Cuando paseemos por Varsovia… a ritmo de Chopin

Varsovia sorprende como una ciudad palpitante, vanguardista en su desafiante arquitectura, todo bajo el son de la música del gran Frédéric Chopin.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

Una ciudad desolada, borrada del mapa. Eso era Varsovia, el París de la Europa Central en los años 20 y 30 del siglo XX, tras la II Guerra Mundial. Pero la capital polaca renació, sus ciudadanos la rescataron de sus cenizas y reconstruyeron su bellísimo casco antiguo, que hoy, siendo una copia exacta, sigue admirando a los visitantes. Los varsovianos recogieron piedra a piedra los restos de su hermosa ciudad y, valiéndose de postales, fotografías y, también, de los cuadros de Canaletto que hoy se pueden ver en su Castillo Real, devolvieron la vida a una ciudad que en este siglo XXI transmite una imagen moderna, con atrevidas propuestas arquitectónicas y una intensa vida cultural y de ocio.

Terraza sobre el río Vístula. | Eduardo Grund

Hasta hace solo unos años, el Palacio de la Cultura y de la Ciencia era considerado el icono de Varsovia, pese a su sello socialista. Impresionaban, por ejemplo, las 3.000 estancias del edificio más alto de la capital (234,5 metros) y sus vistas, pero a este regalo de Stalin y de la URSS al pueblo polaco lo escoltan hoy otros rascacielos de modernas oficinas y centros comerciales que, beneficiados por la saneada situación económica de Polonia, han crecido como la espuma, transformando el skyline varsoviano. Con la firma de Norman Foster o de otros reconocidos arquitectos como Daniel Libeskind o Helmut Jahn, las grúas se han alzado de alguna manera como las nuevas reinas de una Varsovia que casi no veía estos brazos elevados desde que su casco histórico fuera recuperado tras la Gran Guerra.

Homenaje a los caídos frente a la Tumba del Soldado Desconocido, en los Jardines Sajones. | Eduardo Grund

Fue sir Norman Foster quien puso la primera semilla y su estilo high-tech en una de las primeras construcciones modernas de Varsovia en el nuevo siglo, el Metropolitan (2003), muy cerca de la Plaza Pilsudski, donde se levanta el hermoso Gran Teatro de Varsovia, operativo desde que se estrenó El Barbero de Sevilla en 1833. Se trataba de un complejo de tiendas no muy elevado, que ahora ha tenido continuación en otro nuevo proyecto del arquitecto británico en la capital polaca.

Palacio de la Cultura y la Ciencia, iluminado al anochecer. | Eduardo Grund

Su nombre es la Varso Tower, se eleva 310 metros hacia el cielo varsoviano y está previsto que se inaugure a finales del próximo verano, por lo que se convertirá en el edificio más alto de la Unión Europea. Foster ha sorprendido esta vez colocando una plataforma de observación a 230 metros, que se presenta como la más grande en suelo europeo, y ha reservado espacio para un restaurante en los pisos 46 y 47, con un gran mirador que regalará las mejores panorámicas de la capital.

Mapa de Varsovia. | D.R.

ACTIVIDAD COMERCIAL

También otros gigantes, los nuevos centros comerciales, están abarrotados, sobre todo los fines de semana. Un buen ejemplo es el Zlote Tarasy, en Zlota, 59, con doscientas tiendas repartidas en cinco niveles y una propuesta única de estilistas y expertos en maquillaje, o también el Dom Handlowy Vitkac, en Bracka, 9, donde si la cartera lo permite se puede comprar un modelo de Stella McCartney o un bolso de Louis Vuitton. Algo parecido ocurre con los espacios destinados a empresas. Por ejemplo, la Torre Spire (220 m), con 100.000 metros cuadrados para oficinas, y el Warsaw Hub (130 m), con 75.000 metros cuadrados y un imponente centro de conferencias y una galería de arte al aire libre en pleno barrio de Wola, se han convertido ya en dos faros de la nueva Varsovia del siglo XXI. Solo el último ha costado un billón de zlotis polacos.

El Parque Real de Lazienki acoge los domingos conciertos gratuitos con obras de Chopin. | Eduardo Grund

Este desarrollo situado junto a la principal estación ferroviaria de Varsovia ha resucitado también la zona industrial más céntrica en la capital polaca, mejorando los espacios públicos a los vecinos, aunque no todo son alegrías en la vida de los varsovianos. La población se queja en una urbe de casi dos millones de habitantes de los constantes atascos de tráfico en una ciudad que solo cuenta con dos líneas de Metro –y la segunda de ellas sigue sin estar terminada–, de la falta de plazas de aparcamiento y, sobre todo, del eterno problema de la contaminación por el intensivo uso del carbón que tanto persiguen las autoridades comunitarias. Un nuevo problema se añade ahora por la falta de empleados en Varsovia para trabajos públicos, como el de conductor o tendero, trabajos que caen en manos de extranjeros, fundamentalmente ucranianos. “En Varsovia no tenemos crisis ahora –comenta Iza, nuestra guía– y los polacos no quieren realizar esas tareas”.

Centro histórico de Varsovia. | Eduardo Grund

'HIPSTERS' Y 'STREET ART'

Paralelamente a este fenómeno Varsovia experimenta un momento cultural y artístico efervescente. Las fábricas se han transformado en centros de ocio y de cultura, los bares hipsters se multiplican y el street art se impone en muchos barrios. Como en el de Praga, en la otra orilla del Vístula, que ha emergido con una vitalidad insospechada al no haber sido bombardeado apenas durante la Segunda Guerra Mundial y después de que Roman Polanski lo utilizara como localización de su célebre película El pianista.

El Warsaw Spire, de estilo neomoderno, es, con 220 metros, el segundo rascacielos más alto de la ciudad. | Eduardo Grund

El barrio era cutre, frío, sin apenas color, con muros grises repletos de impactos de bala, pero ahora los galeristas, los bohemios y los artistas grafiteros campan a sus anchas en Stalowa y otras calles de este viejo barrio al tiempo que los edificios intactos se reconvierten en apartamentos de lujo. Hay también en este lado del río áreas personalizadas que atraen a cientos de jóvenes, muchos de ellos a los mandos de un patinete, vehículo que hace furor en Varsovia. En esa oferta destaca el Soho Factory, una vieja fábrica de motos que da cobijo a varios talleres de artistas, boutiques de diseñadores y al curioso Museo de los Neones, con más de doscientos carteles luminosos de la época socialista. Una muestra única en Europa.

Museo de la Vida Comunista. | Eduardo Grund

Hay otra imagen de Varsovia, la clásica, que conduce irremediablemente a Frédéric Chopin. Natural de Żelazowa Wola, villa situada a 50 km de Varsovia, a los pocos meses de nacer ya estaba en la capital, donde pasó los veinte primeros años de su vida. Aquí aprendió música y modales en los salones de Varsovia, ofreció sus primeros conciertos y en la iglesia de la Santa Cruz, histórico templo de la Calle Real, descansa su corazón, que trajo su hermana Ludwika casi de forma clandestina pues los restos del músico reposan en el cementerio Pére-Lachaise, en París.

Callejuela en el casco antiguo de Varsovia. | querbeet / ISTOCK

CHOPIN, SIEMPRE PRESENTE

La casa natal del compositor en Żelazowa Wola y el museo que lleva su nombre son dos excelentes reclamos para familiarizarse con la vida y la obra del músico. En el museo, localizado en el castillo de los Ostrogski, se muestra la mayor colección de recuerdos del compositor, entre los que sobresalen su último piano, sus apuntes, listados, bocetos musicales y también su mascarilla mortuoria y el molde de sus manos. La exposición es moderna, multimedia e interactiva, y sirve para enamorarse más de la música de este genio.

Monumento a Chopin en el Parque Real de Lazienki. | Eduardo Grund

En todos estos lugares relacionados con Chopin se han instalado también bancos interactivos musicales, quince en total, que aproximan a la obra del virtuoso compositor. A los visitantes les gusta su magia pues pulsando un botón se puede escuchar alguna de sus piezas. Este original mobiliario urbano atrae a muchos seguidores de Chopin, pero no tantos como en el famoso monumento erigido en su memoria en el Parque Real de Lazienki. Después de su inauguración en 1926, fue destruido por los alemanes y reconstruido tras la guerra volviendo en 1958 a su antiguo emplazamiento, donde todavía hoy, de mayo a septiembre, se desarrollan conciertos gratuitos de su música. Tienen lugar los domingos, a las doce y a las cuatro de la tarde.

Warsaw's Royal Baths Park. | ewg3D / ISTOCK

LA CALLE REAL

En la Calle Real, muy cerca de la estatua dedicada a Nicolás Copérnico y de otros edificios históricos como la Universidad de Varsovia y el Palacio Presidencial, la iglesia de la Visitación recuerda que fue bajo sus muros donde Chopin tocaba el órgano durante las misas que se oficiaban en el templo en domingos y días festivos. Solo hay que recorrer unos metros en dirección a la ciudad vieja para sumergirse en la Plaza del Castillo. A un lado, la columna del rey Segismundo III Vasa y el Mirador, que ofrece una fascinante vista de 360 grados de todo el casco antiguo y el resto de Varsovia, y al otro, el propio castillo con sus jardines remodelados en 2019 (otra novedad más en el casco viejo), que fue residencia de los reyes de Polonia una vez que la corte se trasladó de Cracovia a la actual capital polaca.

Edificio Metropolitan, obra de Norman Foster que marcó el inicio de la vanguardia arquitectónica en Polonia. | Eduardo Grund

LA MEMORIA JUDÍA

El recuerdo judío también sigue vivo en las calles de Varsovia, aunque del gueto que albergó a más de 350.000 judíos no queda nada pues en sus terrenos se construyó una nueva zona de inspiración socialista. Sí permanece el recuerdo del lugar (Umschiagplatz) desde donde se deportaba a los judíos hasta el campo de exterminio de Trebinka, y el Monumento a los héroes del gueto (1948), que plasma, en su cara oeste, el horror de las familias que ya conocían su fatal destino (La marcha hacia el exterminio), y en la cara este, Los muertos en vida, que representan el Levantamiento del Gueto en 1943. Justo enfrente se halla el Museo Polin, inaugurado en 2004, que rescata la rica cultura y el patrimonio del pueblo judío durante mil años.

Varsovia a vista de pájaro. | holgs / ISTOCK

El edificio transmite un mensaje lleno de símbolos y significados. Los paneles de cristal de su fachada llevan inscrita la palabra hebrea Polin, con su doble significado: Polonia y Aquí descansarás. Ya el vestíbulo traza una línea de ruptura que va desde el subsuelo hasta el tejado, metáfora de la brecha que supuso el Holocausto en la historia de los judíos en un país donde hubo más de 580 guetos durante la primera mitad del siglo XX. Otro museo original que ahonda en la historia de Polonia ha estrenado sede en 2019 junto a la Plac Konstytucji, la primera gran plaza que se construyó en 1952 tras la Segunda Guerra Mundial.

Plac Konstytucji, Varsovia. | hrabar / ISTOCK

Se trata del Museo de la Vida bajo el Comunismo, un viaje en el tiempo para curiosear cómo era un apartamento típico en esa época, las tiendas con sus estanterías casi vacías, un dispensador de agua mineral callejero que quería competir contra la Coca-cola o las oficinas del Comité Central del partido. En su interior, de 260 metros cuadrados, se repasa también la historia del sindicato Solidaridad y se puede conocer la divertida historia del primer concierto de The Rolling Stones en Varsovia (1967): el famoso grupo no percibió dinero sino un vagón repleto de botellas de vodka.