De paseo por Estella-Lizarra

Monumental y medieval, esta ciudad navarra es parada obligada del Camino de Santiago francés y conserva la huella de un rico pasado y un enorme patrimonio artístico. Recorremos sus calles admirando los magníficos ejemplos de románico y gótico, fruto de todas las influencias que llegaron de Europa.

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Foto: Foto Lizarra

A escasos 40 kilómetros de Pamplona, junto a un meandro del río Ega que parte la ciudad por la mitad, se alza Estella-Lizarra, pétrea y llena de historia. Fue fundada por el rey Sancho Ramírez de Aragón en 1090 para dar posada a las personas peregrinas que caminaban rumbo a Compostela y, convertida en paso obligado de la ruta jacobea más importantes desde la Edad Media, Estella-Lizarra creció como una ciudad floreciente. Supo aprovechar toda la riqueza cultural y comercial del Camino de Santiago y hoy puede presumir de un importante patrimonio con influencias de diferentes estilos, como el gótico, el barroco y, sobre todo, el románico.

Foto Lizarra

Estella la bella

Así se la conocía en el siglo XV y hoy sigue haciendo honor a aquel nombre, gracias a un teso- ro artístico que incluye iglesias, conventos, puentes y hermosos palacios. Adentrarse en su casco histórico y caminar por su vieja judería –que fue una de las más importantes del antiguo Reino de Navarra–, es emprender un viaje al pasado. Podemos empezar en la Plaza de San Martín, con su fuente renacentista y la gran escalinata que sube a la iglesia de San Pedro de la Rúa, con su imponente claustro románico, uno de los conjuntos de mayor riqueza escultórica del románico navarro. También en esta plaza se encuentra el Palacio de los Reyes de Navarra, la mejor muestra del románico civil de Navarra. Continuando el paseo por la Calle de la Rúa vemos el palacio que alberga la Casa de Cultura Fray Diego de Estella, de estilo plateresco o el Palacio del Gobernador, que acoge el Museo del Carlismo. Otra visita obligada es la iglesia del Santo Sepulcro, una de las obras maestras del gótico navarro.

Regreso al medievo

Al otro lado del río, recorremos la calle mayor flanqueada de tiendas tradicionales, que mantienen vivo su carácter de villa comercial. Y, si cualquier época es buena para conocer Estella-Lizarra, en la tercera semana de julio, la visita será inolvidable. Durante esos días se celebra su tradicional Semana Medieval en la que los mercados y la ambientación inundan los comercios y las calles donde salen al encuentro pasacalles, música, teatro callejero y otras actividades.

D.R.

El paseo nos llevará a la bella Plaza de los Fueros, rodeada bares, terrazas y restaurantes en los que disfrutar sin prisas de la gastronomía de esta tierra: los célebres espárragos con Denominación de Origen, pero también las legumbres (sobre todo las pochas) y menestras con alcachofas, borraja y cardo, son un primer plato obligado. Y, después, cordero al chilindrón o gorrín al horno de leña. ¡Una escapada deliciosa!