados del alcohol, muy fumadores. Un país que no se anestesia con licor y que reza —y mira para adentro— cinco veces al día. Un país con futuro, diría, y con mucho mucho pasado.

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