Parece una galería de arte pop pero es un baño público: Así es la experiencia inmersiva y secreta de Budapest que cuesta menos de tres euros
Y tú que pensabas que los 'ruin bar' era lo más clandestino que ibas a ver en una escapada a la perla del Danubio

El lugar más curioso de Budapest tiene aspecto de galería de arte y en sus cuatro paredes alberga incluso una tienda de diseño. Dos motivos más que suficientes para pasar a echar un vistazo e irse, si no fuera porque este misterioso lugar oculta un tercer espacio, posiblemente el más inesperado y clandestino de todos.

Y es que en su planta sótano se esconde la que posiblemente es la experiencia más singular que se puede vivir en las calles de Budapest (con permiso de los ruin bar, claro está).
No es una galería, no es una tienda de diseño, ¡es un baño!
Lo que por fuera parece (solo) una galería de arte con ‘gift shop’, suma uno de los lugares públicos más interesantes que se pueden ver en la ciudad: un baño de diseño que nos lleva de viaje a un planeta de arte pop repleto de píxeles y piezas de vanguardia.

Hacer pis nunca fue tan placentero, en el sentido más artístico del término. Porque al mismo tiempo que se satisface una necesidad, se disfruta de un momento de contemplación pura y dura. Y todo por el módico precio de 1.000 florines húngaros (que al cambio son unos 2,5 euros).

Este es el artista que hay detrás del baño más interesante de Budapest
Tras cruzar el torno y bajar las escaleras en color rosa chicle, llega una experiencia inmersiva y multisensorial, con música, aromas, objetos de diseño expuestos en vitrinas, piezas que se mueven y personajes en clave píxel (desde unicornios arcoiris a cerdos voladores).

Algo así como un museo de arte contemporáneo en un escenario futurista y muy fotogénico, que tan pronto recuerda a un spa (las termas son de lo más tradicional que hay en Budapest) como a un videojuego ochentero.
Y aunque es mucha la gente que baja solo para echar un vistazo y disfrutar, como en una galería de arte, esto es en realidad un baño. Un baño de verdad. Además de lavabos y muchos espejos, cuenta con 20 cabinas con inodoro. Hasta ahí todo (casi) normal, si no fuera porque cada una de ellas está intervenida, dando como resultado obras de arte en sí mismas.

Todo el baño Pop&Roll en su conjunto es el lienzo que alberga unas cien obras de arte del artista visual húngaro Miklós Kiss, autor de los Emograms, una de sus piezas icónicas: muñecos con aspecto de peluches pop cuya cara recuerda a un emoji, con la diferencia de que los ojos son letras y símbolos de teclado. Miklos los usa de manera magistral para expresar diferentes emociones.

Los Emograns son, junto con los maniquíes decimonóninos de la época imperial (recuerdan a figuras de porcelana en tamaño humano) protagonistas de esta experiencia que sí o sí hay que visitar si se está de viaje en Budapest, la perla del Danubio.

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